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Hikikomori: significado, características, tratamiento y casos reales de recluidos en Japón, México y España

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Hikikomori, mal llamada a veces la enfermedad de no relacionarse con nadie, es un padecimiento donde los individuos se mantienen recluidos, alejándose del mundo exterior y viviendo en un mundo de fantasía gracias al internet. Muchos no pueden comprender como una persona logra vivir por tanto tiempo dentro de su habitación sin interactuar con nadie, por lo que en este artículo se explorará todo lo referente a este fenómeno.

¿Qué es hikikomori? Este término se relaciona con una afección que suelen padecer los varones entre los 15 y 25 años, donde deciden asilarse en su habitación, dejar de estudiar y trabajar para dedicarse a jugar en la computadora. A primera instancia puede pensarse que un hikikomori no es más que un joven perezoso, pero expertos en salud mental, después de estudiar los casos han concluido que se trata de un fenómeno más complejo que eso, pues estas personas son capaces de permanecer recluidos por años poniendo en riesgo su salud.

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¿Qué son los hikikomori?

La definición de hikikomori hace referencia a un padecimiento donde las personas viven recluidas en sus casas, específicamente en sus habitaciones, alejándose de toda interacción social, manteniendo contacto con otras personas solamente a través del internet. El término apareció por primera vez en el año 1998 por el psiquiatra Tamaki Saito en su libro Sakateki hikikomori, una adolescencia sin fin, donde lo definía como aquellos individuos que se retiran de la sociedad, permaneciendo dentro de sus casas por periodos mayores a 6 meses. El trastorno se daría a mitad de sus 20 años y esta condición no se explica mejor por otro trastorno psiquiátrico.

El término hace referencia tanto al fenómeno sociológico  como a las personas que lo sufren. Las principales víctimas son los adolescentes japoneses, que se aíslan en sus habitaciones en casa de sus padres, pudiéndose recluir durante años, razón por las que suele decírseles «adolescentes hikikomoris». Sin embargo, el trastorno puede presentarse en personas de todas las edades y países.

Al principio se pensaba que el perfil de un hikikomori era de un joven varón adicto a los videojuegos, manga y anime, es decir, un otaku hikikomori o un nini hikikomori. Pero los psicólogos afirman que es un fenómeno más complejo que eso y que afecta a una parte más amplia de la población,  que incluye a mujeres y adultos ya jubilados.

Prevalencia en Japón

Los japoneses que no salen de casas en Japón son alrededor  de unas 1,15 millones, de los cuales unos 613.000 tienen entre 40 y 64 años, pero muchos expertos creen que la cifra total es mucho más alta, pues a veces tardan años en pedir ayuda y muchos viven atrincherados en casas de sus padres. El mismo Tamaki Saitō estima que la cifra puede ascender a unas a 10 millones de personas, lo que representa unas 12, 6% de la población.

Si bien el fenómeno de aislarse en casa no es exclusivo de Japón, su sociedad es especialmente vulnerable a sufrirla, además el país tiene la mayor cantidad de personas con este padecimiento, por lo que habría una fuerte relación con la cultura japonesa, al caracterizarse por tener normas sociales rígidas, altas expectativas de los padres y la cultura de la vergüenza, donde a través de la humillación se busca eliminar la conducta no deseada, algo común en occidente.

El hikikomori es tan frecuente en Japón que es común ver el fenómeno del hikikomori en anime y otras obras:

  • Tokyo! .Fragmento «Tokyo Shaking», de Bong Joon-ho.
  • Me~teru no Kimochi, Manga de Hiroya Oku.
  • Yume Nikki, Videojuego de PC de Kikiyama
  • Kagerou Project, unas novelas ligeras, Manga y Anime del escritor japonés Jin.
  • Hikikomori, novela de Ellen Kennedy y Tao Lin.
  • Welcome to the N.H.K, Novela de Tatsuhiko que fue adaptada a manga y anime.

Efectos del aislamiento

Los síntomas del hikikomori suelen presentarse por el aislamiento extremo. A nivel psicológico, la persona pierde sus habilidades sociales, por lo que se le dificulta reintegrarse a la sociedad. A nivel físico, la nula actividad física junto con una pobre alimentación puede provocar la pérdida de masa muscular, desnutrición, sufrir anemias y debilitamiento en las articulaciones. Los familiares pueden verse también afectados cuando un miembro de la familia tiene esta condición, pues pueden ser víctimas de ataques de violencia si el hikikomori se enoja, o desarrollar algún trastorno como depresión.

Diagnóstico y tratamiento

No es fácil diagnosticar a una persona que sufra este trastorno, pues no existe algo como un “test hikikomori”, además, este síndrome puede confundirse con otros padecimientos, como la adicción al internet, una afección mucho más frecuente. En el año 2003 el Ministry of Health, Labour and Welfare de Japón  propusieron una definición junto con una sugerencia de criterios diagnósticos:

  • La persona  permanece la mayor parte del tiempo en casa.
  • No tiene interés en asistir al colegio o al lugar de trabajo.
  • El aislamiento persiste por más de 6 meses.
  • La persona no sufre de esquizofrenia, retraso mental o trastorno bipolar.
  • Se excluyen los individuos con que se mantenías relaciones interpersonales, como los amigos.

Durante la evaluación clínica se debe explorar la posible existencia de psicopatología comórbida, es decir,  cuando la persona presenta dos o más trastornos o enfermedades, para así proceder con el tratamiento adecuado.

¿Qué hacer con un hikikomori una vez que tiene el diagnóstico? se procede a un tratamiento.  La terapia para hikikomori se debe enfocar en promover la integración de los afectados en su propio rol social. Por ejemplo, si son adolescentes, deben volver a la escuela, habiendo concienciando a los profesores que deben cuidar a los alumnos que falta, o al mercado laboral, que puede ser especialmente difícil en el caso japonés, puesto que muchas empresas no contratan a personas que no han trabajado en un rango largo de tiempo para no arriesgarse a tener un empleado que haya sufrido este trastorno.

Los padres o familiares también ocupan un papel importante en el tratamiento para el hikikomori, pues estas deben ser educadas para que pierdan el miedo a interferir en la vida de sus hijos y no lo empoderen a puntos extremos que provocan que rara vez acudan a servicios de salud, y cuando lo hacen los abandonan después de investigar sobre ellos.

Enfoques de tratamiento

Entre los tratamientos, terapias, intervenciones y programas que forman parte del tratamiento para el síndrome de hikikomori están los enfoques terapéuticos dirigidos por el profesional en salud mental, y según su evaluación recomendará intervención temprana, hospitalización, farmacoterapia, antidepresivos o medicina tradicional china. También pueden ofrecer psicoterapia y psicoanálisis, terapia familiar, la nidoterapia y la terapia narrativa.

El enfoque social consiste en una serie actividades grupales y de apoyo donde se le ofrece la oportunidad de socializar, cuidando que los mensajes que se envíen no tengan etiquetas estigmatizantes. Por último, el enfoque educativo donde los educadores y trabajadores sociales proporcionan entrenamiento tanto en habilidades sociales como en el manejo de emociones, habilidades interpersonales y entrenamiento para que puedan reintegrarse en el mundo laboral.

En ensayos realizados por el Dr. Takahiro Kato, profesor Asociado del  Departamento de Neuropsiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas en la Universidad de Kyūshū, ha demostrado resultados satisfactorias con su propuesta, que consiste en sesiones de psicoterapia grupal psicodinámica, de una hora de duración y frecuencia semanal, donde más del 50% de los individuos comenzaron a reinsertarse en la sociedad.

Características de los hikikomori

Las características del hikikomori han variado una vez que se han documentados más casos, habiendo aspectos importantes que los diferencian de otros padecimientos.

Pueden salir de forma esporádica

El hikikomori es capaz de salir esporádicamente a la calle si necesita adquirir productos de primera necesidad, pero usualmente realizan las compras en un horario donde no se encuentre con muchas personas, como a primeras horas de la mañana o la noche, evitando el contacto social. También hay casos donde salen a realizar ciertas actividades para esconder su condición, como usar trenes sin ningún rumbo fijo.

Sufren de sobreprotección

Muchos hikikomoris fueron sobreprotegidos por miembros de su familia desde la infancia, pues siempre desean mantener a los hijos dentro de casa, por lo que esta condición  suele aparecer entre los chicos de clase media-alta ya que son sus progenitores quienes pueden permitirse mantener un hijo en casa sin estudiar o trabajar. Cuando a los niños se le quita su autonomía, tiene efectos es su desarrollo psicosocial. A esto se le suman  las elevadas expectativas de los padres y estar sometidos constantemente a una elevada presión académica desde la infancia.

Edad y sexo

La mayoría de las personas hikikomoris empiezan a aislarse durante la adolescencia, por lo que muchos asocian el síndrome con la crisis de identidad que se experimenta en esa etapa. Si bien las mujeres pueden experimentarlo, esta afección afecta principalmente a los varones. No presentan esquizofrenia, retraso mental y trastorno bipolar. Además, suelen vivir en países desarrollados o muy industrializados.

Se aíslan de la realidad

Las habitaciones japonesas juveniles de los hikikomoris suelen estar muy desordenadas y sucias. Una habitación desordenada en psicología puede indicar que la persona está muy ocupada, pereza o falta de organización, por lo que podría reflejar el desorden de su mente.

Al tener herramientas como internet y videojuegos, facilita que la persona con este síndrome se aísle, pues se dedican a jugar juegos online, ver televisión, leer manga (comic japonés) o ver anime (series animadas japonesas). Suelen tener las persianas o las cortinas cerradas para que no entre luz y desconectarse del exterior. Suelen presentar un patrón de sueño invertido, durmiendo por el día siendo activos por la noche.

Mantienen una relación instrumental con sus padres, pudiendo actuar de forma agresiva con ellos, llegando a  ser exigentes y tiranos, mostrándose violentos y llegando a amenazarlos con suicidarse si les sacan de su habitación.

Casos de hikikomori en el mundo

Existen casos reales de hikikomoris no solo en Japón, sino que este síndrome ha llegado a presentarse en varios países como Reino Unido, Corea del Sur,  donde se estimaba en el año 2005 que había unos 33.000 adolescentes aislados. En Hong Kong una encuesta de 2014 calculó que alcanzaba el 1,9% de su población. También hay casos fuera de Asia, como Italia, España o Francia, haciendo ver que este fenómeno no se debe netamente por la cultura japonesa, como se pensaba en sus inicios.

Japón

Japón es el país donde se detectaron los primeros casos y es el país donde se han registrados más más personas con este padecimiento. El país tiene diferentes elementos de su cultura que hacen que este síndrome sea más propicio, a lo que se le suma la vergüenza que siente la familia cuando tiene un miembro hikikomori, por lo que esconden la condición y tardan en buscar ayuda.

Un hombre convivio con el cuerpo de su padre

Los hikikomori en adultos son casos cada vez más frecuentes. Un hombre de 61 años fue acusado en el año 2019 por convivir por casi 1 mes con el cadáver de su padre, de 91 años de edad. El acusado solo mantenía contacto con sus padres, pero su madre murió de cáncer cuando tenía 20 años, desde entonces era él y su padre. 

Durante el juicio el acusado declaró que cuando se dio cuenta de que su padre falleció, se dedicó a mantenerlo limpio, cambiándole la ropa, alejando los insectos y utilizaba un aerosol para evitar el mal olor. También colocó una sábana de plástico bajo el sofá donde estaba ubicado el cuerpo de su padre para evitar que sus fluidos ensuciaran el suelo. A pesar de saber que lo que hacía era terrible, el hombre no quería dar aviso para no sentirse solo, hasta que un vecino sintió el mal olor y aviso a las autoridades. El acusado fue condenado a 1 año de cárcel.

El caso de Tomoki

Tomoki (un seudónimo) es un hombre (para cuando se hizo la entrevista en 2019) de 25 años que había abandonado su trabajo hace en el año 2015. En ese entonces estaba decidido a volver a trabajar, visitaba a sus compañeros y asistía a un centro religioso casi a diario, pero, cuando el líder de dicho grupo empezó a criticar públicamente su aparente incapacidad para volver al mundo laboral empezó los problemas. Tomoki empezó a sentir que todo era su culpa, y sentía la presión de su familia a lo que se le suma que el líder religioso lo empezó a llamar casi a diario, lo que lo empujó a asilarse.

México

En México no se han detectado casos de hikikomoris como tal, lo más similar en este país son casos de personas con fobia social o esquizofrenia. Sin embargo, cabe la posibilidad que existan personas con este padecimiento pero que no han sido diagnosticadas.

España

Existen casos de hikikomori en España, a pesar de creer que es un fenómeno del país nipón. En 2014 se detectaron en Cataluña unos 164 casos que aparecen en el estudio dirigido por investigadores del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Hospital del Mar de Barcelona y publicado en International Journal of Social Psychiatry. El primero en darse cuenta de esta afección en el país fue Javier García-Campayo en el año 2007, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza.

Su caso fue el primero en occidente y el segundo fuera de Japón. García-Campayo desconocía este síndrome, hasta que una de sus pacientes le comentó que su hijo no salía de su habitación, por lo que se ofreció a verlo en su casa. Al llegar y hablar con el joven se sorprendió, pues su afección no se parecía a nada antes visto, diferenciándose de síndrome de Diógenes, fobia social o esquizofrenia.

Los hikikomoris en España tienen un mejor pronóstico que en Japón, el mismo Dr. García-Campayo ha afirmado que el tiempo máximo de los hikikomoris es de 1 a 2 años, recibiendo tratamiento entre tres y seis meses, 12 como máximo, logrando reincorporarse a la sociedad y tener amistades, aunque sean pocas.

El caso de L.J

L.J tenía 16 años cuando abandonó la escuela y empezó a trabajar, pero a los 18 años abandonó su trabajo y empezó a recluirse en su habitación, solamente salía para a comprar pequeñas cantidades de drogas y artículos tecnológicos. A esto se le suman que sufrió una serie de problemas odontológicos, por lo que se cayeron unos 20 dientes, lo que lo empujaba más a aislarse. Cuando cumplió 25 años fue obligado por su madre a visitar la unidad de psicología de la Fundación Jiménez Díaz en Madrid. Empezó a recibir terapia y tratamiento médico, logrando salir de su casa y recibió tratamiento odontológico.

El caso de A.C

A.C vivía bien con su primer empleo en una oficina en Madrid donde recibía un suelo de 1.200 euros, pero cuando fue despedido en el año 104 tuvo que volver a vivir con sus padres ubicados en un pueblo en el norte de España. Al inicio buscaba un nuevo empleo, pero poco a poco se quedaba recluido en su habitación jugando con la consola y hablando por Facebook, hasta llegar al punto que sus padres le dejaban la comida en la puerta.

 A.C tuvo que recibir tratamiento psiquiátrico, y entendió que tenía una condición, poco a poco se fue desconectando y volvió a sentirse cómodo en el mundo exterior y relacionándose con otras personas en persona.

Causalidad del fenómeno de los hikikomoris

Hasta el momento se manejan diversas hipótesis de cómo es posible de que una persona se mantenga recluida por tanto tiempo. Muchos apuntan al desarrollo del internet y la globalización, pero la tecnología por sí sola no puede provocar este síndrome. Entre los posibles factores que pueden generarlo están:

Factores biológicos

Hasta ahora no hay mucha evidencia que indique que existan determinantes bases biológicas para explicar el aislamiento social. El único estudio que se ha hecho indicó que los sujetos presentan personalidad evitativa, un trastorno de la personalidad, junto con nivelas bajos de ácido úrico en los varones y niveles altos de colesterol de alta densidad (HDL-C) en mujeres. Por lo que se generó la hipótesis que la personalidad evitativa estaría relacionada con la interacción entre el estrés oxidativo y la inflamación, pero hace falta que este estudio se replique.

Presión familiar

En todas las sociedades la presión suele caer en los hijos mayores, en especial en las familias más acomodadas donde tienen un alto nivel educativo y recursos financieros, por lo que se preocupan excesivamente por la educación de sus hijos. El que tengan tan altas expectativas pueden causarles a los hijos crisis de confianza y sentirse despreciados e incomprendidos por sus padres y profesores. Muchos de estos niños también tienen clases particulares, por lo que carecen de tiempo de ocio y más estrés.

Experiencias infantiles traumáticas

Experiencias como sufrir rechazo de los padres, acoso o exclusión escolar, sobreprotección, la muerte de un familiar y la dificultades de los padres de generar vínculos de confianza al desde la infancia puede llevar a una persona a recluirse como lo hacen los hikikomori. También hay rasgos de la personalidad que pueden facilitar la aparición de este síndrome como la timidez, introversión y la tendencia a aislarse.

¿Por qué el fenómeno de los hikikomori es tan frecuente en Japón?

Varios expertos han señalado diversas razones por la que este síndrome tiene mayor prevalencia en este país.

Una sociedad muy exigente

La sociedad japonesa se caracteriza por ser extremadamente competitiva, característica que le permitió ser una de las mayores potencias a pesar de no contar con grandes recursos y las consecuencias que sufrió tras la Segunda Guerra Mundial. Pero esto ha llevado a las personas a ser extremadamente exigentes con el resto desde que los niños asisten al preescolar, presión que se extiende hasta la edad adulta. Si alguna persona no alcanza las expectativas sociales y se diferencia del resto, es rechazado socialmente, tanto en el ámbito familiar, como con sus amigos o compañeros de trabajo.

En el sistema de educación japonés la intimidación por parte de los profesores son frecuentes y se les suele alentar a aprender, más no a desarrollar pensamiento crítico. Los padres suelen aceptar esta intimidación, pues consideran que es necesaria para modificar la conducta del niño y se pueda adaptar mejor. También es común que otros  niños se intimiden entre ellos, generando desconfianza y resentimiento.

Si bien la vergüenza social es algo que existe en cada cultura, en Japón tienen una connotación especial y se asocia con la reputación. Sekentai  es un término que se refiere a como los individuos son percibidos en la sociedad, esta palabra tiene una fuerte carga, pues las persona siente que tiene una obligación con la sociedad y la familia. Esta vergüenza puede impulsarlos a  asilarse, al sentir que han fracasado. Entre más años pasen recluidos, más vergüenza sienten.

Crisis inmobiliaria de los 90

Tamaki Saitō notó que este fenómeno se dio después de la crisis inmobliaria que sufrió el país en 1990. Los precios de las acciones sufrieron un fuerte descenso y los precios de los bienes inmuebles se desplomaron. Estas acciones tenían como garantía los bienes inmuebles, por lo que el sistema financiero entró en una grave crisis, y en el año 2002 el desempleo alcanzó al 2.5% de la población.

Tradicionalmente, en la sociedad japonesa es el varón quien es proveedor, llegando  a ser tan colectivista que puede dejar a un lado su familia y el mismo por el bien de la empresa. Esta época de crisis económica puede haber impulsado a muchos varones a recluirse al sentirse totalmente fracasados.

Estructura familiar tradicional de Japón

En la estructura familiar tradicional japonesa, los hijos viven con sus padres hasta que terminan su educación superior, tienen un trabajo o contraen matrimonio. Esto se debe a que se tiene la creencia o expectativa de que los hijos contribuirán en el hogar hasta que tengan uno estructurado. Pero el hikikomori no trabaja ni estudia, y los padres muchas veces actúan de forma complaciente o se sienten extremadamente avergonzados al sentir que fallaron, por lo que esconden la situación. En ambos casos, ambas posturas provocan que este comportamiento perdure en el tiempo.

Otro aspecto a evaluar es el estilo educativo de los padres, caracterizado por un padre periférico, decir,  tienen un papel muy secundario dentro de la familia, mostrándose se muestra irresponsable, no autoritario y muy permisivo. Por su parte, se mantiene un vínculo materno extremadamente prolongado en el tiempo.

A esto se le suma la tendencia de los hogares japoneses en tener solo un hijo. Si la presión familiar antes podía ser repartida entre varios hermanos, ahora todas las expectativas se concentran en uno,  provocando crisis psicológicas y que los jóvenes prefieran esconderse de la sociedad.

Los hikikomori son más que jóvenes recluidos en sus habitaciones que no quieren hacer nada. En Japón el fenómeno es tan común, que en un documental sobre hikikomoris se reveló que la organización, New Start, tiene un grupo de mujeres que trabajan visitando a los hikikomoris para ayudarlos a volver a la sociedad, logrando que unas 3.00 personas vuelvan a tener una vida normal. La salud mental es un tema tabú en muchas sociedades, lo que provoca que muchas personas no tengan calidad de

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