El arte de Paco Ibáñez: música, poesía y activismo

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Hablamos de uno de los más grandes exponentes de la música española. Paco Ibáñez se ha distinguido por poner música a los más hermosos versos poéticos, llegando incluso a ser la voz del activismo político en los tiempos del régimen franquista.

Una de las expresiones artísticas más hermosas que existen es la poesía, los sentimientos e imaginación de un poeta se reflejan en bellos versos que relatan las manifestaciones propias del ser humano.

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Pero la poesía no sólo ha sido usada a lo largo del tiempo como la manera de comunicar a lectores y seguidores de este arte, aspectos como el amor, la tristeza, la alegría, el duelo y otras tantas acciones; sino que también ha servido como medio de protesta en contextos históricos determinados, por lo que la poesía se ha convertido en símbolo de lucha desde el ámbito cultural, sobre todo en momentos en los que la opresión ha intentado callar las voces de la sociedad.

Muchas de estas sublimes rimas han sido acompañadas con melodías, lo cual le da un agregado especial a tan bellas obras de arte. Hablando de poemas hechos canciones, uno de los máximos exponentes de este género es el valenciano Paco Ibáñez, cantautor ibérico que ha dado un toque musical a versos de poetas tanto europeos como latinoamericanos.

Por otra parte, Ibáñez se ha caracterizado por ser un militante activo y, en su momento, fue símbolo del antifranquismo, y desde la trinchera musical, guitarra en mano, elevó su voz de protesta contra ese régimen.

Numerosas son las interpretaciones que Ibáñez tiene en su haber, por lo que es considerado uno de más importantes trovadores españoles de la era contemporánea, siendo leyenda viva y ejemplo para las generaciones de cantautores actuales.

Infancia, juventud e inicios en la música

Paco-Ibanez
Paco Ibáñez en 1993 (Aiurri / Creative Commons CC BY-SA 4.0)

La Valencia de 1934 vio nacer a Francisco Ibáñez Gorostidi, el último de los hijos de una madre costurera vasca y padre de ocupación ebanista y de tendencia republicana, siendo esta última característica la que le trajo duras circunstancias al grupo familiar por sus ideas anarquistas en pleno desarrollo de la Guerra Civil española, por lo que tuvieron que vivir en Francia en calidad de exiliados. Esto hizo que infancia del pequeño Paco fuera sumamente difícil.

A esto se agrega el arresto de su padre por parte del gobierno francés, por lo que, temiendo una persecución, la madre decidió enviar a Paco, de sólo 6 años de edad, a vivir con sus abuelos en Apakintza, tierras vascas, donde el niño con el tiempo aprendió euskera.

Para 1948 y de manera clandestina, madre e hijos cruzaron la frontera rumbo a territorio galo para reencontrarse con el padre, estableciéndose de manera definitiva en París en 1952. Fue en ese año donde en la capital francesa estudió guitarra en la Scola Cantorum, enseñanza que fue complementada por la tutela de Andrés Segovia, célebre músico español que también estaba en el exilio.

Al mismo tiempo, Paco comenzó a leer poemas clásicos, interesándose en versos de los más destacados artistas del momento, como Federico García Lorca, Luis de Góngora y George Brassens, cantante y poeta que será catalogado por el mismo Ibáñez como su más importante influencia.

Por otra parte, el joven Paco había comenzado a tener contacto en las calles parisinas con algunos de los más grandes representantes artísticos latinoamericanos, como Atahualpa Yupanqui, Gabriel García Márquez y el suizo nacionalizado cubano Alejo Carpentier.

Su primer acercamiento a la música fue en 1956 como miembro del trío Los Yares, acompañando a los jóvenes venezolanos Carmela y Jesús Soto, éste último en ese entonces desconocido pero que más adelante se convertiría en uno de los más grandes artistas plásticos a nivel mundial, como representante del cinetismo. Esta experiencia inicial permitió a Ibáñez conocer más sobre el folklore y poemas latinoamericanos, entre otras manifestaciones culturales.

Su primer álbum como solista fue en homenaje a los poetas españoles Lorca y Góngora, que lanzó en 1964 y que tuvo ilustraciones de Salvador Dalí, gran amigo de Ibáñez desde hace años atrás. En él musicalizó las rimas de los prodigiosos artistas, por lo que el disco tuvo un gran impacto en tierras españolas.

Su voz como medio de protesta ante el franquismo

Dos años después de que su primer álbum vio luz en la palestra musical, fundó el colectivo La Carraca, conformado por militantes españoles que, al igual que él, se encontraban en París resistiendo contra la opresión latente en territorio ibérico, en esta ocasión por parte del régimen franquista. De hecho, muchas personas, en su peregrinar a Francia para huir de la tiranía, hallaban en la voz de Ibáñez un escape y un medio para protestar contra el franquismo.

Desde esa trinchera impulsó una gira a su país natal, retornando a él en 1968 para ofrecer un concierto en el que desplegó toda su magia a través de la poesía hecha canción. A partir de ese año, fueron más frecuentes los recitales que dio, sobre todo en universidades y centros educativos, por lo que los estudiantes vieron en Ibáñez un aliado durante sus manifestaciones.

Tanta fue la proyección de Ibáñez que sus conciertos y sus discos fueron prohibidos en territorio español, mientras que en Francia fue presentado como La Voz Libre de España, después de tocar en la histórica Universidad de La Sorbona, los jóvenes que resistían al régimen de Franco escuchaban sus álbumes clandestinamente.

Durante esa época, Ibáñez se presentó en escenarios latinoamericanos. En 1977 publicó el disco Paco interpreta a Pablo Neruda, surgido del encuentro entre el cantautor y el poeta chileno siete años atrás, y en el que americano le expresó, a manera de bendición, “tu voz está hecha para cantar mi poesía“. 

Fue después de la muerte de Franco que Ibáñez pudo regresar a España, oportunidad que aprovechó para editar más discos, en los que recita desde poemas clásicos hasta poemas latinoamericanos, tanto en castellano como en euskera, lengua aprendida en su niñez. 

Por su incansable labor dentro de la resistencia franquista, Francia lo distinguió en dos oportunidades con la Orden de las Artes y las Letras. Por otra parte, recibió en 2007 la Medalla de Oro de las Bellas Artes, el más alto reconocimiento dentro del ámbito cultural en España, como símbolo del anti – franquismo y claro referente del arte hispano.

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