El Crack del 29: qué pasó el Martes Negro que dio comienzo a la Gran Depresión

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La Gran Depresión fue una de las peores crisis económicas que ha azotado a la humanidad en toda su historia, y tuvo su inicio en el famoso crack del 29 que, a su vez, tuvo una de sus fechas más importantes en el famoso Martes Negro.

El martes 29 de octubre de 1929, después de varios días de angustia, el índice del mercado de valores estadounidense sufrió la caída más grande desde su creación. Aquel día, que pasó a ser conocido como el Martes Negro, fue la culminación de una crisis bursátil iniciada el miércoles 23 de octubre, después de que los precios de las acciones empezaran a desplomarse.

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El llamado ‘Crack del 29’ fue realmente un episodio crítico del sistema financiero estadounidense que duró varios días y que presentó tres momentos clave: El Miércoles Negro (23 de octubre), el Jueves Negro (24 de octubre) y el Martes Negro (29 de octubre).

El ‘Crack del 29’: del Miércoles Negro al Martes Negro

La burbuja financiera, que durante años mantuvo alucinados a los estadounidenses de todos los estratos sociales, explotó súbitamente el miércoles 23 de octubre de 1929. Al día siguiente, el llamado Jueves Negro, miles de ciudadanos estadounidenses se dirigieron al número 11 de Wall Street con la firme intención de rematar sus acciones a precios muy inferiores respecto a su costo original. Sin embargo, nadie estuvo dispuesto a comprarlas.

El Crack del 29 - Bolsa de Nueva York
Multitud reunida frente a la Bolsa de Wall Street después del colapso de 1929. (US-gov, Public domain, via Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Las calles se llenaron de gente, el malestar social aumentó y la policía de Nueva York fue desplegada para impedir posibles disturbios. Varios representantes de la banca se reunieron para hallar una solución a la crisis financiera y decidieron inyectar grandes cantidades de dinero en empresas estables con alto nivel de liquidez (las llamadas empresas “blue chips”). La medida amortiguó un poco la debacle y, durante algunos días, se creyó en la superación de la crisis.

Sin embargo, después de la leve recuperación de los días 25 y 28, llegó el Martes Negro. La confianza, que sostenía al aéreo mercado alcista, ya llevaba varios días fracturada. Ni siquiera las grandes inversiones de la banca pudieron impedir el hundimiento. Por ello, la bolsa neoyorkina experimentó su caída más grande y mantuvo dicha tendencia hasta el mes de enero de 1930, momento en el que Wall Street, finalmente, tocó fondo.

Antecedentes del Martes Negro

¿Cómo pudo ser esto posible? ¿Cómo se arruinaron millones de ciudadanos en la nación que, hasta la fecha, había sido la más próspera de todo el mundo occidental? ¿Cómo Estados Unidos pasó de “los locos años 20” a la Gran Depresión? ¿Qué eventos tuvieron que darse para que las cosas pasasen de tal modo y no de otro?

Historiadores, economistas y demás profesionales cercanos al tema difieren mucho sobre las causas señaladas del Crack del 29. Sin embargo, la mayoría de los especialistas de las ciencias sociales coinciden en cuanto a los antecedentes a esta coyuntura: La Primera Guerra Mundial y sus efectos en la apertura y expansión del mercado de valores.

La participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial (1914-1918), también conocida como la Gran Guerra, fue el primer gran conflicto desarrollado en Europa durante el siglo XX entre las grandes potencias industriales. Sin embargo, durante los primeros tres años del conflicto, Estados Unidos no participó en la contienda. La nación norteamericana había optado por una política de no intervención, defendida principalmente por el vigésimo octavo presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson.

No obstante, a inicios de 1917 ocurrieron dos hechos decisivos. En primer lugar, las fuerzas alemanas retomaron la guerra submarina sin restricciones (lo cual implicaba una fuerte respuesta estadounidense) y, en segundo lugar, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Arthur Zimmermann, solicitó al embajador alemán en México convencer al presidente de dicha nación, Venustiano Carranza, de que entrase en el conflicto a favor de los imperios centrales en caso de que Estados Unidos declarase la guerra a Alemania.

El presidente mexicano no llegó a aceptar tal propuesta, pero la reanudación de la guerra submarina y la salida a la luz de las intenciones del ministro alemán fueron razón suficiente para que Estados Unidos se sumase al conflicto armado. Tal giro en la historia desencadenó una serie de cambios en la estructura social y económica de Estados Unidos que explican el Martes Negro.

El crecimiento económico estadounidense en la posguerra

La primera consecuencia económica de la participación de Estados Unidos en la Gran Guerra fue la rápida modernización de su aparato industrial. Los niveles de productividad de las fábricas americanas tienen un antes y un después de la Primera Guerra Mundial. Tras la Gran Guerra, las fábricas producían mucho más que antes, lo cual se tradujo en una creciente prosperidad económica que no tardó en trasladarse al ámbito del mercado de valores.

Por otra parte, para costear la participación de las tropas norteamericanas, el gobierno creó los llamados ‘Bonos Libertad’, un instrumento financiero mediante el cual los civiles podrían colaborar con los fondos del Ejército, para luego recibir el pago más intereses. Fueron muchos los ciudadanos que, tanto por deber civil, como por genuino interés personal, invirtieron en dichos bonos para rentabilizar sus ahorros.

De tal forma se hizo evidente la presencia de un extenso público dispuesto a invertir. Dicho hecho no pasó desapercibido para personajes como Charles Mitchell, pionero en la emisión de bonos corporativos (el equivalente a las acciones contemporáneas), medida que luego fue imitada por el resto de las entidades financieras del país.

Los productos financieros se diversificaron, el crédito se puso al alcance de las masas y el mercado especulativo, antes restringido a una minoría, abrió sus puertas al público general. De esta manera se creó un seductor mercado alcista en los Estados Unidos, en el cual empezaron a participar miembros de todos los estratos de la sociedad.

El sobrecalentamiento del mercado de valores

Durante una década completa, “los locos y felices años 20”, la sociedad estadounidense experimentó un difundido bienestar social, aunque no absoluto. La compra-venta de acciones y el acceso a créditos para vivir por encima de las posibilidades estaban al acceso de todos, desde altos empresarios hasta el más humilde limpiabotas.

Mitchell, uno de los personajes clave de la época, abrió agencias de corretaje por todo lo largo y ancho del país. La Reserva Federal, fundada en 1913, también hizo su parte al bajar los tipos de interés a niveles históricamente reducidos. Por ello, la gran mayoría del país “alucinó” con las grandes ventajas de invertir en la bolsa.

Se empezaron a adquirir más y más acciones, con indiferencia de su precio. Incluso algunas de ellas se llegaron a comprar a crédito. La tendencia siguió y las acciones inflaron su precio muy por encima de su valor real, solo la confianza en que la gente seguiría comprando mantenía la burbuja.

No obstante, como todo lo que sube tiene que bajar, el mercado de valores, que también se rige por las leyes de la oferta y la demanda, alcanzó un techo y explotó. De la noche a la mañana del Miércoles Negro, los compradores dejaron de estar dispuestos a seguir comprando. La confianza, como era previsible, se había fracturado irremediablemente.

Tiempo atrás, un hombre –Paul Warbug– había dado la voz de alerta, pero fue ignorado. El Jueves Negro se jugaron las últimas cartas para restituir la confianza, pero ni todo el dinero del mundo hubiese servido para restaurar el orden perdido. El mercado se sobrecalentó, la burbuja se rompió y el Martes Negro llegó para anunciar el principio del fin: La Gran Depresión.

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