Anhedonia: la gran condena de no sentir absolutamente nada

Hablamos de la anhedonia. Como indica su nombre (del griego an- ‘falta de’ y hedoné ‘placer’), implica que la persona que la sufre, simple y llanamente, está incapacitada para sentir placer por las cosas que hace. No importa cuáles sean. Ninguna de ellas le será satisfactoria.

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¿No es depresión?

En muchos de los casos se la confunde con una depresión aguda, de esas que surgen tras situaciones traumáticas severas donde se pierde la alegría de vivir.

La verdad es que los médicos las han asociado, pues se parecen mucho y la ausencia de placer es un síntoma de la depresión, pero incluso la persona más deprimida suele tener algún breve momento en el que disfruta de algo y, de hecho, lo agradece enormemente.

Con la anhedonia esto no ocurre. De hecho, debido a esto, las estadísticas muestran que las tendencias al suicidio son mayores.

La causa, aparentemente, está en el cerebro, pues es ahí donde se produce la liberación de dopamina, que es la responsable de sentir felicidad ante ciertos estímulos.

En las personas con esta condición, algo (presumiblemente la serotonina) bloquea la dopamina, dejándoles en un estado de “frialdad” ante cualquier estímulo que busque levantarle el ánimo.

¿Un callejón sin salida?

Además de rara, esta enfermedad aún no tiene una cura precisa, ni siquiera la posibilidad de para mitigar sus efectos. Quienes han hecho esfuerzos por erradicarla prácticamente utilizan los mismos métodos para tratar la depresión. Con todo, los resultados suelen ser peores para el paciente.

A medio plazo no se espera que mejore esta situación. Es algo que ocurre con muchas enfermedades raras o poco comunes, pero nadie descarta que las investigaciones que se lleven a cabo iluminen alguna respuesta en el futuro. De esto, por fortuna, también tenemos casos memorables en la medicina moderna.

El maquillaje en diferentes civilizaciones y épocas

El maquillaje en Egipto

En el antiguo Egipto, los hombres y mujeres daban mucha importancia al aseo personal. Los egipcios se rasuraban la cabeza por motivos higiénicos, por el calor o por motivos religiosos. Se depilaban el vello superfluo y preparaban aceites y cremas con diferentes plantas.

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Además de la higiene, dedicaban mucho tiempo al maquillaje: se pintaban los labios con antimonio, se maquillaban los ojos de color azul –que obtenían pulverizando piedras minerales–, se exageraban las ceja, se perfilaban el ojo con forma de pez utilizando kohl y se pintaban las uñas de manos y pies de colores brillantes, sobre todo purpura. Los faraones eran los únicos que tenían el privilegio de llevar una barba postiza.

En diversas excavaciones se han encontrado numerosos objetos que utilizaban para maquillarse, muchos de los cuales pueden verse el museo del Louvre.

El maquillaje en Grecia

Grecia fue heredera de los cuidados estéticos de Egipto y, posteriormente, estas costumbres se introdujeron en Europa.

El buen estado físico era fundamental para los griegos; tanto mujeres como hombres dedicaban horas al baño, al masaje y al ejercicio. Los hombres se rizaban la barba y el cabello y se depilaban las piernas.

En las mujeres se valoraba una piel muy blanca, para ello comían gran cantidad de cominos y se blanqueaban la piel con albayalde y ceras. Los ojos, al igual que los egipcios, de perfilaban con kohl, se maquillaban los ojos con azul y negro y los labios y mejillas con un rojo vino. Se depilaban el cuerpo con pomada y se teñían los cabellos, que casi siempre llevaban rizados y sueltos.

El maquillaje en Israel 

Debido al tiempo que convivieron con los egipcios, los israelitas adquirieron gran influencia estética de ellod. A pesar de las reglas estrictas de este pueblo, las mujeres  utilizaban aceites de recetas egipcias, emplearon el kohl para los ojos y, para dar color a las mejillas, el alheña. El cabello lo lucían trenzado y cubierto por un velo.

El maquillaje en Mesopotamia

En Mesopotamia tenía mucha importancia el cabello y la moda. Los hombres se rizaban la barba y el cabello dejando tirabuzones en las puntas, la abundancia de cabello en los hombres representaba valor y fuerza.

Las cejas se teñían de negro y usaban colorete en la cara de colorete. También empleaban polvo de oro para pulverizar la barba y el cabello. Las mujeres llevaban el pelo rizado y suelto y utilizaban lapislázuli en los ojos.

El maquillaje en Roma

Los romanos adquirieron las costumbres estéticas de Grecia y Egipto. Las mujeres romanas pudientes dedicaban largas horas a baños, masajes y peinados, siendo algunos muy laboriosos. Todo ello lo realizaban sus esclavas.

Durante un tiempo hizo furor el pelo tintado de rubio, también estuvo de moda unir las cejas, para lo que machacaban huevos de hormigas y moscas. Elaboraban pestañas postizas, se blanqueaban el rostro con una mezcla de harina de habas y yeso,  utilizaban kohl y antimonio para las cejas y las mejillas las maquillaban de rojo vivo.

El maquillaje en Bizancio

Las mujeres bizantinas cuidaban mucho su cutis. Utilizaban cosméticos preparados con grasa animal y mirra, abrían los poros con paños calientes y hacían mascarillas de barro. La tez era blanca y destacaban los labios muy rojos.

El maquillaje en Arabia

Esta gran desconocida en el continente europeo tuvo una enorme influencia en la Edad Media.

La mujer recluida en el aren empleaba largas horas a embellecerse y cuidaba su cuerpo con aceites, baños y masajes. Se tapaba la cara con un velo y el cabello con sedas, se adornaba con piedras preciosas, utilizaba para los ojos kohl y se maquillaba la cara y las manos.

El maquillaje en la Edad Media

En la Edad Media se consideraba el cuidado personal indigno y ofensivo. Se tapaban la cabeza con un tocado y llevaban el cabello con trenzados que eran verdaderas obras de arte.

El maquillaje en el Renacimiento

En esta época se cambió la forma de peinar, vestir y adornarse. La cosmética se benefició de la alquimia. Para disimular el mal olor debido a la poca higiene utilizaban mucho perfume.

Se puso de moda que la mujer se tiñera el pelo de rubio empleando múltiples recetas para obtener el conocido rubio veneciano. Las cejas se dejaban muy finas y arqueadas y a veces se las depilaban totalmente. Se aplicaban el kohl en los ojos y se daban colorete rojo granadino.

El maquillaje en los siglos XVII y XVIII

Se dio mucha importancia a la moda, que la marcaba la corte. La cosmética estaba en su mayor apogeo y, a finales de siglo XVII, los hombres empezaron a llevar peluca.

En el siglo XVIII, las mujeres llevaban postizos de gran tamaño con tirabuzones y rizos y se seguía combatiendo el mal olor con perfumes.

El hombre se maquillaba tanto como la mujer, se emblanquecían la cara con harina o polvo de arroz, los parparos se maquillaban de azul o verde, los labios en forma de corazón, de rojo intenso, y se pintaban lunares o se los ponían pegados (algunos eran de terciopelo).

El maquillaje en el siglo XIX

La moda, a diferencia de los siglos anteriores, ya no la marcaba la corte, sino la burguesía. Se llevaba la imagen de parecer una mujer enfermiza: se marcaban las orejas de azul, las mejillas de rosa pálido y los labios de carmesí. Asimismo, se tomaba vinagre y limón para dar aspecto de enfermo.

El maquillaje en el siglo XX

En el siglo XX la mujer se libera y empieza a trabajar y a participar en eventos deportivos. La cosmética ofrece gran variedad de productos de maquillaje y de peluquería. Los medios de comunicación, publicidad, televisión, cine y teatro marcan los ideales de belleza de esta época.

En los años 20 destacan los cortes de pelo a lo garzón, los ojos maquillados de negro, el cutis claro y los labios rojos.

En la década de los 40, los maquillajes son de fondo claro, las cejas muy depiladas, los ojos exagerados y los labios, sobrepasando la comisura, se pintan de rojo intenso.

En la llamada década prodigiosa de los 60 se llevan las cejas finas, los ojos azules, los labios rojo oscuro y el pelo en media melena.

En los 80 se imponen los vaqueros para vestir, el peinado sin complicaciones, fácil de peinar, y el maquillaje natural poco cargado. Tanto la moda como el maquillaje van variando según la ocasión.

El maquillaje en el siglo XXI

Ya en el siglo XXI, la moda es muy competitiva. Los estilos se establecen según el rostro o la ocasión, hay gran grupo de personas que no se maquillan y otras que lo hacen solo en ocasiones especiales. La moda evoluciona, creando colecciones de épocas anteriores.

El maquillaje tiene como objetivo que tanto el hombre como la mujer se vean mejor, más atractivos, más jóvenes, resaltando su belleza natural.

Según la ocasión o el momento, se requiere un tipo u otro de maquillaje acorde con el estilo de la vestimenta y del estado de ánimo.

Estas son las enfermedades más raras del mundo

¿Acaso hay algo peor que estar enfermo? En realidad sí, estar enfermo de una enfermedad rara, de esas difíciles de comprender y de tratar incluso para el especialista de turno.

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Estas son las enfermedades más anómalas que hasta el momento ha podido registrar la ciencia:

Ictiosis arlequín

Es una enfermedad de orden genético en la cual la persona nace con unas escamas muy grandes y gruesas que le cubren todo el cuerpo. De hecho, se le llama arlequín porque se asemeja bastante los trajes que utilizan los arlequines.

No conforme con esto, los bebés que nacen con esta condición tienen los párpados al revés, lo que les da un aspecto terrorífico: parece que tienen los ojos rojos, pero en realidad son los párpados que están hinchados.

Las personas que padecen ictiosis arlequín sufren de trastornos a nivel respiratorio y tienen dificultad para alimentarse, por lo que, en la mayoría de los casos, no sobreviven.

Ectrodactilia

Los que padecen ectrodactilia tienen el problema de nacer con una deformidad en las extremidades: por lo general los dedos, o algunas partes ellos, les faltan.

Esto genera la impresión de tener pinzas de langostas en vez de pies o manos normales.

Enfermedad de Munchmeyer

También conocida como Fibrodisplasia Osificante Progresiva (FOP) o miositis osificante.

Provoca que algunos de los tejidos que deben ser blandos por naturaleza se osifiquen. Eso se debe, según los científicos, a la activación de un gen mutado que hace que se forme hueso en músculos, tendones, ligamentos, etc.

El caso más conocido fue el de Harry Raymon Eastlack, quien llegó a sufrir en todo su cuerpo esta osificación, salvo en los labios. Antes de morir quiso donar su cuerpo a la ciencia para que los investigadores pudieran dar con una respuesta que aliviara a personas con su misma condición.

Hermafroditismo

Esto ocurre cuando dos cigotos se funden en el vientre de la madre. Al nacer, se tiene como resultado unos genitales masculinos y femeninos más o menos desarrollados.

Esto no implica que la persona pueda ovular y producir espermatozoides al mismo tiempo. En los pocos casos que se han visto en el mundo siempre uno de los dos genitales está más desarrollado que el otro.

Esto es lo que les ha dado pie a los científicos a explicar que, en términos teóricos, no se podría hablar de personas hermafroditas, sino intersexuales.

Hipertricosis

También conocido como “síndrome del hombre lobo”, es una enfermedad muy rara y poco frecuente.

Es también una mutación genética que provoca que la persona que lo padece esté completamente cubierta de pelo lanugo por todo su cuerpo, incluso en las palmas de las manos y de los pies. Por desgracia, es hereditario.

Cómo la contaminación del aire está perjudicando al mar

Todos conocemos las bondades y misterios que encierra el mar. Símbolo de lo profundo, lo oculto y lo misterioso del mundo, es también uno de los grandes limpiadores que tenemos en nuestro planeta.

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Y no solo como vertedero, como usualmente se le da empleo en las sociedades industrializadas. De hecho, cuando eso ocurre, también hay un proceso de limpieza, pero no hablaremos de eso hoy, sino de algo mucho menos visible, como lo que ocurre con el calentamiento global.

Una gran esponja

En el mundo se están produciendo enormes cantidades de dióxido de carbono que son en parte responsables del llamado “efecto invernadero”. Y sin la ayuda del mar ese proceso sin duda sería mucho más acentuado hoy en día.

Los estudios han descubierto que el océano absorbe alrededor del 30% del CO2 que estamos produciendo al menos desde el siglo XX. Estamos hablando de unos dos mil millones de toneladas anuales.

La verdad es que a los ojos de muchos parece un trabajo mecánico, pero no por ello menos noble cuando nos damos cuenta de lo que implica: una gran cuota de sacrificio de su propio ecosistema.

Una destrucción lenta, pero segura

La comunidad científica no le ha prestado mucha atención a la cantidad abismal de carbono que absorbe el océano, muchos científicos no están convencidos de que a medio plazo se quede sin capacidad de adquirir estos gases.

Lo que sí les preocupa es lo que pasa allí dentro cuando estos gases son absorbidos por el agua. Aunque el fenómeno ocurre con una lentitud difícil de captar para el ojo humano, poco a poco se van mostrando sus resultados.

Mayor nivel de ácido

Uno de ellos tiene que ver con la acidez del océano. Poniéndolo simple, a mayor presencia de dióxido de carbono en el agua, más ácida es. Y, por supuesto, los organismos que viven en ella tienen más posibilidades de morir, y de hecho ya están muriendo debido a esta situación.

Menor cantidad de oxígeno

Como se sabe, cuando el mar absorbe el carbono, se trae con él el calor, y cuando este está presente, sencillamente hay menos oxígeno. ¿Resultado? Muchas especies marítimas empezarán a morir, pues no tendrán cómo respirar.

Un futuro apocalíptico

Por ello muchas personas ya han comenzado a crearse su película futurista para responder a la pregunta de qué pasaría si llegamos al punto de no retorno, si el océano ya no pudiera absorber más gases.

En ese caso, se cree que habría una capa superficial en el mar que haría imposible que las corrientes frías del mar salieran, quedándose en las profundidades, pues el carbono no podría llegar tan abajo.

Con esto, el proceso de recalentamiento se aceleraría y, con él, podría llegar el fin de lo que conocemos como planeta.

Los mejores carteros de la literatura universal

En el año 1982 Camilo José Cela recibió el título de “Cartero Honorario”, lo hizo con el uniforme propio del oficio. La condecoración fue el broche más que merecido a los continuos guiños que hizo a la profesión a lo largo de su carrera literaria.

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Con posterioridad han recibido esta distinción Ramón Carande (1985), Antonio Mingote (1998), Sofía de Grecia (2013) y José María Cruz Novillo (2019). El título permite al premiado utilizar el uniforme del cuerpo de correos –eso sí sin sueldo– y el privilegio de disponer de una franquicia postal con matasellos propio.

Del cartero del zar al más apocalíptico

El cartero por antonomasia de la literatura es, sin duda, Miguel Strogoff, el infatigable correo del zar, al que dio vida Julio Verne (1828-1905) en 1876. ¿Quién no ha viajado con él, en plena invasión tártara, los más de cinco mil kilómetros que separan Moscú de Iskutsk?

La providencia, y el autor francés, claro está, quiso que Miguel no lo hiciese solo, una joven de origen livoniano –Nadia Fedor– se convirtió en su inesperada compañera de viaje.

Año 2013. Un futuro distópico en el que la guerra nuclear ha reducido a grupos aislados a los seres humanos. No hay leyes ni autopistas, ni siquiera señales que permitan atisbar el más mínimo optimismo. Allí Gordon Kranz, un vagabundo que se gana la vida recitando poesías de Shakespeare, encuentra casualmente los restos de un camión de correos. A partir de ese momento decide marcase un objetivo en su vida: llevar las cartas a sus respectivos destinatarios. Esta es la trama de “El cartero”, la novela postapocalíptica del escritor estadounidense David Brin.

El cartero amigo del poeta

En 1934 se publicó la novela negra “El cartero siempre llama dos veces” de James M Cain. En ella se mezcla la violencia y la sexualidad hasta tal extremo que las autoridades bostonianas la consideraron irreverente y prohibieron su venta en las librerías.

Una fuerte atracción sexual, alimentada por prácticas sadomasoquistas, propician que Cora, una bella mujer casada con Nick Papadakis, y Frank, un estafador de media pluma, planeen el asesinato de el Griego. La trama se irá enmarañando hasta un punto inconcebible.

No podía dejar de aparecer en nuestro singular recorrido “El cartero de Neruda”, de Antonio Skármeta. Una novela publicada en 1985 y que se ha convertido ya en uno de los clásicos de la literatura.

En ella el escritor chileno, una de las máximas figuras de la literatura hispanoamericana, nos cuenta la historia de Mario Jiménez, un joven pescador que decide abandonar su oficio para convertirse en el cartero de Isla Negra. Se trata de un recóndito lugar en el que la única persona que recibe y envía correspondencia es el poeta Pablo Neruda, con el que entablará una relación muy especial.

Cartero antes que novelista

Durante doce años Charles Bukowski (1920-1994) estuvo empleado en una sórdida y desalmada oficina de correos de Los Ángeles. En “Cartero” el irreverente escritor nos dibuja, con su estilo inconfundible, un fragmento de su vida bajo la máscara de Henry Chinaski, su alter ego. Una desgarradora, al tiempo que divertida, novela de uno de los máximos representantes del llamado realismo sucio.

Dejamos para el final al cartero más tierno de toda la literatura, Ibrahim. Un personaje que realiza su encomiable profesión con la ayuda de una motocicleta, que le permite acceder a los lugares más recónditos de Bagdad, una urbe invadida por la tristeza y la desolación. “El cartero de Bagdad” es una novela de Marcos Calveiro que hace las delicias de grandes y pequeños.

¿Hay evidencias de que realmente haya existido Jesucristo?

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El debate sobre la existencia de Jesucristo sigue vigente en la actualidad. Así, afirmaciones sobre su supuesta inexistencia se han hecho tan populares y tan amplias que parece tratarse de una verdad científica irrebatible.

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Este movimiento cobra fuerza pese a que los Evangelios brindan varias referencias a su figura y a otros referentes difícilmente falseables a nivel histórico. Siendo así, se ha propuesto que la lógica que mueve a las personas que afirman la inexistencia de Cristo es que, como se trata de algo movido por la ideología, Jesús es una especie de invención dentro de un relato bien tramado.

Es por eso que muchos se hacen la pregunta de qué pruebas podemos encontrar que nos permitan hablar de la existencia de una figura como Jesucristo a nivel histórico. Hay evidencias, pero probablemente no sean las más aptas para los creyentes fervientes del cristianismo.

Fuentes clásicas

Muchos historiadores atestiguan, según las fuentes que manejaron, que, en efecto, hubo un líder entre los judíos al que llamaban “Cristo”, y no siempre tienen las mejores referencias de él.

Esto se debe a que son autores paganos pertenecientes algunos de ellos a una religión dominante (que no es la de Jesús), cuando no a la corriente de pensamiento propia de los intelectuales del momento: la filosofía.

Uno de ellos es el historiador Tácito quien, en sus Anales, lo menciona como un líder de los cristianos muerto por Pilatos cuyos seguidores ya andaban por Roma.

El segundo es Suetonio. Su Vida de los doce césares habla de cómo el emperador Claudio tomo la medida de expulsar a unos judíos revoltosos por causa de un líder no menos incendiario llamado “Cresto”.

Textos rabínicos

Asimismo, hay una cantidad importante de textos rabínicos que aseguran que Jesús existió. De hecho, muchas de sus acciones coinciden en lo que dicen los Evangelios, sin embargo, debido a que se trata de una corriente espiritualmente contraria a él, muchas de sus interpretaciones se hacen con una mirada negativa.

En algunos pasajes se señala que este se proclamó Dios y señaló que habría de volver por segunda vez, con lo cual corrobora lo que afirman los textos canónicos, si bien se les da un prisma crítico, pues lo consideran un falso maestro.

Aunque polémico, existente

Hay muchas más referencias pero, sean cuales sean, ninguna de ellas cuestiona la presencia de un hombre de carne y hueso que tuvo una actividad intensa en la tierra.

No hay que descartar que parte de la confusión cuando la gente dice que no existió tiene que ver con el misterio de la Santísima Trinidad, donde el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno y trío al mismo tiempo.

Volaré contigo. La Odisea: Pensar en voz alta es monologar

La novela Volaré contigo. La Odisea, de Gonzalo Valdés Medellín, es un monologar de un escritor maduro, el personaje, que asiste a una discoteca, La Odisea, donde conoce a un joven que lo hace sentir rejuvenecido. Se va dando cuenta que al paso de los días que visita la discoteca se enamora del joven bailarín. Empieza a sentirse atraído por él, cuando ya no creía en el amor por sus continuos fracasos amorosos, debido a su frialdad intelectual: donde los cuerpos solo se unen para satisfacer la necesidad sexual.

El autor logra atrapar al lector a través de ese monologar del personaje, es como si “pensara en voz alta” para los espectadores de una obra teatral. Bien podría convertirse en una obra para teatro, así está también pensada, porque Gonzalo Valdés Medellín es director de teatro.

En los años de 1990 hasta el 2000 presentó con mucho éxito la obra teatral A tu intocable persona, que también apareció como novela.

Se puede asegurar que la novela Volaré contigo. La Odisea, si se hiciera obra teatral, tendría un éxito garantizado. El monologar del personaje nos lleva a adentrarnos a la psiquis del personaje joven y al del escritor maduro al marcar las perspectivas de vida por el tiempo pasado del escritor y el presente del joven bailarín, creando una existencia común donde el amor no puede existir. Aunque ambos busquen el amor, el tiempo se interpone entre los cuerpos, los pensamientos, las creencias, los sueños, la vida.

Es una novela, obra de teatro también, que describe el amor, desamor, entre dos seres humanos que, en busca de comprender su mundo, se enfrascan en una relación imposible, porque cada uno se envuelve en su propia ilusión, destruyendo cualquier tipo de relación: amistosa, sentimental, sexual.

También es una historia donde el tiempo interviene en la relación de dos seres humanos que viven el presente como un sueño que se puede convertir en pesadilla. En fin, es una novela que no puede pasar desapercibida en estos tiempos difíciles de amor, desamor, en una sociedad egocéntrica.

Palacio Barolo: la versión arquitectónica de la Divina Comedia de Dante

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Un claro ejemplo donde se logra con notable éxito la conexión entre literatura y arquitectura es el Palacio Barolo, ubicado en Buenos Aires. Se trata de un edificio ubicado en el centro de la ciudad, en la avenida de Mayo, paseo que conecta la Casa Rosada, sede del Gobierno, con el edificio del Congreso de la República.

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Y la arquitectura amó a Dante Alighieri

Cuando Luis Barolo le pidió al arquitecto Mario Palanti que creara un edificio para él, no se imaginó que el italiano le respondería con una propuesta tan impresionante, ni que éste se dedicaría a diseñar no solo el edificio, sino también cada uno de los elementos decorativos, incluyendo lámparas, manijas de puertas o las jaulas para los ascensores.

Impresionado, Barolo le dio luz verde. Palanti era un gran admirador de Alighieri y de allí que incorporase a su edificio interesantes referencias a La Divina Comedia. Entre ellas se encuentra la propia estructura del edificio que se divide en tres partes: Infierno, Purgatorio y Cielo. En lo alto se eleva un faro que representa el Empíreo.

Fachada principal del palacio Barolo,
Fachada principal del palacio Barolo, Buenos Aires, Argentina (Eugenio Hansen, OFS / CC BY-SA 4.0)

El edificio mide exactamente cien metros de alto, medidos desde el suelo hasta lo alto del faro, y se divide en 22 plantas. La Divina Comedia está formada por cien cantos, cuyos poemas contienen 22 estrofas cada uno. El faro, a su vez, representa a los nueve coros angelicales.

Palanti y Barolo planificaron en su momento trasladar los restos del bardo italiano a este edificio, así que pretendían convertirlo en un mausoleo. Cuando se inauguró en 1923, se convirtió en el edificio más alto de Suramérica, honor que conservó hasta 1935.

Actualmente tiene un uso mixto: en sus más de 500 locales coexisten una sala de teatro, oficinas de negocios, tiendas comerciales y hasta una academia. No obstante, la arquitectura y los detalles del edificio se cuidan celosamente, de hecho, este edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional.

Los otros misterios del Barolo

Quienes han visitado el Palacio Barolo atestiguan que se respira en él un cierto aire misterioso, que seguramente responde a la estética particular que Palanti imprimió a su obra. El edificio no es fácil de clasificar en un estilo arquitectónico determinado, porque mezcla varias tendencias.

Escalera en espiral del palacio Barolo (Beatrice Murch / Flickr CC BY 2.0)

Como en las casas embrujadas, hay multitud de pasillos ocultos a la vista de los incautos, que conectan habitaciones y diversos ambientes, pero además, desde el interior del edificio se puede visitar el embaulado del arroyo Tercero del Medio, que recorría la ciudad y que ahora se encuentra confinado a una tubería.

El Palacio Barolo tiene, además, un hermano casi idéntico (faro incluído), ubicado en Montevideo, Uruguay: el palacio Salvo. La intención de Palanti era formar un haz de luz continua entre los dos edificios, representando la hermandad de estas ciudades.

Los jardines literarios más evocadores de la historia

El vocablo “jardín” procede de su homónimo francés “jardín” que, a su vez, lo hace del diminutivo del antiguo francés “jart” que significa “huerto”. La literatura está entreverada de flores así, por ejemplo, es fácil encontrarlas en “El Principito”, “La Dama de las Camelias” o “El perfume”. Entre nuestros literatos, posiblemente ha sido la escritora Mercé Rodoreda (1908-1983) la que más veces ha recurrido a ellas.

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A pesar de que en el jardín no crecen las letras, nadie puede dudar que es un escenario excelente para utilizarlo como recurso metafórico. Ya nos lo dijo el poeta gallego José Ángel Valente:

“El jardín no es un lugar de soledad, sino de diálogo apacible”.

Todo empezó en un jardín

Estos espacios son el hogar de las pasiones más secretas y sus senderos han dado cobijo a los aromas más exóticos. Y es que los jardines han sido, desde los inicios de nuestra cultura, protagonistas de leyendas y silenciosas mitologías.

En el “Poema de Gilgamesh” se nos relata la creación de Enkidu, un hombre salvaje, que debe enfrentarse y poner firme a Gilgamesh, el depravado rey de Uruk. Allí se nos cuenta que, inicialmente, vivía de forma apacible en un edén rodeado de animales salvajes. Hasta que cierto día llegó hasta allí Samhat, una prostituta sagrada o naditú, enviada por el rey de Uruk.

La mujer sedujo sin grandes aprietos al salvaje Enkidu –“durante seis días y siete noches hicieron el amor de forma ininterrumpida”– tras lo cual le reveló el conocimiento en forma de lenguaje hablado.

A continuación, le adecentó, compartió con él la mitad de sus vestiduras y le condujo a la ciudad. Ese fue el comienzo de una gran amistad entre el otrora salvaje Enkidu y el todopoderoso Gilgamesh.

Las influencias sumerias y asiriobabilónicas en el relato del Jardín del Edén bíblico, donde comenzaron todas nuestras desgracias, son más que evidentes. Ese jardín es el símbolo de la universalidad, de los bienes terrenales y de nuestros más ocultos objetos de deseo. El lugar en el que, en una reducción maniquea, conviven el árbol de la vida y el del conocimiento, que permite distinguir entre el bien y el mal.

Del jardín del amor al de las flores parlantes

Si hay un jardín relacionado con el amor ese es el espacio fortificado de la familia de los Capuleto, el vergel donde tiene lugar una de las escenas de amor más famosas de la literatura. Allí las flores y los árboles asistieron mudos a la pasión que cegó a Romeo y a Julieta.

Igual de evocadores son los numerosos jardines que nos regaló el poeta Antonio Gala en sus escritos. Desde “El manuscrito carmesí” hasta la “Pasión turca” pasando por “Más allá del jardín”. En esta última obra Palmira, una dama de la alta sociedad sevillana, vive al abrigo de su maravilloso y cuidado jardín.

Menos romántico, pero no por ello menos mágico, es el jardín de las flores parlantes de “Alicia en el país de las maravillas”. El marco donde viven la Rosa, el Iris, la Gloria de Levantarse por la Mañana y el Narciso Confuso. Flores que, al principio, se muestran cariñosas con la recién llegada, asumiendo que es una flor más, pero al descubrir que no lo es, dan por hecho que Alicia es una mala hierba y es entonces cuando comienzan los problemas.

Para finalizar, nos quedamos con unos versos de “El jardín de las Morenas” de Federico García Lorca:

 Limonar.
 Momento
 de mi sueño.

 Limonar.
 Nido
 de senos
 amarillos.

 Limonar.
 Senos donde maman
 las brisas del mar.

 Limonar.
 Naranjal desfallecido,
 naranjal moribundo,
 naranjal sin sangre.

La araña del Himalaya, un depredador en la cima del mundo

La evolución ha dado lugar a muchas formas de vida y, con ellas, muchas formas de asegurar la existencia de esa especie.

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Cada especie tiene sus propias maneras de asegurar su longevidad en el tiempo, algunas más extrañas que otras. Una de estas maneras un tanto llamativas de hacerlo le pertenece a la araña del Himalaya, un animal bastante interesante y que solo se observa en una de las cimas del mundo

El máximo depredador en la mayor altura

La pequeña araña del Himalaya (Euophrys omnisuperstes – Salticidae) es uno de esos animales que demuestra cómo la vida es capaz de abrirse paso en cualquier ambiente. Este animalito, completamente inofensivo para los humanos, mide menos de un centímetro y se alimenta de insectos y otros pequeños animales que pasan cerca, llevados por las corrientes de aire.

¿Por qué nadie se come a la Araña del Himalaya? Aquí radica su secreto: esta araña vive a 6.700 metros sobre el nivel del mar, en las elevadísimas cumbres de la cordillera del Himalaya.

En estas enormes alturas la temperatura es muy baja, tratandose de una zona de nieves eternas. Pero además de esto, que ya de por sí es una gran dificultad para la vida, también se acerca mucho a la zona en la que no hay oxígeno. Los humanos que suben hasta estas cumbres deben usar equipos de oxígeno para sobrevivir.

De modo que esta araña es una criatura especial que soporta un frío capaz de congelar a sus presas y también tolera la escasez de oxígeno. Además puede pasar mucho tiempo sin comer.

Pero su táctica no es infalible. La araña, que suele saltar varias veces su tamaño para atrapar mínimas presas en el aire, vive pegada a las rocas, donde el sol calienta la superficie. Si se alejara mucho tiempo de las piedras moriría congelada, de ahí que no haga telas.

La curiosidad de quien no tiene enemigos

La araña del Himalaya ha desarrollado una confianza excesiva por su extraña condición. Cuando alguien le acerca la mano, en vez de alejarse, suele saltar hacia ella, quizá con intención de atraparla.

Comportamientos similares pueden verse en cada depredador: los leones y tigres rara vez huyen y, en cambio, suelen ser muy curiosos, como la mayoría de los felinos. Lo mismo ocurre con las orcas y otros grandes carnívoros marinos.

Así que para estar en la cima, el secreto es librarse del miedo, soportar condiciones duras y aprovechar al máximo lo que brinda el entorno.