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Expresiones muy pero que muy literarias

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Muchas de nuestras expresiones coloquiales tienen su origen en la literatura...

Cuando algo no nos gusta y nos parece un tostón decimos que es un “rollo macabeo”, una locución que hace alusión a un pueblo que vivó en el siglo II a. de C. y que luchó contra los sirios porque no querían que se les obligara a renunciar a su religión.

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La historia de cómo ocurrieron los acontecimientos aparece recogida en los “Libros de los macabeos” (Antiguo Testamento), si bien originariamente se escribieron en unos rollos de papel en donde había tantos detalles que la lectura era terriblemente aburrida. Por este motivo no debe sorprendernos que haya pasado a la historia como expresión de algo tedioso o aburrido.

Como el perro del hortelano

El fabulista Félix María de Samaniego (1745-1801) divulgó un cuento en el que se narraba la historia de unos ratones que querían salir de su escondite y ponerle un cascabel al gato para que, de esta forma, pudiesen ser advertidos de donde se encontraba en todo momento.

La verdad es que la idea del cuento no era original, procedía de “Conseul tenu par les rats”, una fábula escrita por el francés La Fontaine. En estos momentos utilizamos esta expresión para referirnos a una situación en la que un grupo de personas tiene que hacer frente a una tarea difícil y que entraña cierto peligro.

Precisamente de otro cuento de Jean de La Fontaine (1621-1695) procede la expresión “sacar las castañas del fuego”, que empleamos cuando queremos indicar que alguien nos ha sacado de un apuro.

En este caso su origen hay que buscarlo en la fábula “El mono y el gato”, donde ambos animales asan castañas juntos. Llegado el momento de sacarlas del fuego, el mono empieza a alabar al gato, nombrado sus innumerables cualidades, algo que le halaga sobremanera hasta el punto de lanzarse, sin pensarlo, a por las castañas que estaban en el fuego.

Ser como el perro del hortelano… que ni deja comer, ni come. El origen de esta dicción se encuentra en la literatura arábigo-andaluza de comienzos del siglo XI, desde donde pasaría a ser el título de una pieza teatral de Lope de Vega (1562-1635). En ella se nos cuentan los amores entre Marcela y Teodoro.

Más cuento que calleja

Contrariedad y resignación son los mejores sinónimos para el vocablo “odisea”. En este caso no parece haber duda de que procede del poema homérico, en el que se narran las desventuras que sufrió Ulises para llegar a su querida Ítaca.

Don Saturnino Calleja Fernández fue el dueño de una editorial de cuentos infantil, que tuvo tanto éxito que se acabó popularizando la expresión: “tener más cuento que Calleja”.

En el siglo XVI se acuñó la expresión “chivo expiatorio” para describir a los animales rituales en los que la comunidad judía depositaba sus pecados para preparar el Yom Kippur. En este momento se utiliza para describir a las personas que asumen simbólicamente los pecados de los demás. 

Muere hasta el apuntador

Hablamos de hacer algo “entre bambalinas” cuando nos referimos a llevar a cabo una acción de un modo reservado o discreto, sin llamar la atención. Las bambalinas son cada una de las tiras colgadas del telar a lo ancho del escenario y que ocultan la parte superior de este, marcando la altura de la escena.

Un apuntador, en una representación teatral, es la persona, oculta a la vista del público, que da apoyo a los actores susurrándoles el texto cuando es necesario. Su importancia era tal durante algunas épocas que, en las obras en las que había un alto porcentaje de muertes, se decía que “moría hasta el apuntador”.

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