Sangre en la Hungría de entreguerras: Terror Rojo, Terror Blanco y holocausto

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Hungría no pasó tiempos pacíficos en el periodo intermedio entre las dos guerras mundiales. Te contamos a qué se debió esto y cómo el Tercer Reich colocó a Hungría todavía más contra las cuerdas.

Las consecuencias de la Primera y la Segunda Guerra Mundial fueron devastadoras, tanto que marcaron un antes y un después en la historia de la humanidad. Asimismo, el período de tiempo entre ambas no fue precisamente una época de paz, especialmente para un país como Hungría. Desde dictaduras hasta enfrentamientos, el antiguo imperio vio correr sangre en su tierra durante esos tensos años, mientras buscaba reestablecerse.

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El Terror Rojo y el Terror Blanco

Después de que finalizara la Primera Guerra Mundial, los años siguientes fueron especialmente difíciles para Hungría. Cuando su monarquía cayó, la economía quedó por el suelo y se encontraba militarmente derrotada. Por lo tanto, lo primero que se hizo fue llamar a elecciones; finalmente, en marzo de 1919, Béla Kun se alzó en el poder como el primer ministro de la ahora República Soviética de Hungría, en medio de los comunistas y los socialistas demócratas.

Aunque corta, resultó ser una dictadura comunista (conocida como el Terror Rojo) que desencadenaría en un enfrentamiento civil, por lo que a comienzos de agosto de 1919 la República Soviética se disolvió. En ese tiempo, las fuerzas militares de Rumanía invadieron el país, llegando a ocupar la capital Budapest.​

Posterior a esos eventos, a principios del siguiente año, el vicealmirante Miklós Horthy fue declarado regente por la Asamblea Nacional. Horthy, que anteriormente había sido edecán del emperador Francisco José I, mantuvo un perfil aristocrático, nacionalista y anticomunista, y logró consolidar un régimen que le daba casi los mismos privilegios que a un rey, así que el poder quedó en sus manos.

Por lo tanto, y gracias a la aprobación que recibió de los partes más conservadoras, pudo mantenerse al mando durante 25 años. También anuló la constitución de la anterior república a través de un gobierno de concentración, y buscó la forma de conseguir un convenio de paz.

Con el fin de que no hubiera partidarios comunistas y que la población se sometiera al nuevo régimen, comenzaron una ola de actos atroces y crueles por parte de soldados extremadamente nacionalistas que habían asistido después del llamado hacia un nuevo Ejército Nacional. Los asesinatos en masa fueron realizados tanto por unidades del Ejército dirigido por Mihály Horthy como por organizaciones paramilitares.

Estas unidades fueron conocidas como la Guardia Blanca, y ejecutaron una serie de asesinatos, torturas y humillaciones de personas que sospechaban eran simpatizantes comunistas. Como advertencia al resto, varias veces hicieron que estos sospechosos fuesen ahorcados públicamente. También agredieron a otros sectores como el campesinado, aquellos que se consideraban liberales en el ámbito político y especialmente a la población judía que residía allí. A este último grupo se les culpaba del gobierno anterior ya que en gran parte había sido judío.

No obstante, el rey Carlos IV regresó a Hungría con la intención de reestablecer su autoridad en marzo de 1921. Lo intentó dos veces, y en ambas ocasiones Horthy y sus emisarios lo convencieron de volver al exilio. Después, en el otoño de ese mismo año, el gobierno decidió enfrentarse a las unidades paramilitares, ya que estas habían perdido poco a poco su ventaja contra los enemigos del régimen y además podían representar un nuevo riesgo político, sumando el hecho de que estaban dañando la imagen exterior del país y, por consiguiente, entorpeciendo las relaciones del país con las potencias; por lo que, con​ la disolución de la última unidad en enero de 1922, se consideró el final del Terror Blanco en Hungría.

El decenio de Bethlen

Mientras tanto, en 1921, el nuevo premier István Bethlen pudo estabilizar el país. En el aspecto económico, recuperó la producción industrial y logró mantener controlada la inflación. También, como permitió algo de libertad de prensa así como de independencia judicial, la Sociedad de Naciones permitió el ingreso de Hungría en el año 1922.

Por otra parte, aquellos países que salieron favorecidos por su división formaron la llamada Pequeña Entente, en caso de que hubiera un irredentismo magiar. Bethlen, para contrarrestar esta alianza, decidió fortalecer más los lazos con Polonia e Italia, que en ese entonces era fascista.

Aún así, Hungría no pudo evitar la Gran Depresión que ocurrió en 1929, que bajó el precio de sus exportaciones y afectó críticamente su sistema bancario. Ante eso, Bethlen renunció a su cargo, por lo que, tras un corto período de tiempo sin nadie que lo reemplazara, el general Gyula Gömbös tomó su puesto y se encargó del gobierno a finales del año 1932.

El tercer Reich

En 1933, cuando Adolf Hitler fue nombrado canciller alemán, Gömbös fue el primero (en cuanto a gobernantes extranjeros) en visitarle, lo que provocó un vuelco a la  extrema derecha de la política húngara y una aproximación en política exterior tanto a la Alemania nazi como a la Italia fascista. Gracias a eso, Hungría consiguió beneficiarse temporalmente, pues varias de las disputas con Checoslovaquia, la Eslovaquia, y Rumanía por territorios se solucionaron con acuerdos que beneficiaron a Hungría.

De ese modo, Alemania fue su primer socio económico y militar. Después de que Gömbös falleciera, los que le siguieron trataron de nivelar la situación, pero fue sumamente complicado, especialmente cuando en 1938 Alemania se fusionó con Austria, convirtiéndose en su territorio y, por ende, su colindante.

La ideología fascista tenía una gran popularidad en Hungría. Cuando el gobierno de Horthy hizo un pacto de cooperación con Alemania, proclamó leyes antisemitas y movilizó a más de 100 mil varones judíos para que realizaran trabajos forzados para las huestes alemanas. Debido a que las condiciones de trabajo eran deplorables y que eran continuamente maltratados, 42 mil de ellos murieron.

La guerra

Ya en 1940, Hungría fue miembro de las potencias del Eje al firmar el Pacto Tripartito, presionado por Alemania, y si bien tampoco deseaba involucrarse en el conflicto bélico que se había iniciado (o al menos no hacerlo directamente), el ejército húngaro invadió a Yugoslavia y después a la Unión Soviética, todo en el año 1941. No obstante, después de la rendición de Italia en septiembre de 1943, y habiendo sufrido grandes pérdidas económicas, militares y humanas, Hungría sostuvo negociaciones de paz secretas con los Estados Unidos y el Reino Unido.

Como Hitler estaba al tanto de esas conversaciones, en marzo de 1944 le ordenó al ejército alemán que ocuparan el país para que no escapara de la misma manera que lo había hecho Italia ante los antifascistas. Mientras tanto, Horthy estaba firmando un pacto de tregua entre Hungría y la Unión Soviética cuando las tropas de esta última se estaban acercando al territorio del primero.

Para obligarlo a desistir, los alemanes secuestraron al hijo de Horthy. Este no tuvo más opción que anular el armisticio, y poco después fue internado en Alemania como un prisionero, dejándole su puesto al líder del partido Cruz Flechada, Ferenc Szálasi, quien estaba dispuesto a colaborar con los alemanes. Aun así, tanto el ejército húngaro como el alemán que se encontraban en Hungría fueron vencidos por el ejército soviético en el año 1945, dando fin a la guerra.

Las víctimas

La cifra de fallecidos durante la Segunda Guerra Mundial rondaba alrededor de 300 mil soldados y 80 mil civiles húngaros, además de que muchas ciudades sufrieron daños, especialmente Budapest. Cuando el conflicto bélico comenzó, la población judía en general que se encontraban viviendo en Hungría todavía no estaba siendo hostigada, pero sí discriminada en términos legales que iba en aumento.

Sin embargo, cuando Hungría adhirió su ejército a las tropas alemanas para que los apoyaran en su invasión a la URSS, les dio también alrededor de 18 mil judíos, mayormente ciudadanos de Polonia y Rusia que estaban refugiados, a los que asesinaron en Kamenetz–Podolsk.

No obstante, fue con la llegada de Adolf Eichmann y sus colaboradores que comenzaron los destierros y el exterminio de los judíos, todo esto en abril de 1944. En tan solo 56 días, llevaron a 424 mil judíos a Auschwitz, y seis meses después, al establecerse Szálasi en octubre, fueron eliminados en las zanjas del río Danubio el resto de los judíos que aún quedaban en la capital, que eran miles.

Por otro lado, unas decenas de miles de judíos, compuestos esencialmente por mujeres, fueron trasladados a los límites entre Hungría y Austria. Como tal, aproximadamente 565 mil personas judías murieron en tierra húngara durante la Segunda Guerra Mundial.

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Referencias:

Balogh, E. S. (s. f.). red terror –. Hungarian Spectrum. https://hungarianspectrum.org/tag/red-terror/

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