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Cayo Apuleyo Diocles, el deportista mejor pagado de la historia

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Conoceremos la historia de Cayo Apuleyo Diocles, nacido en Emerita Augusta, actual Mérida. De él, además se ha dicho, que fue el antecesor en fama y dinero al piloto Fernando Alonso, hace unos 2000 años, porque fue el auriga más importante de su época.

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¿Puede un auriga del Imperio romano ser el deportista más rico de la historia?

Os preguntaréis qué tiene que ver un auriga con un piloto de F1 del siglo XXI. El auriga era el piloto de los carros que competían en la antigua Roma. Estas carreras eran el espectáculo preferido de los romanos, el más popular y, posiblemente el más espectacular en dura pugna con las naumaquías.

Los aurigas eran auténticas estrellas del mundo del deporte, como lo pueden ser ahora los futbolistas. Y eso que eran esclavos o libertos. Admirados por el pueblo, su profesión no estaba exenta de riesgo y peligro pues eran muchos los accidentes que se producían en las carreras con fatales consecuencias para los aurigas.

Las carreras tenían lugar en el Circo Máximo, que se abarrotaba para ver a sus héroes, aunque también existieron otros recintos, tanto en la misma Roma como a lo largo y ancho del Imperio.

Su capacidad estimada podía superar las ciento cincuenta mil personas. Había equipos, como en la actualidad, y la pasión de sus seguidores no tenía nada que envidiar a lo que estamos acostumbrados a ver hoy en cualquier estadio del mundo. Pasión que era agitaba con las apuestas que, aunque nos sorprenda por la época, movían grandes cantidades de dinero.

Los aficionados romanos se repartían entre los cuatro grandes equipos que se distinguían por sus colores: los Blancos, los Rojos, los Verdes y los Azules. Imaginando esto nos podemos hacer una idea del fervor de tal multitud de personas animando y jaleando a sus equipos cuando los carros recorrían a toda velocidad esos 621 metros de longitud, girando de forma espectacular al final de la recta y volviendo por la otra calle, separadas por una spina.

Volvamos a nuestro protagonista, Cayo Apuleyo Diocles, que vivió en el IIº siglo de nuestra Era y del que se cree era ciudadano de pleno derecho, tuvo una carrera profesional muy larga, algo inusual para la época. Esta información es conocida por documentos epigráficos como la copia de una lápida, que se piensa fue erigida por sus seguidores en el Circo de Nerón, en ella estaba resumida su carrera y recogidos todos sus triunfos.

Esta es la razón por la que sabemos que Apuleyo ganó casi 36.000.000 de sextercios lo que vendría a suponer unos 13600 millones de euros de la actualidad. Para hacernos una idea en 2009 la revista Forbes publicaba en su ranking de deportistas mejor pagados que el golfista Tiger Wood había sido el primero en superar la cima de los 1000 millones de dólares en ganancias.

Subió al podio en 2899 ocasiones

Del documento epigráfico mencionado también sabemos que participó en 4257 carreras de las que ganó 1462, siendo en 861 de ellas segundo y consiguiendo el tercer puesto en 576. Es decir, que subió al podio en 2899 ocasiones. En el éxito de Cayo Apuleyo influyeron sus caballos y en la lápida estaban recogidos el nombre de los más famosos como Cotino, Gálate, Abigeio, Lúcido y Pompeyano.

La mayor parte de su carrera fue desarrollada defendiendo los colores de la facción roja, los mismos colores de la escudería italiana de fórmula 1 del cavallino rampanante, que como sabéis es la que más títulos tiene y más seguidores en todo el mundo, Ferrari. No puede ser casualidad.

De Apuleyo nos ha hablado el historiador Antonio García y Bellido del que se refería como «héroe de las muchedumbres más apasionadas». Rodrigo Caro. ya en el siglo XVII compuso un epitafio en conmemoración a nuestro protagonista. O el poeta Jesús Martínez Álvarez que en 1918 le dedicó un poema en su honor: «Con el silbar del látigo encendido, estalla el pan y circo desde Emérita…»

Apuleyo una vez dejó las carreras se retiró a Praeneste, donde falleció. Fuera del foco de la popularidad se conoce poco de sus últimos años y de su muerte. Se estima que murió rico, evidentemente, y que dejó dos hijos que levantaron en su memoria una desaparecida estatua de la que sólo queda una estela, la cual sería el segundo documento epigráfico que hay sobre el auriga.

Seguro que te ha sorprendido la historia de Cayo Apuleyo Diocles.

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