Algo sobre la maldad

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Este mundo que los humanos habitamos junto a otras especies nos va permitiendo descubrir sus diferentes facetas, a medida que avanzamos por la vida solemos comprobar que, como todo fluye, todo es cambiante; quizás por eso nuestra exploración nunca acabe: la naturaleza se ha ido modificando, en parte, incluso por culpa de la irresponsabilidad nuestra, la conducta de la gente también va cambiando por circunstancias de la vida.

Aunque también es cierto que en todas las épocas han existido personas de variadas, destructivas y constructivas, bondadosas y maléficas. No es un cuento de brujas e inocentes criaturas, es la realidad.

Por eso, al detenernos a observar, o al palpar ciertas acciones de la gente, solemos sorprendernos, incluso a veces por lo inexplicable de sus conductas.

Sabido es que las relaciones humanas no son fáciles porque cada persona tiene su propia verdad, pero cuando con las acciones propias se afecta a otros, ya se están transgrediendo los límites de los derechos de los afectados.

Si abordamos el tema de la realidad tal como se presenta, estaremos en condiciones de afirmar que sí existen personas que se caracterizan por poseer cierta tendencia a actuar de manera malintencionada ocasionando daño a quienes les rodean, incluso a los que aman o a quienes rivalizan con ellos y por esa razón les consideran enemigos.

Algunos suelen actuar así en épocas de crisis personales, otros, en cambio, lo hacen naturalmente siempre, como si esa tendencia ya estuviese incorporada en ellos. La gran pregunta es ¿POR QUÉ?, por qué algunas personas no abrigan sentimientos nobles, por qué actúan como si extraños y maléficos fantasmas que nacen en su interior les obligaran a cometer maldades? ¿Por qué?

Ha de tratarse a que a veces nos empeñamos en curar nuestro cuerpo, pero dejamos en situación de abandono a nuestro cuerpo emocional, ese que, según a qué circunstancias nos enfrentemos, podría albergar envidias, egoísmos, celos, incluso odios…, y entonces, el alma se envenena. Incluso un alma envenenada de maldad podría llegar a enfermar el cuerpo físico, sabido es que siempre se suele somatizar en el órgano más débil.

No toda la gente está en condiciones psicológicas de soportar el dolor, ni las frustraciones, a veces el destino se ensaña demasiado con algunas personas, y es allí cuando aparecen los peores acompañantes, los mismos que llevan a los afectados a descargar contra otros toda su ira en forma de venganza.

Buda decía: “No lastimes a los demás con lo que te causa dolor a ti mismo”

Pero no toda la gente afectada se encuentra en condiciones de mantener un equilibrio emocional en épocas de crisis, y se convierte en una presa de esa maldad, entonces empieza a convencerse que dañando se dañará menos. La gente enferma de maldad suele repartir su dolor.

Muchas recomendaciones hemos recibido a lo largo de nuestra vida sobre cómo actuar con la gente malvada desde las diferentes culturas y creencias: que hay que poner la otra mejilla, que un mal con un bien se paga…, y podría seguir dando ejemplos. Sin embargo, habría que considerar que somos, en parte, el entorno que nos rodea, y al ser vulnerables solemos acceder a las tendencias cercanas.

La vida es breve, mucho más de lo que creemos, por eso bien vale la pena apartar la maleza de nuestro camino. Lo nocivo afecta y ya va siendo hora de ser felices alejándonos de todo lo negativo que se podría evitar.

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Silvia Alasino
Escribo para la gente que valora la vida. Solo si se tiene sensibilidad, se habrá encontrado el verdadero sentido de nuestra existencia. Mis primeros libros: “El círculo” y “Emigrando”.

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