Descubre las 5 comidas menos saludables de tu dieta

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Dicen que un buen paladar prueba de todo. Y puede que sea verdad. Pero cuando se trata de lo que vas a comer a diario, de eso que estará siempre en tu nevera, conviene tomar ciertas precauciones.

Para nadie es una novedad que la manera de comer está directamente relacionada con muchas de las enfermedades comunes de hoy en día, y es por eso que se emprenden campañas para concientizar al público sobre lo que come, para que asuma el control de su vida y no ande luego culpando a la mala suerte.

Hagámonos eco de esa iniciativa: ¿sabías cuáles son las 5 comidas menos saludables?

Las 5 comidas menos saludables que debes mantener bajo control

1. Productos congelados

Son prácticos, lo sabemos, van del congelador del supermercado al tuyo y luego directo al microondas, pero eso que ganas en tiempo lo estás poniendo en riesgo en salud.

La mayoría de estos productos han pasado semanas congelados hasta llegar a tu barrio y, si bien eso mantiene en buen estado la comida, tampoco hace milagros respecto al frescor de la misma.

Esa es la razón de que a menudo se les incluya sustancias conservantes y anticoagulantes que prolongan la vida útil del producto, pero que pueden tener efectos insospechados una vez que estén en tu organismo. Tenlo en cuenta.

2. Frituras

Las frituras son probablemente las comidas más deliciosas del mundo. El aceite tiene esa maravillosa potestad de convertir los olores en sabores, de preservarlos y transferirlos, amén de hacer crocantes las comidas.

Comidas-No-Saludables+Papas-Fritas
(Matthias Böckel / Pixabay CC0)

Pero también es un tipo de lípido peligroso para las arterias, de rápido fijado y, sobre todo, si la comida se fríe en un aceite reciclado, como el que usan en las cadenas de comida rápida.

Fríen y fríen y fríen en el mismo aceite y al final los productos tienen grasas polisaturadas, es decir, con uniones casi indisolubles entre sus moléculas. ¿Y adivina en dónde se van a quedar almacenadas?

3. Snacks en bolsa

Patatas fritas en bolsa, nachos empaquetados, galletas procesadas…, son la muerte.

No solo están hechos, en la mayoría de los casos, de materia prima de segunda, procesada con métodos masivos industriales (a veces fritas como en el ejemplo anterior), sino que contienen añadidos realmente venenosos como glutamato monosódico y varias cepas de colorantes violentísimos.

Todo eso se queda en los riñones. Además, al final estás comiendo carbohidratos fritos con sal o azúcar.

4. Jugos pasteurizados

No todos, de acuerdo, pero la mayoría.

A veces se los prefiere creyendo que son una alternativa saludable a las gaseosas, pero en su mayoría estos jugos contienen conservantes, acidulantes y combinaciones horrendas de o bien aspartame o acesulfame, conocidos y debatidos edulcorantes, sino el tan temido sirope de maíz de alta fructosa, un verdadero destructor de los metabolismos, causante de la cifra alarmante de obesidad infantil en los Estados Unidos.

Puedes perfectamente revisar el envase, en todo caso, y evitar los que contengan este dulcísimo veneno.

5. Carnes procesadas

¿No es preferible ir al carnicero de tu barrio? La mayoría de estos productos empaquetados o enlatados son poco más que residuos del proceso industrial, procesados hasta el hartazgo para no perderle nada a la materia prima.

Seguro, no tiene nada de malo, pero tampoco lo tiene que elijas comer algo con menor contenido de grasas, ¿no crees? Recuerda: la carne de primera se vende como de primera, y eso es porque la despojan de las grasas y del material indeseable. ¿Adónde crees que va a dar eso? Sí, exactamente. A esa salchicha tan rica que te comes.

Evitando estos cinco tipos de productos podrás cuidar bastante bien a tu hígado, tu corazón y tu metabolismo. De más está recordarte que los estragos de una vida sedentaria no puede paliarse apenas comiendo mejor, ni haciendo dieta. Pero siempre está bien alimentarse de manera más auto responsable.

Lee las etiquetas, no ignores el contenido de lo que luego vas a ingerir. Infórmate, acude a fuentes confiables en Internet y aprende sobre los químicos que hay en los productos en los supermercados. Después de todo, las empresas ponen esa información allí para que sea del dominio público, y ante cualquier eventualidad siempre dirán que fuiste tú quien no las leyó.

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