Posadas y hoteles que solo existen en el universo de las letras

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Nuestra propuesta se centra en pasillos con estampas literarias, habitaciones con doseles narrativos, balaustradas metafóricas y estancias que conocemos muy bien a pesar de nunca haber estado allí (físicamente)…

El embriagador clima de un hotel con su recoleta atmósfera poética ha sido un espacio magnético para escritores de todas las épocas, un escenario que garantiza el anonimato. Es eso precisamente lo que buscaban en la posada de Rouen los personajes flaubertianos Emma Bovary y el joven León cuando disfrutaban a escondidas de su amor furtivo.

“La señora del perrito” es un cuento de Anton Chéjov protagonizado por una dama alta y tiesa, de cejas oscuras, grave y digna, y de nombre efímero y equilibrado: Anna. En un hotel de Yalta, a orillas del mar Negro, vivirá una intensa aventura con Dmitri Gurov.

Hoteles donde no te alojarías

Un café aguado, un vaso de plástico, paredes desconchadas, luminosidad tenue, balcones herrumbrosos… Hay mil razones para no alojarse en un hotel. En esta nómina también habría que circunscribir el equilibrio mental de sus empleados.

¿Quién se hospedaría, por ejemplo, en el Motel Bates? No precisa presentaciones, es el escenario donde transcurre “Psicosis” -la novela de Robert Bloch- y a donde llega, por equivocación, una atormentada Marion Crane tras robar cuarenta mil dólares.

Tampoco escogeríamos el hotel Overlook para pasar unos días de descanso, una hospedería situada en las lejanas Montañas Rocosas y a la que dio vida la portentosa imaginación de Stephen King.

Hasta allí se trasladó un frustrado Jack Torrance para aceptar el empleo de vigilante y rehabilitarse definitivamente de su adicción al alcohol. Lo hizo en compañía de su esposa Wendy y su hijo Danny, que se dedicará a peregrinar en triciclo por los pasillos del hotel.

Los más glamurosos de la literatura

Thomas Mann mostró una atracción hipnótica por los espacios cerrados, tanto en “Muerte en Venecia” como en la “Montaña mágica” parte de la trama transcurre entre cuatro paredes.

En la primera, la acción nos lleva hasta el elegante Grand Hotel des Bains del Lido, en la playa de Venecia. Un lugar donde la aristocracia buscaba, además de las bondades climáticas, los beneficios terapéuticos de los baños en el mar y la radiación ultravioleta.

Otro de los hoteles más cautivadores del Viejo Continente es el Negresco, en el icónico Paseo de los Ingleses de Niza. Hasta allí se desplaza un entomólogo, de vida gris, bajo una nueva identidad. Es el protagonista de “Celeste 65”, una espléndida novela de José C Vales.

Ese hotel también fue uno de los espacios literarios que eligió Frederick Forsyth para hospedar a Chacal, el nombre en clave del asesino que pretendía atentar contra el presidente Charles de Gaulle.

Siempre nos quedarán las posadas

Cierto día un extraño hombre que se hace llamar capitán y que canta tonadillas marineras llega hasta la posada del “Almirante Benbow”. Al hijo del posadero –Jim Hawkins– le encarga una extraña misión: prevenirle si ve acercarse un hombre con una sola pierna, a cambio le asignará una dadivosa paga mensual. Así empieza la imperecedera “Isla del tesoro”, escrita por un veinteañero RL Stevenson.

Sucia, luctuosa y hedionda debía ser la posada en la que trabajaban la madre y el padrastro de Lázaro –el protagonista del “Lazarillo de Tormes”. Como buenos amigos de lo ajeno, siempre que podían substraían algunas mantas de las habitaciones de huéspedes; hasta que cierto día fueron sorprendidos.

A su madre le impusieron como castigo cien azotes y a su padrastro le fustigaron y derramaron grasa hirviendo sobre las heridas hasta que feneció. Así se la gastaba la justicia en nuestro venerado Siglo de Oro.

El celebrado Green Book

Para terminar nos metemos en harina de otro costal y rendimos un merecido homenaje a un libro que, de alguna forma, fue oscarizado: “Green book”.

Hoteles y restaurantes eso es lo que hay en “El libro verde del conductor negro”, que este es su verdadero título, escrito por Víctor Hugo Green, un concienzudo cartero afroamericano de Harlem (Nueva York).

El libro verde del conductor negro
El libro verde del conductor negro

A partir de la información que él mismo recogía y que otros compañeros le proporcionaban hizo un recopilatorio de establecimientos en los que podían comer y alojarse personas de color. De esta forma, nació una guía para que los negros viajasen de forma segura. Un libro que nos queda como reflejo de un pasado que nunca tuvo que existir y que no deja de avergonzarnos.

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Pedro Gargantilla
Pedro Gargantilla
Médico, escritor y divulgador. Jefe de Medicina Interna del Hospital de El Escorial de Madrid. Profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.

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