Pomanders o pomas: la solución medieval al mal olor y a las enfermedades infecciosas

La necesidad de oler bien no es una moda del presente, aunque no siempre ha sido tan fácil como ahora conseguirlo. Las mujeres de la alta sociedad en la Edad Media no lavaban sus vestidos para no estropear las telas y tuvieron que idear unos artilugios que les proporcionaran buen olor; adornos perfumadores que recibían el nombre de pomanders o pomas.

Pomander abierto
Pomander abierto

Objetivo: perfumar y prevenir

Pero este ingenioso objeto no solo se utilizaba para camuflar el olor de la ropa.

En la Edad Media, eran comunes las enfermedades infecciosas debido a la falta de alcantarillado y saneamiento de la época. El hedor a basura y excrementos en las calles las hacía irrespirables, y se pensaba que la causa de muchas enfermedades era ese mal olor persistente en ellas.

Por ello, pensaban que el agradable aroma de un pomander repelería las enfermedades y neutralizaría las desagradables emanaciones del aire que respiraban.

Cuadro de una joven portando un pomander
Cuadro de una joven portando un pomander en una cadena de oro (c. 1560–1565, Pourbus)

Funcionamiento de los pomanders

El nombre de pomander, o poma de olor, deriva de la expresión francesa pomme d’ambre, que significa manzana de ámbar. Se trata de una caja o recipiente minúsculo con varios agujeros. Normalmente, eran pequeñas joyas elaboradas con piedras preciosas, oro o plata.

Dentro de este recipiente se introducían hierbas, perfume o esencias que desprendían una suave fragancia.

 

Cuando la persona que lo llevaba se encontraba con un olor desagradable, aproximaba la joya a su nariz y respiraba el aroma.

Muchas pomas se decoraron con motivos religiosos, y algunas de ellas llegaron a albergar en su interior la figura de algún santo.

Símbolo de clases

Tanto los hombres como las mujeres de la alta sociedad lucían un pomander. Acostumbraban a llevarlo colgado del cuello o de la cintura con una cadena que sostenían de la mano.

Al llevarlo siempre a la vista, terminó convirtiéndose en un símbolo de ostentación de las clases pudientes.

La reina Isabel I sosteniendo su pomander
La reina Isabel I sosteniendo su pomander (1585-1590, artista desconocido)

Con el paso del tiempo, el uso de los pomanders se generalizó, y lo llevaban personas de todos los estratos sociales. Eso sí, los materiales empleados en su fabricación siguieron diferenciando claramente el estatus de su portador.

Referencias:

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1 Comentario

  1. ¡Muy interesante el artículo!

    Si querer incomodarla, me gustaría matizar que “pomme d’ambre” significa “manzana de ámbar”, al menos en francés actual.

    ¡Un saludo desde América!

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