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Literatura naturalista: origen, características y principales autores y obras del movimiento naturalista

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La literatura naturalista fue una rama del realismo que comenzó entre 1865 y 1900, y se enfocó en adaptar los principios de las ciencias naturales. El movimiento naturalista también buscó resaltar los valores propios del individuo.

El movimiento naturalista formó parte de una era importante en la literatura y el arte visual a finales del siglo XIX y principios del XX y, además, la literatura naturalista concibió varios nombres destacados que fueron autores representativos del naturalismo. A continuación, en esta entrada haremos un recorrido por la historia del naturalismo en la literatura y también hablaremos de los más importantes autores del naturalismo literario. Te invitamos a seguir leyendo. 

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¿Qué es la literatura naturalista?

Antes de ir al núcleo de las obras naturalistas, es necesario hablar del significado de naturalismo en la literatura. El naturalismo es un género literario que comenzó como un movimiento a finales del siglo XIX en la literatura, el cine, el teatro y el arte, y se dice que es un derivado del realismo; el naturalismo como movimiento literario también puede ser calificado como la versión “extrema” del realismo, debido a que el naturalismo y realismo tienen ciertas similitudes en su estructura y quizás en la narrativa, pero literatura del naturalismo, desde su instauración, se enfocó en los roles de la familia, los problemas y realidades sociales, el medio ambiente y cómo todo esto influye en la formación del carácter humano.

Con estos preceptos, los escritores y poetas del naturalismo se abocaron a escribir historias basadas en la idea de que el entorno determina y controla el carácter humano. Además, el concepto de naturalismo también se extiende hacia varios principios científicos y psicosociales, ya que corriente literaria del naturalismo se inspiró en la teoría de la evolución de Charles Darwin, la cual sostiene que en la vida únicamente sobrevive “el más fuerte”, aquellas personas que luchan y se adaptar para sobrevivir.

Repaso histórico

Ahora bien, ya que hemos hablado de qué es el naturalismo literario, es momento de hacer un viaje en el tiempo para entender la génesis de los movimientos literarios y el naturalismo. En principio, es necesario recordar que la casa madre del naturalismo fue Francia, ahí surgió el naturalismo como corriente literaria durante la segunda mitad del siglo XIX; después, la época del naturalismo se vivió en toda Europa y también en Estados Unidos.

A fines del siglo XIX, cuando la pintura francesa empezó a enfatizar las cualidades pictóricas realistas, el naturalismo empezó a tomar partido y a menudo era confundido con el realismo. A su vez, por el lado filosófico, el naturalismo tomó como centro a la naturaleza como el significado de la realidad y se alejó del concepto del alma, de las deidades y de todo aquello que se consideraba “sobrenatural”.

Además, el naturalismo y sus representantes enfocaron el movimiento bajo la influencia de la ciencia y las corrientes filosóficas e ideológicas como el cientificismo, el positivismo y el materialismo y el marxismo; por otro lado, en ese mismo siglo se vivió la constante revolución científica en campos de estudio como las matemáticas, la física, la biología y la medicina, al tiempo que existía un contraste entre el desarrollo tecnológico e industrial en la sociedad. 

Desde que inició como movimiento en el siglo XVIII, el naturalismo se encargó de hacerse notar como el némesis del romanticismo (si lo hablamos desde el lado dramático); es decir, nació para ir en contra de un género literario que estaba dominado por las emociones, la sensibilidad y la melancolía. 

Corrientes literarias del naturalismo

Como hemos dicho anteriormente, el origen del naturalismo se confundió muchas veces con otras corrientes literarias como el realismo, a pesar de que son dos movimientos literarios separados. Sin embargo, ambos se enfocan en la vida misma y en el funcionamiento de la humanidad, y también se enfocaron en derrumbar las capas de romanticismo en la literatura de la época para proyectar ideas más naturales y reales, sin halagos exagerados o idealización de los protagonistas de una obra.

A la par, una de las características del realismo y naturalismo es que evitan elementos artificiales, fantásticos o sobrenaturales, y es posible que se sienta algo de negatividad; pero, como hemos dicho, hay una diferencia clara que las separa. En primer lugar, el realismo se enfocó en ser una muestra fiel de la vida misma, pero el periodo del naturalismo quedó marcado como un espejo de la desesperación o del pesimismo.

Cuando hablamos de qué es naturalismo, en resumidas cuentas, podemos decir que es una forma exagerada del realismo porque se enfoca en las condiciones sociales que hacen que los humanos sean como son, al tiempo que se ven influenciados por el control social, el medio ambiente y distintas circunstancias. Por su parte, el realismo cercó sus terrenos hacia la clase media y los problemas de ese estrato social, mientras que el naturalismo abordaba las situaciones de las personas de clase baja, los temas de la violencia y los tabúes. 

Características de la literatura naturalista

La escritura y la poesía naturalista tienen varias peculiaridades que la hacen diferentes a los demás movimientos de la literatura. A continuación, en esta sección enlistamos las características del naturalismo literario:

La novela

Una de las principales características de la corriente naturalista es que los autores y obras del naturalismo le sacaron provecho a la novela porque hallaron un lugar en el cual depositar todas sus ideas y pensamientos sobre la humanidad, los entornos sociales y cómo estos moldean a las personas tanto en la sociedad como en la familia. 

Aunque también hay cuento naturalista y poesía —como poemas del naturalismo de Emile Zola—, las obras literarias del naturalismo suelen ser novelas extensas, puesto que con esa configuración los autores de la literatura naturalista pudieron profundizar realmente en los detalles de los personajes y les dio la oportunidad de describir mejor los entornos.

Pesimismo

Anteriormente, cuando comentamos de dónde surge el naturalismo, se dijo que el siglo XVIII fue la época en la que las personas se enfrentaron a días oscuros, por lo que no sorprende que el pesimismo sea una de las bases del movimiento naturalista.

Así como lo es la decepción, la tragedia y los finales infelices suelen ser parte de la escritura del naturalismo y sus autores; la ficción naturalista es tan pesimista debido a que la mayoría de los escritores se afincan en el determinismo y consideran que las circunstancias negativas no pueden cambiar; por ejemplo, pueden creer que de la pobreza no se sale o, más bien, la persona podría terminar en lugar peor si nació en un entorno de bajos recursos.  

Entonces, el motor de la narrativa de la literatura naturalista es la desesperanza, el pesimismo y muestra la dureza de la vida para aquellas personas que no forman parte de la clase alta o media de la sociedad. 

Objetividad

Por otro lado, el naturalismo no cree en el sentimentalismo propone deshacerse del sentimentalismo y la romantización de todas las cosas. Por el contrario, la literatura naturalista es un reflejo de la sociedad desde un punto de vista más objetivo posible, pero proyecta las situaciones sin emitir opiniones al respecto. 

La ciencia

El movimiento naturalista también intentó aplicar técnicas del modelo científico a la obra de arte y a la literatura. De hecho, Émile Zola, uno de los máximos exponentes de la literatura naturalista, explicó lo siguiente:

«Si el método experimental se ha podido trasladar de la química y la física a la fisiología y la medicina, puede serlo de la fisiología a la novela».

Con ese argumento, Zola hablaba de la representación de la realidad, la cual debe ser objetiva, y debe dejar a un lado los valores éticos y morales de las sociedades dominadas por la burguesía. En resumen, los escritos del naturalismo solo se enfocaron en la situación sin darle sentido a lo bueno o lo malo con base en los valores. 

La realidad como norte

Otras de las características de la literatura naturalista es la forma en la que se hicieron las descripciones de los entornos en el texto, independientemente se si eran naturales o sociales, los autores del naturalismo hicieron lo posible para apegarse a la realidad y, en ocasiones, lo hacen sin adornos algunos; por ejemplo, las escenas fuertes y grotescas son retratadas como tal, sin omitir los detalles escabrosos.

La clase baja y media

Otra configuración en la estructura del naturalismo es que, a diferencia del romanticismo y del  realismo, en los escritos naturalistas se intenta contar cómo es la vida de las clases bajas y la pequeña burguesía (o clase media baja). Es decir, los autores se enfocaron en mostrar la vida de las amas de casa, prostitutas, funcionarios y empleadas, y también hablaron de cómo vivían los pequeños comerciantes.

Autoficción

Asimismo, los autores naturalistas buscaron ser los más objetivos posibles y mantenerse a raya del lirismo y el romanticismo. De hecho, algunos de los temas que se abordaron en los textos naturalistas son considerados como una autoficción, es decir, narran los hechos en primera persona, pero no hacen juicios de valor al respecto.

El pensamiento del escritor

Finalmente, otra de las características del naturalismo literario es que dejaron marcada la ideología de su preferencia, así como sus pensamientos, a pesar de que se jactaron de ser objetivos en sus textos. No obstante, cuando hablamos de que eran “lo más objetivo posible” es porque en su narrativa los autores reflejaron su postura crítica sobre los males que eran frecuentes en la sociedad.

Principales autores del naturalismo

Tras hablar de las peculiaridades del movimiento naturalista, en esta sección vamos a hacer un repaso por la vida y obras de los principales representantes del naturalismo: 

Émile Zola 

Empezamos la lista de los principales exponentes del naturalismo con Émile Zola (Francia, 1840-1902), quien es el principal autor de la escuela naturalista. De hecho, a Zola, quien también se destacó como crítico y activista político, se le considera fundador y principal teórico del movimiento literario naturalista gracias obras como Teresa Raquin (1868) y su proyecto Les Rougon-Macquart, un compilado de veinte novelas publicadas entre 1871 y 1893, entre las que destacan obras como Nana (1880) y Germinal (1885). 

Émile Zola circa 189 (Autor desconocido, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Además, Émile Zola también quedó en la memoria de la historia por su participación en el caso del escándalo político de Alfred Dreyfus, y también por su famosa carta abierta al presidente de Francia, Félix Faure, J’accuse…! (Yo acuso, 1898), la cual fue publicada en el diario L’Aurore bajo el título Lettre au Président de la République, que es el original.

Theodor Fontane

Otro de los autores destacados es Theodor Fontane (Alemania, 1819-1898) un periodista, poeta, dramaturgo y narrador alemán que forma parte de la corriente naturalista, pero ha sido catalogado como el mayor referente y fundador de la ficción realista. No obstante una de sus obras más destacadas por su carácter naturalista es la novela Effi Briest (1896), la cual es una especie de estudio social sobre los sentimientos forzados y cómo estos impactan en los individuos; asimismo, aborda las convenciones sociales y las consecuencias de un estallido de todas las limitaciones que existen en una sociedad.

Theodor Fontane retratado en 1883 (Carl Breitbach (1833-1904), Dominio público, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Otra de sus novelas más recordadas son L’Adutera (1882), Man of Honor (1883), Stine (1890), Unwiederbringlich (1891) y Frau Jenny Treibel (1893).

Gustave Flaubert

A la lista añadimos a Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880), otros de los grandes de la literatura francesa que fue halagado por su trabajo en Madame Bovary (1856), pero también por La Educación Sentimental (1869), una novela que puede considerarse como naturalista, pero no lo es a totalidad. 

Retrato de Gustave Flaubert circa 1865-1869 (Nadar, Dominio público, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Es una obra que ha sido considerada como “una de las novelas más influyentes del siglo XIX”, y recibió elogios de grandes autores contemporáneos como George Sand y Zola; la historia habla de la vida romántica de un joven mientras vive en medio de los hechos de la revolución francesa de 1848.

León Tolstoi (Rusia, 1828-1910)

Otro de los ilustres de la literatura naturalista fue León Tolstói (Rusia, 1828-1910), quien eclipsó el movimiento con su novela Ana Karenina (1877), una obra en la que Tolstói se centró en la vida de la realeza y en cómo la protagonista sufría por no estar a gusto con sus deseos. Ana Karenina, quien es la esposa de un ministro imperial ruso, se arriesgó a perderlo todo cuando inició un romance con el conde Vronsky, un apuesto oficial de caballería, lo que generó un escándalo en la alta sociedad, pero ella prefirió sentirse amada y complacida.

León Tosltoi en Yasnaya Polyana, 1908 (Sergei Prokudin-Gorskii, Dominio público, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Esta novela es uno de los ejemplos de naturalismo y realismo porque mostró la verdad de los romances, las imperfecciones pero también la volatilidad de las emociones y las pasiones. Asimismo, proyectó los preceptos de la sociedad rusa del siglo XIX.

Thomas Hardy

Thomas Hardy (Inglaterra, 1840-1928) fue un poeta y novelista inglés que hizo que varios de sus trabajos estuviesen marcados por el pesimismo y la desesperanza, características claves de la literatura naturalista. Entre sus novelas, la que más destaca es Tess d’Urbervilles (1891), una de las novelas más leídas y recomendadas aún en la actualidad.  

Retrato restaurado de Thomas Hardy (Bain News Service, publisher, Dominio público, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Hardy queda en la lista de los autores naturalistas porque enfocó sus textos en entornos de la clase media y baja en Wessex, su nombre para los condados del suroeste de Inglaterra. Además de Tess d’Urbervilles, Thomas Hardy escribió Bajo el árbol de Greenwood (1872), una obra en la que abordó tramas matrimoniales, cambios sociales y fue, de cierto modo, una proyección de cosas del pasado que vivió el padre de Hardy antes de que naciera. 

George Edward Moore

Por otro lado está, el dramaturgo, crítico y poeta George Edward Moore (Irlanda, 1852-1933), un novelista irlandés que se mudó al naturalismo tras juntarse con Zola en París y a su vez, Moore influyó en los trabajos de su compatriota James Joyce, el autor de libros como Retrato del Artista Adolescente (1916). Ahora bien, con respecto a las obras de Moore, unas de sus novelas más destacadas en el naturalismo son Un amante moderno (1883) y La mujer del Farsante (1885), siendo esta última la más aclamada.

George Edward Moore (medio) junto a John Maynard Keynes y Baron Keynes en 1914 (Ray Strachey,Dominio público,vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

La mujer del farsante introdujo un aire refrescante al naturalismo francés, al igual que Esther Waters (1894), una de sus mejores novelas, la cual retrata la vida de penurias de una sirvienta con un hijo fuera del matrimonio. e

Frank Norris 

Frank Norris (Estados Unidos, 1870-1902) se llevó el crédito por se el primer representante del naturalismo en la literatura estadounidense, según los historiadores, debido a su trabajo estrella McTeague (1899), una novela naturalista que narra la historia de un dentista inescrupuloso que asesinó a su avara esposa y luego él mismo se topa de cara con la muerte. Luego lanzó otras perlas como El pulpo (1901), la primera novela de una trilogía llamada La epopeya del trigo, que muestra cómo las fuerzas económicas y sociales formaron parte del auge y consumo del trigo. 

Frank Norris retratado por Arnold Genthe en 1903 (Arnold Genthe,Dominio público,vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Al igual que los demás autores de esta lista, a excepción de Émile Zola, todos se desviaron un poco más hacia la ficción realista que al realismo naturalista, pero sí hicieron obras de esta corriente. Sin embargo, sobre la ficción, Moore dijo que “la ficción es tan útil como la verdad, para darnos materia sobre la que ejercer el juicio de valor”.

La extensión de la literatura naturalista

Cuando se vivió el auge y desarrollo de la literatura naturalista, no solo se quedó en los confines de Europa y Estados Unidos, sino que también llegó a otras naciones del mundo como México y España. A continuación, en esta entrada hablamos de la historia, autores y obras más famosas del naturalismo en ambos países.

México

Así como el movimiento naturalista arropó a toda Europa, también llegó a Latinoamérica y, específicamente en México, varios autores destacaron con sus obras y dieron pie al establecimiento del naturalismo mexicano.

José Joaquín Fernández de Lizardi 

Las primeras manifestaciones del movimiento naturalista, según los historiadores, se iniciaron con El Periquillo Sarniento (1816) de José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827), un ilustre de la literatura mexicana, mayormente conocido como ‘El Pensador’. Este periodista y poeta lanzó El Periquillo Sarniento, una obra en la que es palpable el realismo exagerado, el didactismo y las críticas sociopolíticas. 

Esta obra también fue la primera novela picaresca de Hispanoamérica, porque además de ser naturalista es un cuento que describe cómo era la sociedad mexicana a principios del siglo XIX y, por otro lado, refleja las ideas francesas sobre la educación y la ilustración. Lizardi fue una figura importante a nivel literario durante el movimiento de liberación nacional de México. 

Pedro Castera

A Pedro Castera (1846-1906) también se le atribuyó el crédito de las primeras letras del naturalismo mexicano e iberoamericano con Cuentos mineros (1882). Castera, quien también era periodista y minero, fue uno de los primeros escritores que se adentró en el ambiente minero para plasmarlo en sus páginas, inspirado por los procedimientos de Zola, y documentó todo lo que sucedía en la mina en que trabajaba para darle profundidad a su narrativa naturalista. 

Castera estudió ingeniería en minas tras salir de la vida militar y, a su vez, llevaba en alza su carrera periodística con obras que le dieron un lugar importante en la literatura mexicana, tales como Impresiones y Recuerdos (1882), Las Minas y los Mineros (1882), y Carmen, la novela de 1882  que recibió excelentes críticas y buenos comentarios de los lectores. 

Federico Gamboa 

Pese hay que tiene excelentes antecesores del movimiento naturalista, es Federico Gamboa (1864-1939) quien se lleva el crédito del precursor de la literatura naturalista con su trabajo en Del Natural (1889) y en Santa (1903), una novela que según Gamboa es:

«La historia vulgar de las muchachas pobres que nacen en el campo y que en el campo se crían en el aire libre, entre brisas y flores; ignorantes, castas y fuertes (…) Hasta que hace su aparición el chulo citadino pícaro y galán (…) quien supo vencer la débil resistencia de la ingenua y conducirla a la pérdida de la honra».

Gamboa, quien fue un escritor y diplomático de alto cargo en el gobierno mexicano, también destacó en el mundo periodístico con sus trabajos investigativos y obras que defendían la mexicanidad como  Metamorfosis (1899), Reconquista (1908), La llaga (1913) y Suprema ley (1920).

Otros buenos escritores del naturalismo en México siguieron los pasos de Gamboa e hicieron que el género se mantuviese en sus días de auge; algunos de los nombres que resaltan son los de Manuel Gutiérrez Nájera con El hijo del Estado, 1882, Hilarión Frías y Soto (Perico,1885), y Emilio Rabasa con La Gran Ciencia (1887).

España

España también fue uno de los países en los que se estableció el movimiento naturalista y estuvo representado por los siguientes autores: 

Benito Pérez Galdós

En el lado de España, Benito Pérez Galdós (1843-1920) figuró como uno de los más grandes de la escritura española y del movimiento naturalista por obras como La desheredada  (1881) y Fortunata y Jacinta  (1887) tres obras que se concibieron bajo la corriente naturalista. De hecho, a Galdós lo dejan al nivel de Miguel de Cervantes, puesto que produjo muchas novelas cortas que se enfocan en la sociedad española del siglo XIX; también fue muy comparado con Honoré de Balzac y Charles Dickens por su talento para escribir.

Su primer éxito llegó en 1870 con La fontana de Oro, que dio pie a una serie de novelas que narran la historia de España desde la Batalla de Trafalgar (1805) hasta que se dio la restauración de los Borbones en 1874. Galdós trabajó con la ficción histórica con una recopilación de memorias, artículos de periódicos antiguos y relatos de testigos presenciales.

Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán (1851-1921), quien fue una ensayista, crítica, dramaturga, poeta y narradora, es otro de los nombres que figuran entre los mayores exponentes del naturalismo en España, gracias a títulos como La tribuna y La cuestión palpitante, ambas de 1883 y Los pazos de Ulloa, una obra que se lanzó en 1887.

Bazán se especializó en novelas cortas, en poemas y en la literatura del criticismo, pero también fue una de las grandes del movimiento del naturalismo. Con La cuestión palpitante ella hizo que el país comprendiera mejor qué es el naturalismo literario y, de cierto modo, generó polémica porque mostró una forma de literatura naturalista en la que dejaba claro que existía el libre albedrío del individuo, una idea que dista de las nociones del naturalismo francés y ruso.

Leopoldo ‘Clarín’ Alas

Otra de las figuras representativas del naturalismo en España es Leopoldo ‘Clarín’ Alas (1852-1901) un crítico, jurista y profesor universitario, que fue muy conocido en la nación por ser el portavoz de las nociones naturalistas que llegaron de Francia y el resto de Europa. Clarín destacó con su novela La Regenta, la cual fue publicada en 1885; es una obra que está al nivel de Madame Bovary y Anna Karenina, tanto en éxito como en estructura, porque habla de un matrimonio sin amor que fue precedido por el adulterio en el siglo XIX. 

Más allá de La Regenta, Clarín destacó con otros trabajos como Su único hijo (1890) y El gallo de Sócrates (1901), un cuento breve lleno de humor que transitaba por el camino de los pobres y de los oprimidos, Alas, quien además de era un periodista aclamado, fue muy conocido por sus artículos de opinión mordaces y sin tacto que le valió un cúmulo de detractores, porque era conocido como “La voz más temida de España” en cuanto a sus críticas.

El movimiento naturalista español también vio florecer otros nombres que le hicieron justicia al género, tales como Armando Palacio Valdés (La alegría del Capitán Ribot, 1899), Vicente Blasco Ibáñez (Luna Benamor, 1909), y Alejandro Sawa con la Trilogía de la Prostituta de 1904.

Obras representativas de la literatura naturalista

Hay variedad de ejemplos de naturalismo en textos y prosas, pero la lista sería muy extensa, tanto así que se necesita un artículo único para ese tema. Sin embargo, en esta sección englobamos al movimiento naturalista con seis de los mejores libros u obras representativas de la literatura naturalista. 

La taberna – Émile Zola (1877)

Esta es una novela  de Zola que narra la historia de una familia de clase trabajadora en París y el personaje principal es Gervaise, una chica que es abandonada a su suerte cuando su esposo la deja. con dos hijos pequeños. En el texto, despliega fielmente los sentimientos de una niña que empezó a trabajar desde los 10 años y, desde entonces, lucho por ser una buena mujer, trabajadora y motivada para seguir viviendo. No obstante, la vida se le va oscureciendo y Zola lo retrata de forma profunda y desgarradora.

Ediciones Cátedra / Letras Universales.

La Barraca – Vicente Blasco Ibáñez (1898)

En La Barraca, Blasco Ibáñez presenta una obra escrita a finales a del siglo XIX que, sin piedad alguna, lleva al lector por un viaje de emociones diferentes con una narrativa tan realista como naturalista y se adentra en la vida dura del campesinado de Valencia. El lector debe estar preparado para presenciar los sufrimientos de una familia honrada que ha caído en desgracia y que retrata los males de la ignorancia y de la maldad humana. 

Aula de Literatura / Editorial Vicens Vives.

La Madre Naturaleza – Emilia Pardo Bazán (1887)

Otro de los libros ejemplares del naturalismo es La Madre Naturaleza, una obra de Pardo Bazán que es la representación de la literatura naturalista ortodoxa en España y, además, es la continuación de su aclamada obra Los Pazos de Ulloa. Esta historia se centra en Manola y Perucho, dos amigos de la infancia que no sabían que eran medios hermanos porque se le fue ocultado; todo se descontrola cuando los compañeros de toda la vida empiezan a sentir cosas que solo se traducen en un desastre fatal para su vida.

Alianza Editorial.

Las uvas de la ira – John Steinbeck

El estadounidense John Steinbeck (1902-1968) es uno de los escritores más populares del naturalismo de Estados Unidos y con su obra Las uvas de la ira, Steinbeck retrata a la familia Joad y su entorno cambiante durante la Gran Depresión. Los muestra como seres insignificantes e instintivos que tienen la esperanza de dar con un paraíso que posiblemente nunca encontrarán. La sociedad y la naturaleza están al acecho y ellos deben encontrar una forma de sobrevivir.

Ediciones Cátedra / Letras Universales. 

El Despertar – Kate Chopin

La novela El Despertar de la estadounidense Kate Chopin (1850-1904) es otro claro ejemplo del naturalismo literario porque en esta obra, que tiene como protagonista a Edna Pontellier, muestra un mundo donde nadie entiende a esta mujer que, además de sentirse incomprendida, siente que no encaja en su entorno social. Asimismo, Chopin muestra cómo los rasgos individuales y la fuerzas sociales dentro de la familia influyen directamente en Edna, quien termina por sucumbir ante sus presiones sociológicas.

Mármara Ediciones.

Para encender un fuego – Jack London

Jack London (Estados Unidos, 1976-1916) muestra la lucha del hombre contra la naturaleza o los instintos humanos. En Para encender un fuego London muestra al lector cómo el ser humano debe tener cuidado en cada esquina, porque la muerte podría sorprender o podría llegar de forma desesperada por mano propia. Esta historia se centra en un hombre con su perro que intenta sobrevivir al clima frío mientras trata de encender una fogata; básicamente es una obra que se basa en la “supervivencia del más apto” de Darwin.

Tundra Ediciones.

Evidentemente, estas obras hacen eco de las nociones de Zola, de las corrientes literarias y naturalismo y dejan claro que el movimiento naturalista se asentó por mantener la filosofía de que el ser humano estaba atrapado en sus propias miserias y que, en resumidas cuentas, si lograba salir de la vida paupérrima, quizás sería para algo peor. Sin embargo, Emilia Pardo Bazán llegó a la escena del naturalismo para recordar que los hombres y mujeres podían gozar del libre albedrío, pero aún así no dejó de lado el realismo exagerado que es muy característico del naturalismo literario. 

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