Las mejores “road-movie” de la literatura universal

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Carretera y viaje: los dos mejores compañeros que puede tener un libro para perderse en las autopistas de las letras...

La road-movie literaria no es un género fácil, pero tiene elementos que lo hacen fácilmente distinguible: personajes que deciden realizar un viaje, renunciando a la rutina y al estado de confort, para encontrar algo, quizás, a ellos mismos.

Si hay un libro por excelencia de las road-movie de las letras ese es “En el camino”. Fue redactado entre 1948 y 1951, pero no fue publicado hasta seis años después, y contribuyó a mitificar la ruta 66. Kerouac nos retrata una América recóndita, al tiempo que auténtica y desinhibida.

Otro de los indispensables es, sin duda, “Lolita”, esa niña más aviesa que inocente que hará perder la cabeza al profesor Humbert Humbert y con el que viajará por las desvencijadas carreteras del país de las barras y las estrellas.

En 1960 un avejentado John Steinbeck, recién recuperado de un ictus y antes de recibir el Premio Nobel de Literatura, inició un largo periplo por carreteras comarcales, el resultado final fueron más de dieciséis mil kilómetros a lo largo de treinta y cuatro estados.

No lo hizo sólo, viajó en compañía de Rocinante -su autocaravana- y Charley -un caniche francés-. Una experiencia que puso en negro sobre blanco en el sorprendente “Viajes con Charley”. Con ese viaje desasirse del virus que embarga al curioso y que provoca un prurito indescriptible.

De Berlín a La Mancha

Dejemos América y centrémonos en el Viejo Continente. Wolfgang Herrndorf con su “Goodbye Berlín” nos ofrece un viaje desternillante protagonizado por dos adolescentes al volante de un malogrado vehículo por las carreteras que unen Berlín con Valaquia. Una lectura que sorprenderá incluso a los más exigentes.

De todas formas, si tuviéramos que elegir un libro de viajes, quizás, solo quizás, muchos se quedarían con la “Odisea”. Un relato que realmente pertenece al subgénero de los “nostos”, un término griego que significa “regreso” –de ahí procede, por ejemplo, nuestro vocablo nostalgia-. ¿Quién no ha fantasmeado alguna vez con ser Ulises y poner rumbo a Ítaca?

En nuestro suelo patrio la road-movie por antonomasia es “Don Quijote de la Mancha”. Y es que sus aventuras no sólo transcurren en la planicie manchega, también se extienden a Aragón y Cataluña.

A bordo de La Poderosa

Para los amantes de la motocicleta hay un libro delicioso, protagonizado por dos veinteañeros, Alberto Granado y Ernesto Guevara de la Serna. Su viaje se inició a comienzos de enero de 1952 y, como dice el Che, su objetivo era recorrer “ocho mil kilómetros en cuatro meses” a bordo de una motocicleta –La Poderosa-, una Norton 500 del año 1939.

La verdad es que Guevara se quedó corto, la aventura se prolongó durante seis meses y medio y recorrieron más de doce mil cuatrocientos kilómetros. Un viaje que marcó definitivamente a sus protagonistas y, con ellos, la historia del siglo veinte.

Se suele decir que sólo a los que saben contar historias les ocurren las anécdotas más divertidas. Esto es justo lo que sucede con Fernando Aramburu y su “Viaje con Clara por Alemania”.

En esta novela está plagada de matices y de registros estilísticos, que utilizan como telón de fondo un lenguaje hilarante y sublime. El libro tiene escenas inolvidables, como la cena en casa de Irmgard o el arreglo de la cañería.

Para el que no le haya convencido ninguna de las ofertas literarias, siempre le quedará Julio Verne, porque de todos los viajes el más extremo e inolvidable es “De la Tierra a la Luna”. Esta novela se devora sin tregua, un verdadero tesoro para los amantes de las road-movie literarias.

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Pedro Gargantilla
Médico, escritor y divulgador. Jefe de Medicina Interna del Hospital de El Escorial de Madrid. Profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.

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