Saboreando la literatura: así es como la escritora Laura Freeman venció la anorexia

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Laura Freeman es una periodista, escritora independiente y crítica de arte que alcanzó el reconocimiento con su primer libro, The Reading Cure, en el que explica cómo logró superar la anorexia. Descubre cómo logró hacerlo.

Escritora habitual para medios como Spectator, Times, Sunday Times, Daily Telegraph, Literary Review y Economist, Laura alcanzó el reconocimiento con su primer libro: The Reading Cure: How Books Restored My Appetite (La Cura de la Lectura: Cómo Los Libros Restauraron Mi Apetito).

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Este libro, que narra el proceso de recuperación de Laura a través de la literatura, le ha concedido la nominación para el Premio Sunday Times Young Writer of the Year y para el First Book and Food Book en Guild of Food Writers Awards.

La autora pretende acompañar a otros que estén sufriendo desórdenes alimenticios y demostrarles que no están solos y que pueden vivir una vida plena, satisfactoria y deliciosa. Así fue el viaje de Laura hacia su recuperación de la anorexia a través de los libros:

Diagnosticada con anorexia en la adolescencia

Freeman fue diagnosticada con anorexia a sus 14 años de edad. Aun cuando afirmaba estar recuperada a los 24 años, seguía comiendo porciones muy pequeñas del mismo tipo de comida durante semanas.

Mucho tiempo después, ya completamente recuperada, la autora admite que su dieta, incluso cuando pensó que estaba curada, era muy aburrida.

Fue un pasaje del libro Memorias de un oficial de infantería, de Siegfried Sassoon, que describía “un desayuno de huevos hervidos comidos en invierno”, lo que hizo clic en ella, abriendo una pequeña abertura a la luz.

Freeman cuenta que, a pesar de que llegó a perder el apetito hasta por la vida, de lo que jamás perdió el apetito fue por la lectura. En medio de su anorexia comenzó a zambullirse en la comida literaria y las cosas empezaron a cambiar. Usó sus libros como un escape y eso la hacía sentir mucho mejor.

“Me sentí cómoda al poder pensar: no estoy en mi habitación de enferma en Londres en febrero, estoy en París con Nancy Mitford.”

Nancy Mitford, Laurie Lee, Sassoon y Charles Dickens le devolvieron el apetito por la vida

Laura seguía recordando las vívidas descripciones de los huevos hervidos de Sassoon sobre tostadas con mantequilla acompañados de chocolate caliente y le hicieron concluir que había una mejor forma de comer: una que fuese aventurera, deliciosa y que se disfrutara sin culpa ni crueldad.

La autora atisbaba la luz al final del túnel de su desorden alimenticio. Animada por su nuevo descubrimiento en la literatura, comenzó a buscar otros autores que describieran el placer de comer de la misma manera que Sassoon.

Se topó con Grandes esperanzas de Charles Dickens y se enamoró de las aventuras del paladar que tenían sus protagonistas. Luego vino La gula sinvergüenza de Laurie Lee, en la que se narra un viaje de placer a España en el que se descubren y se prueban por primera vez platos que jamás habrían sido aceptados por la propia autora.

Camelot, de T. H. White le hizo reflexionar profundamente sobre su condición con la comida y con la vida en sí:

“Cuando estás triste, lo que nunca falla, de lo que tienes el control absoluto, es de enseñarte algo, de aprender algo nuevo. Me hizo darme cuenta de que cuando tengo un mal día, y vaya que los hay, puedo ir a un museo, leer un libro o salir a caminar. Puedo llenar mi cerebro con algo que no es mi propia infelicidad.”

Laura devoró otros títulos trascendentales para ella, como los libros de alimentos de M. F. K. Fisher y Elizabeth David, mientras se apoyaba con la autoayuda de los diarios de Virginia Woolf.

Enamorando a otros de la literatura, la vida y la comida

Totalmente recuperada de su desorden alimenticio, Freeman se ha propuesto como objetivo ayudar a otras personas que padecen de estos mismos trastornos. La autora tiene la expectativa de que sus propias memorias tengan un efecto similar en los demás:

“Espero que a algunas personas que lo lean les resulte alentador saber que no están solos”, dice Freeman.

Para la autora, la lucha contra la anorexia y otros desórdenes alimenticios son un síntoma depresivo que tiene un trasfondo. Sin ánimos de explorar los aspectos psicológicos de la enfermedad, Freeman se enfoca en hacer que las personas con estos desórdenes puedan encontrar maneras de ser felices y amar la vida, sin las restricciones autoimpuestas de la comida.

En cuanto al perfeccionismo actual con el que se vende la comida, la autora es muy crítica y tajante:

“Si bien la anorexia es una manifestación muy específica y muy extrema de una enfermedad mental, hay mucha comida que está, hasta cierto punto, desordenada. Es agradable cuando puedes comer buena comida, saborearla y comer de manera amplia e interesante, pero también está bien si a veces todo lo que puedes comer son sardinas con tostadas.”

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