Venezuela: país digno de observación y estudio

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El economista Jesús E. Navarrete explica el comportamiento que ha tenido la economía de Venezuela en los últimos años, hasta desembocar en la situación de crisis actual…

Desde antes del 2010, muchos economistas serios afirmaron que en Venezuela el consumo siempre fue similar al del consumidor promedio estadounidense: vivir por encima de las posibilidades en una economía inflada por burbujas especulativas y “créditos baratos”.

Y gústele a unos (y a otros no), se debe reconocer que Estados Unidos es la primera economía del mundo occidental (segunda exportadora después de China); aunque el enorme volumen de mercancías producidas en California, Texas, Michigan y otros centros de producción, no basten para compensar el volumen, aún mayor, de sus importaciones.

Lo mismo ocurría en Venezuela, solo que, durante muchos años, invariablemente se produjo y exportó, por excelencia y tradición, petróleo; mientras los pocos bienes “no tradicionales” se combinaban en una escasa variedad de frutas exóticas y otros bienes tangibles, bajo la lucha e ingenio de un grupo de empresarios que siempre se atrevieron a incursionar en el difícil arte de exportar, luchando contra la corriente para no sucumbir en el intento.

Cacao venezolano
Saco de cacao venezolano (Pixabay)

Venezuela, al igual que Estados Unidos, fue un importador que vivió por encima de sus posibilidades, mientras afrontaba un enorme déficit fiscal con endeudamiento.

De hecho, todo el panorama socio-económico durante el 2012 indicó, casi imperceptiblemente para la mayoría de la población (las masas), que a partir del 2013 la economía iba camino a la peor recesión de la historia debido al control monetario y de precios, bajo un fenómeno denominado “asfixia regulatoria”; mientras en paralelo, los expertos -nunca atendidos- pronosticaban que la demanda doméstica de bienes y servicios caería al mínimo desde ese año y las perspectivas del sector petrolero dejaban de apuntar a la recuperación de exportaciones, ilusión sólo de los ideólogos del desajuste económico que hoy, en 2018, vive Venezuela.

Parece muy crudo afirmar que en Venezuela el desempeño gubernamental actual tomó dinero “prestado” de toda inversión extranjera que llegó al país mediante convenios con China, Rusia y otras naciones del medio oriente, y que, desde mediados de la década del 2000, nunca más se invirtió en activos en el extranjero.

Así, el gobierno se endeudó en el exterior, convirtiendo al país petrolero en uno de los mayores insolventes del mundo, endeudamiento que creció mientras otros países financiaron su déficit fiscal, matizado de tranquilidad aparente hasta que se perdió toda confianza posible en dicho mercado, a pesar de que hoy día el petróleo ha recuperado levemente sus precios.

Refinería de petróleo
Refinería de petróleo (Pixabay)

El déficit comercial venezolano fue albergando un problema mucho mayor, imperceptible por el ciudadano común: la importación de bienes de consumo fue desmotivando año tras año la capacidad de producción interna, generando al día de hoy una evidente reducción y desplazamiento inter-sectorial de innumerables puestos de trabajo, a partir de que durante la primera década del 2000, casi el 85% de las importaciones venezolanas se correspondieron con artículos de consumo, llegando a superar el valor del rubro arancelario “Suministros para la Industria”; mientras, por otra parte, la cuota del rubro “Bienes de Inversión” (repuestos y bienes para la industria y otros productos finales), también se reprodujo a casi un 25% del valor total de las importaciones.

En la actualidad, después de Estados Unidos, los socios comerciales más importantes de Venezuela son China, Rusia y algunos países de la India, que en 2011 transfirieron el equivalente al 18% de las exportaciones venezolanas de petróleo al “imperio nórdico”, convirtiéndose en responsables indirectos de gran parte del actual déficit comercial, siempre disimulado y contenido por los dólares que ingresaban al país gracias al petróleo vendido, principalmente, a la costa Este de este país.

El “déficit comercial” es un fenómeno de muy vieja data, que indica que los egresos por importaciones superan a los ingresos por exportaciones, mientras que lo contrario ocurrió desde los años 40 hasta mediados de los 80, principalmente como consecuencia del encarecimiento del crudo en la crisis energética de los años 70.

Puerto comercial
Puerto comercial (Pixabay)

Pero, debido al aumentó masivo mundial de la demanda de bienes de consumo doméstico (desde ropa y calzado hasta televisores y vehículos), los países que se quedaron dormidos en la década de los 90 y no motivaron mejoras competitivas para la producción de bienes (países no-competitivos), reflejan hoy el serio déficit comercial del que, paradójicamente, más de la mitad se debe a las compras masivas de artículos de consumo importados.

La oportunidad de crecimiento comercial y competitivo de muchos países comenzó con la integración de China, India y las economías de Europa Central y del Este a la economía mundial (apertura rusa y caída del muro de Berlín), pues el factor de producción “trabajo” se hizo mucho más disponible, favoreciendo el traslado y migración de los procesos de producción (intensivos en factor trabajo), a economías extranjeras dispuestas a apuntarse en el camino del crecimiento y el desarrollo con mano de obra barata.

Mientras tanto, la cuota de producción manufacturera para el crecimiento venezolano se desaprovechó y perdió hace muchos años (incluso antes del actual gobierno), debido a que la industria nacional no logró avances en términos de competitividad e, incomprensiblemente, la experiencia confirmó la influencia de “empresarios estatistas” que siempre exigieron a los gobiernos garantizar la seguridad y éxito de sus inversiones mediante políticas de subsidios y estipendios, contra los principios de la libre empresa.

Fábrica abandonada
Fábrica abandonada (Pixabay)

Así las cosas, hoy especialistas del desarrollo económico afirman que Venezuela cuenta con menos de 15 años para recuperar sus antiguos niveles de producción petrolera, tendencia y decisión que implicaría fuertes incentivos fiscales a la empresa nacional para generar suficiente empleo formal, valorando e impulsando el ingenio latente de los emprendedores, siempre dispuestos a asumir nuevos retos y formas de aumentar la producción y prestación interna de productos, bienes y servicios.





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Jesús E. Navarrete

Jesús E. Navarrete

Economista con 22 años de experiencia en diseño, formulación y evaluación de proyectos de inversión pública y privada. Asesor Financiero Independiente y Auditor de Procesos Operativos en diversas empresas de los sectores primario y secundario en Venezuela. Profesor de la Universidad Politécnica Santiago Mariño.

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