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Terapias de tercera generación: qué son, cuántas hay y qué las diferencia de las anteriores

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Las terapias de tercera generación son un tipo de psicoterapia que no solo se enfoca en los síntomas, sino que también trabaja en el dolor emocional. Una de cada cuatro personas a lo largo de su vida sufre algún trastorno mental, siendo los más comunes los relacionados con la depresión y la ansiedad.

Cada vez se utilizan más las terapias de tercera generación, cuyo objetivo es cambiar las conductas problemáticas teniendo en cuenta la relación del paciente con el problema y su entorno. En las terapias de conducta de tercera generación se considera que el origen de los malestares emocionales y conductas problemáticas se deben, en gran medida, a los antecedentes sociales y culturales del paciente.

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¿Qué son las terapias de tercera generación?

Las terapias de tercera generación, también conocidas como terapias de tercera ola, surgieron en la década de 1990, su finalidad es que el paciente trabaje los síntomas basándose en comportamientos y razonamientos, prestando especial atención a los síntomas, malestar emocional y a la relación que sostiene el paciente con el problema y el entorno que lo rodea.

Su perspectiva se dirige hacia la persona afectada por el problema, ya que toma en cuenta su experiencia y contexto para comprender mejor su situación y ver qué le impulsa a desarrollar conductas inapropiadas. La relación entre terapeuta y paciente es fundamental para producir nuevos cambios en las circunstancias de la persona. A través de la comunicación entre ambos se busca cambiar el comportamiento del paciente originando cambios profundos.

¿Cuántas terapias de tercera generación hay?

La respuesta a esta pregunta no es tan sencilla como se puede imaginar, ya que aún se utilizan estrategias de las generaciones anteriores. Los siguientes tratamientos son consideran tipos de terapia de generación:

  • Terapia de aceptación y compromiso (ATC): ayuda a los pacientes a descubrir sus valores fundamentales y a lidiar con el dolor que puede estar relacionado con la búsqueda de una vida más feliz. Su objetivo es crear una vida significativa para sus pacientes donde pueda aceptar el dolor inevitable que puede acompañarles.
  • Psicoterapia analítica funcional: se basa en un diálogo compartido entre el paciente y el terapeuta para realizar los cambios necesarios. Se enfoca en lo que el paciente dice y hace durante las sesiones de terapia, permitiéndole ver cómo se comporta en su vida diaria y qué está causando que el problema persista.

Presta especial atención tanto a la conducta verbal como a la forma en que se expresa, ya que permite al terapeuta observar y atribuir las conductas que está realizando.

  • Terapia dialéctico conductual: ayuda a aquellos pacientes que necesiten manejar correctamente sus conductas y emociones, de forma que controlen sus conductas impulsivas causadas por algún trastorno mental o psicológico, de modo que tanto paciente como terapeuta acepten las vivencias y lo que estas suponen para el paciente. Ambos buscan un equilibrio entre el cambio de comportamiento y la autoaceptación.
  • Terapia integral de parejas: parte de la idea de que las diferencias que hay entre la pareja no deben considerarse como obstáculos. Por el contrario, busca monitorear los conflictos de tal manera que se acepten y así aumentar su nivel de intimidad.
  • EMDR y trauma complejo: sus iniciales significan desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares en inglés. Su objetivo es ayudar a los pacientes a superar cualquier problema relacionado con el trauma y manejar la ansiedad actuando en las redes de neuronas que intervienen en la memoria y emociones.
  • Terapia de activación conductual: este tratamiento es más para personas que sufren de depresión. Se basa en la práctica de actividades que interrumpen la inactividad de la persona. Para obtener un resultado positivo, lo ideal es asignar al paciente actividades fáciles, agradables, progresivas y bien planificadas, especialmente al inicio del tratamiento.
  • Terapia cognitiva con base en atención plena: esta terapia combina la meditación de atención plena con el aprendizaje de nuevas conductas y/o habilidades en la terapia, como la interrupción de todo pensamiento que provoque estados de ánimo ansiosos o deprimidos.

Según algunos estudios, esta terapia debe llevarse a cabo durante mínimo ocho semanas. De esta forma, los pacientes pueden mejorar su calidad de vida y reducir los síntomas de depresión y/o ansiedad.

  • Terapia breve estratégica: se enfoca en el presente del paciente, buscando descubrir el círculo vicioso de comportamientos que mantienen el problema, luego elimina este bucle y le da al paciente la oportunidad de aprender nuevos hábitos para comenzar de nuevo.
  • Reducción del estrés basada en atención plena: como su nombre indica, se basa en la meditación, buscando aliviar el estrés, tanto en personas sanas como en aquellas con enfermedades físicas o mentales. Favorece la atención y concentración, además de promover la espiritualidad.

¿En qué se diferencian con las terapias de primera y segunda generación?

Hasta ahora en psicología se han originado tres olas o generaciones de terapias que se han sucedido tomando aprendizaje de la anterior mejorando su nivel de efectividad y comprensión de procesos mentales y conductuales.

Una de las características de la primera y segunda generación de terapias es que sus enfoques eran más mecánicos en comparación con la tercera.

La primera generación se basaba en entender la conducta como una mediación entre las relaciones entre estímulos y las consecuencias de las respuestas a ellos. Los terapeutas provocaban los cambios de conducta trabajando sobre los datos que obtenían de los comportamientos observados, aunque se vio muy limitada debido a que no se tomaban en cuenta las emociones ni cogniciones.

En la segunda generación, el terapeuta se enfocaba en cambiar los esquemas de creencias y pensamientos del paciente que pudieran generar conductas problemáticas. No obstante, se concentraba totalmente en eliminar todo lo negativo, por lo que se corría el riesgo de causar comportamientos rígidos que también podían ser no funcionales. Además, generalizar esta terapia al contexto de la persona en ocasiones se volvía complicado, existiendo riesgo de alguna recaída.

Por su parte, la tercera ola tiene un enfoque más cercano al contexto que presenta cada paciente, teniendo en cuenta no solo los síntomas, sino mejorar la situación cotidiana y la vinculación con su entorno y así generar un cambio permanente y real que permita superar el malestar.

Se basa principalmente en el poder del diálogo entre terapeuta y paciente para que ambos trabajen activamente en un cambio de conducta, en lugar de ser un medio donde el terapeuta solo indica estrategias al paciente, como era frecuente en las generaciones anteriores.

La mayor clave de esta terapia es la aceptación del presente, en lugar de la resignación. Todo esto después de que, entre el terapeuta y paciente, hagan un análisis donde comprendan la causa del problema, con el objetivo de lograr cambios reales y así reducir los síntomas. 

Las terapias de tercera generación entienden que cada persona es un todo con su propia historia y circunstancias vitales. Para hacer esto, se elabora un tipo de mapa concreto sobre el contexto del paciente, donde se consideran los síntomas y los problemas reales, además de cómo interactúa y se siente dentro de su entorno, así como su historia y la situación actual.

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