Cánones de belleza: los estándares de belleza actuales y su evolución en la historia

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Nueve cánones de belleza que representan nueve momentos históricos, para entender cada cultura a través de sus estándares de belleza totalmente diferentes. Cada uno da cuenta indirectamente del modo de pensar de dichas sociedades, y también de cómo ha ido cambiando la definición de belleza con el paso del tiempo.

Los estándares de belleza de cada una de las culturas no se pueden separar del rol que desempeñaban sus integrantes en ellas. Por tal motivo, además de los conceptos particulares, sus restricciones o libertades y sus creencias son parte esencial de los cánones de belleza.

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Los cánones de belleza en el mundo  

La belleza es subjetiva y ha sido conceptualizada por diferentes pensadores. Una excelente definición es la del filósofo de la Ilustración David Hume (1711-1776) quien dijo que: “la belleza es un placer sensible que se exterioriza en una representación perfecta”. Pero una cosa es la belleza, que no deja de ser algo etéreo y relativo a quien lo mira, y otra son los cánones de belleza.

Qué es un canon de belleza

Un canon es un modelo, o también un grupo de reglas, que por supuesto alguien establece. Por lo tanto, la definición de canon de belleza sería: “el conjunto de normas que se utilizan para expresar la belleza”. En este caso ya la belleza deja de ser algo subjetivo y se convierte más bien en un símbolo, lo que significa una idea que es válida en una cultura específica y para un tiempo histórico determinado.

Cómo se creó el canon de belleza en cada cultura

Todo canon necesita un ente difusor. En la actualidad tenemos medios de comunicaciones poderosos, pero no era así por ejemplo en la prehistoria. Por esta razón, en la mayoría de las culturas los cánones de belleza fueron difundidos a través del arte, bien fuera una estatuilla, una pintura o una escultura. Esto también quiere decir que fue el propio artista quien decidió, en primera instancia, cuáles eran esos atributos que iba a plasmar en su obra.

Por qué los cánones de belleza cambian

Los cánones de belleza pueden durar mucho tiempo, o no. Todo depende de si lo que transmiten sigue siendo representativo para quienes lo interpretan. Pero sucede que, al ser el canon de belleza un producto cultural, generalmente cuando la sociedad cambia éste pierde vigencia porque comienzan a privar nuevos valores.

Cánones de belleza a través del tiempo y las culturas

A continuación hacemos un recuento de nueve culturas, reflejando sus cánones de belleza según cada momento histórico, los cuales obedecieron al conjunto de atributos que se describen.  En este caso se refiere específicamente a los estándares de belleza femenina o masculina.

La belleza femenina en el Paleolítico

En esta etapa de la prehistoria se observa cómo los cánones de la belleza femenina se relacionaban con el rol de la mujer, así como con la forma en que el mundo era interpretado. Se cree que en estos remotísimos tiempos el sexo masculino no estaba consciente de su participación en la reproducción, y la maternidad era percibida como un misterio de la naturaleza. Por lo tanto, la hembra era considerada como una especie de diosa capaz de dar vida, lo cual era fundamental para perpetuar la especie.  

Canones-De-Belleza-Venus-Wildendorf
La Venus de Wildendorf tal como se expone en el Museo de Historia Natural de Viena, Austria (Bjørn Christian Tørrissen, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

En tal sentido, las féminas más atractivas eran las mejor dotadas para la maternidad, lo que se evidencia en la colección de estatuillas descubiertas, siendo la más famosa la Venus de Willendorf que data de hace más o menos 20.000 años. La mujer representada a través de esta figura es obesa, con una gran cantidad de grasa como reserva de energía necesaria. Además, tiene las caderas muy anchas, muestra de su capacidad para albergar un ser y dar a luz sin inconvenientes, así como grandes pechos para garantizar la leche adecuada a su descendencia.

Canon de belleza egipcio

En el antiguo Egipto el sexo femenino se consideraba igual al masculino y ellas conservaban sus derechos civiles después del matrimonio, por lo que muchas mujeres se dedicaban a sus negocios propios o seguían ejerciendo sus profesiones. Ellas podían ser sacerdotisas, e incluso algunas llegaron a asumir el rol de faraonas. Por tal razón, la inteligencia era una cualidad que se apreciaba en el sexo femenino, lo que era asociado a tener el cuello largo.

Busto de Nefertiti tal como se expone en el Museo Neues en Berlín (Philip Pikart, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Para esta civilización la belleza iba más allá de lo simplemente estético, y la palabra que la describía, la cual es Nefer, se refería más bien a la perfección en todos los sentidos. El canon de belleza egipcio asumía una figura delgada, con las manos y los pies pequeños al igual que los pechos, pero las caderas anchas. Algo que se consideraba primordial era la suavidad de la piel, por lo cual acostumbraban a bañarse con leche y miel.

Tanto las mujeres como los hombres se depilaban todo el cuerpo, ya que el vello era considerado algo feo y sucio, y por este motivo usaban pelucas. Igualmente, ambos sexos se maquillaban exageradamente los ojos con diferentes tipos de pintura, especialmente con tonos negros, verdes y azules, lo cual también les servía de protección contra el sol.

Canon de belleza griego

En la Grecia clásica se impuso un ideal de belleza griega femenina basado en las proporciones aritméticas. Esto también aplicaba en el caso de los hombre, ya que en esta sociedad surgió un canon de belleza masculino casi más categórico que el de las mujeres.

El canon de belleza griego establecía relaciones de las medidas del cuerpo con respecto a la cabeza. El escultor Policleto (480-420 a.C.) determinó que un cuerpo perfecto era aquel que medía siete cabezas, aunque luego apareció otro escultor llamado Lisipo (390-300 a.C.) y determinó que eran ocho. Estas relaciones matemáticas también se aplicaban para el rostro, estableciendo dimensiones específicas entre los labios y la nariz, así como en cuanto a la distancia adecuada entre los ojos.

La belleza ideal femenina consideraba una mujer delgada, de caderas anchas y con muslos prominentes, aunque con pechos más bien pequeños. El rostro debía ser de forma ovalada, la nariz afilada y los ojos grandes, con el pelo claro y rizado, que es considerado el clásico perfil griego de mujer. Y otro detalle relevante era la tez pálida, para lo cual las féminas se aplicaban un polvo de tiza blanco que al parecer era bastante tóxico. Además, se delineaban los ojos y se pintaban los labios.

Cánones de belleza. Grecia. Afrodita Cnidea.
Escultura de Afrodita Cnidus. (Museo nazionale romano di palazzo Altemps, Public domain, via Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Por su parte, para los hombres era importante tener un cuerpo atlético con las piernas largas, así como también una cabellera abundante rizada y de tono rubio, lo cual lograban, al igual que en caso de las mujeres, aplicándose vinagre, limón y azafrán. Entre los griegos varones era muy común la costumbre de casarse sólo para tener hijos, mientras que el amor apasionado se daba con otro hombre mucho más joven.

Cánones de belleza romanos

Los cánones de belleza en la historia de Roma resultan interesantes, ya que los romanos consideraban que la belleza exterior se relacionaba con la interior y, por lo tanto, ambos sexos se maquillaban, se peinaban en la peluquería, y se aplicaban mascarillas de diferentes tipos para mantener un rostro perfecto. Adicionalmente, los hombres acostumbraban someterse a cirugías estéticas para eliminar las marcas de las heridas recibidas en los combates.

En Roma, los cánones de belleza masculina se basaban en un cuerpo musculoso, de estatura alta, y con una abundante cabellera que un era símbolo de poder, por lo que usaban peluca apenas se comenzaban a quedar calvos. Al igual que los egipcios también acostumbraban a afeitarse el vello del cuerpo (aunque no lo eliminaban totalmente), y así como los griegos tenían romances con chicos jóvenes.

Por su parte, las bellezas femeninas eran aquellas que tenían las caderas anchas, los muslos gruesos y los pechos pequeños. En cuanto al rostro, eran importantes los ojos grandes, los pómulos rojos y las pestañas largas y abundantes, por lo que utilizaban mucho colorete y máscara de pestañas. Además que se pintaban el cabello de tonos claros y siempre lo llevaban recogido, ya que únicamente las prostitutas acostumbraban a tenerlo suelto.

Cánones de belleza. Roma. Vibia Sabina.
Vista parcial de la escultura de Vibia Sabina. Foto tomada en el Museo Nazionale Romano. (Iessi, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Canon de belleza de la Edad Media

El canon de la belleza femenina durante la Edad Media estaba absolutamente regido por el cristianismo, por lo cual lo importante era el alma y se consideraba pecaminoso ocuparse del cuerpo, sobre todo si quien lo hacía era una mujer. Por tal razón, las  “mujeres decentes” no usaban maquillaje, así como tampoco dejaban ver ninguna parte de su cuerpo, el cual se cubría con una especie de saya que llegaba hasta los pies, y obviamente con mangas largas aunque fuera verano. 

Cánones de belleza. Edad Media. Isabel de Castilla.
Isabel La Católica 1451-1504. Cuadro ubicado en el Museo del Prado. (Unidentified painter, Public domain, via Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Los estándares de belleza femenina de esa época eran una mujer delgada, de caderas estrechas y pechos pequeños, piel muy blanca y cabellera rubia larga. En cuanto al rostro, éste era ovalado con nariz y ojos chicos y expresión virginal, aunque igual eran consideradas pecadoras por naturaleza sólo por ser hijas de Eva.

Canon de belleza renacentista

El canon de belleza del Renacimiento implica una vuelta al ideal de la belleza clásica griega, con  las proporciones y la simetría del cuerpo humano, que en esta oportunidad difunde Leonardo Da Vinci a través de su Hombre de Vitruvio. También retorna el maquillaje en la mujer, que comienza a utilizar delineador y sombra de ojos, y se pinta los labios. Además, se depila las cejas, así como la entrada del cabello para darle mayor amplitud a la frente, y se hace peinados adornados con cintas y joyas.

Cánones de Belleza. El Renacimiento. Simonetta Vespucci.
Simonetta Vespucci. Cuadro exhibido en el Museo de Berlin. (Workshop of Sandro Botticelli, Public domain, via Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Respecto a la vestimenta se siguen usando los trajes hasta los pies, pero se cambia la típica tela de lana por otras más lujosas como la seda y el tafetán, y son más descotados. Por otra parte, para las ocasiones especiales, se comienzan a usar vestidos con largas colas. No obstante, estos cambios suceden en las clases de mayores recursos, ya que una de las características de esta época son los grandes contrastes sociales.D

Pero el ideal de belleza renacentista, que se expresa especialmente a través de la pintura de célebres artistas, sigue siendo parecido al de la Edad Media, aunque con nuevos elementos que rememoran la Grecia clásica, tales como las proporciones, la simetría y los temas mitológicos. Ella es concebida como una mujer muy blanca, con cabellera rubia larga, frente despejada, ojos grandes, cuello largo, senos pequeños, cintura estrecha y caderas un poco más prominentes que las del Medioevo aunque no demasiado.

Canon de belleza del Barroco

El Barroco es el período que transcurre inmediatamente después del Renacimiento y se opone a la rigurosidad de éste, dándole un vuelco total a la forma de ver el mundo. Se caracteriza por dejar salir a flote las emociones y también es una época de grandes contrastes, donde por una parte priva los espiritual y por el otro el desenfreno. Un punto importante es que el Barroco comienza poco después de una guerra de 30 años donde se enfrentan la Iglesia católica y el luteranismo, ganando la primera.

Cánones de belleza. El Barroco. Las Tres Gracias.
Las Tres Gracias. Circa 1635. Cuadro ubicado en el Museo del Prado. (Peter Paul Rubens, Public domain, via Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

A continuación, los señores nobles se convirtieron en mecenas y contrataron a grandes pintores, aunque otros siguieron trabajando por su cuenta. De ahí que el Barroco tiene dos vertientes: de un lado se regresa a los temas religiosos, y del otro el contenido es absolutamente mundano, aunque en ambos casos se observa un cambio importante en la concepción del canon de belleza femenino. Las mujeres tienen las caderas anchas, así como las piernas y los brazos robustos,  y en general son bastante más fornidas que las del Renacimiento, aunque siguen siendo bellezas rubias con la piel muy blanca.

Canon de belleza del siglo XIX – Época Victoriana

Esta época corresponde al mandato de la reina Victoria de Inglaterra en el período 1837-1901, durante el cual cambiaron todos los hábitos, instaurándose una especie de nueva Edad Media. También coincide con el uso del corsé, una prenda que servía para subir los pechos y apretar la cintura (a veces hasta los límites de cortar la respiración) dando al cuerpo forma de reloj de arena, lo cual era considerado de gran atractivo.

Silueta de una mujer con el atuendo típico de época victoriana en el siglo XIX (No-longer-here / Pixabay CC0).

El corsé también se utilizó en otros países. Un grupo estadounidense de mujeres activistas se rebeló e instó a quemarlos, denunciando que era una forma de inmovilizar al sexo femenino impidiéndole su participación en mercado laboral. Por cierto, que la prenda tuvo muchos detractores también en Inglaterra. Desde los médicos, que argumentaron su efecto negativo en cuanto a la capacidad de procrear, hasta los ultra conservadores que lo veían como una provocación peligrosa para los hombres.   

El canon de belleza durante este período se basaba en una mujer de formas redondeadas, con los senos prominentes y la cintura de avispa. En cuanto al rostro, no se usaba maquillaje, ya que su uso fue abolido y sólo quedó para las prostitutas. Las “mujeres decentes” únicamente se aplicaban un polvo facial para acentuar la palidez, que estaba de moda. Se depilaban las cejas, se teñían el pelo de rubio usando agua oxigenada, y en los ojos se aplicaban un colirio que dilataba las pupilas, lo cual era parte de la belleza ideal.

Cánones de belleza actuales

El tema de la delgadez como tipo de cuerpo perfecto al parecer comenzó a principios del siglo pasado. Pero mucho más significativa fue la influencia de la actriz inglesa Lesley Lawson, mejor conocida como Twiggy, ganadora del Globo de Oro en los años de 1960.    

De acuerdo a varios estudios, el canon de belleza actual femenino corresponde a una mujer alta y delgada, con caderas pronunciadas y pechos grandes. En cuanto al ideal de belleza actual masculina, se correspondería con el prototipo denominado metrosexual, que es un hombre atlético, con los músculos marcados en el abdomen, de apariencia bien cuidada y con el cuerpo depilado.

Sin embargo, según se está observando, los anunciantes están cambiando de estrategia y cada vez con más frecuencia se airean anuncios con “gente real”, que no son modelos profesionales ni tienen figuras perfectas.   

Consecuencias de los cánones de belleza

El canon de belleza a lo largo de la historia se ha transmitido principalmente a través del arte, pero a partir de 1941 en que sale al aire el primer comercial de televisión, este medio comienza a tomar fuerza en la difusión de campañas publicitarias que han posicionado un ideal de belleza de forma masiva y a través de todos los países, con consecuencias negativas especialmente en la población de mujeres jóvenes.

Según varias investigaciones, y especialmente la de la American Psychiatric Assosiation (2014), existen cifras preocupantes con respecto a problemas de Trastornos de la Conducta Alimentaria. Por otra parte, las cirugías plásticas también se han disparado durante los últimos años, a veces con resultados que no son los más deseados.

Trastornos de la Conducta Alimentaria

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria obedecen a causas psicológicas (aunque tengan consecuencias en la salud corporal) y por lo tanto son tratados como tal. Los dos desórdenes son la anorexia y la bulimia, que a veces ocurren de forma simultánea en el mismo individuo.

La anorexia es un problema psicológico que se manifiesta como auto percepción de sobrepeso, aunque se esté por debajo del normal, así como miedo irracional a engordar. Las últimas cifras estadísticas indican que en el mundo puede existir aproximadamente entre 1% y 2% de la población total sufriendo de este trastorno, que tiende a incrementarse. Las personas que sufren de anorexia no ingieren la cantidad de calorías que su cuerpo necesita, y además suelen someterse a fuertes sesiones de ejercicios físicos, lo cual agrava el cuadro.

Por otra parte, la bulimia se caracteriza porque las personas ingieren exceso de alimentos en una sola comida, e inmediatamente se inducen al vómito o utilizan laxantes para expulsar rápidamente lo que se han comido. El porcentaje estimado a nivel mundial con este trastorno supera al anterior, ya que se estima que puede rondar entre 2% y 3%. La cifra toma mucha más relevancia, cuando se considera que mayormente estos números se refieren a mujeres entre 12 y 30 años, tanto en el caso de la anorexia como en el de la bulimia.

Además del tema de la mala nutrición, y por ende la propensión a contraer otras enfermedades, las personas que sufren de anorexia o de bulimia presentan una baja autoestima, les cuesta establecer relaciones  con otros y tienen tendencia a la depresión severa, por lo que son muy propensas a cometer suicidio.

Cirugías plásticas

De acuerdo a las estadísticas disponibles, el número de operaciones que se han realizado en las últimas décadas es impresionante. Principalmente quienes se someten a ellas también son mujeres jóvenes y entre las intervenciones más usuales figuran: implantaciones de prótesis mamarias, liposucción y rinoplastia. Sólo en el año 2018, según la Sociedad Internacional de Cirujanos Plásticos (ISAPS), se llevaron a cabo 23 millones de intervenciones y España está entre los primeros países  del mundo.

Por otra parte, se han realizado más de 10 millones de implantes mamarios en la última década, lo que indica que el número ha ido en aumento. El problema es que esta operación ha ocasionado complicaciones de diversa índole, entre ellas que el 25% de las prótesis se han roto y que desde el año 2011 se detectó una enfermedad asociada denominada Linfoma Anaplásico de Células Grandes (LACG), la cual es una especie de cáncer que ya fue reconocido por la OMS.

En cuanto a la rinoplastia, que es otro de los procedimientos más requeridos, hay muchos pacientes que no quedan satisfechos con su nueva nariz y, por otro lado, la liposucción se pierde si no se mantiene el peso corporal.

Es evidente que todas estas operaciones que se realizan, corriendo serios riesgos sólo por el gusto de estrenar un nuevo físico, están influenciadas por los estereotipos de belleza que nos han inculcado en el inconsciente a través de los mensajes publicitarios.  

Después de realizar este recorrido y conocer los estándares de belleza femeninos, y en algunos casos masculinos, de las nueve culturas más importantes del mundo occidental, es oportuno resaltar la íntima relación que guardan los cánones de belleza con respecto al sometimiento religioso de la mujer durante la Edad Media y la Época Victoriana.

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