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De libros póstumos

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Hergé, Larsson, Kafka, Ovidio, Bolaño y Neruda son algunos de los muchos escritores que no pudieron disfrutar del inmenso placer de ver publicada su última obra.

Evidentemente, la muerte del autor es el punto final de su obra, sin embargo, a veces el destino juega con nosotros y nos permite disfrutar de libros que no pudieron ver en las librerías aquellos que los escribieron. Son los libros póstumos. Se trata de un género literario al que, cada vez más, las editoriales recaban para poner el foco de atención en alguna arista inédita de un escritor fallecido o bien, simplemente, para reencender la llama de la lectura en el resto de su producción.

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De Ovidio a Hergé

Seguramente los tintinófilos recuerdan con amargura que Georges Hergé (1907-1983) falleció sin ver publicado su último trabajo, el que habría sido el vigésimo cuarto álbum de la serie de aventuras de Tintín. Y es que “Tintín y el Arte-Alfa” fue publicado de forma póstuma en 1986.

Igual fortuna corrió la tercera entrega de la saga “Millenium”. Su autor, el sueco Stieg Larsson (1954-2004) falleció a los cincuenta años de edad, víctima de un infarto agudo de miocardio, cuando acababa de entregar un manuscrito a los editores.

En 1924, poco antes de fallecer a consecuencia de tuberculosis, Frank Kafka (1883-1924) entregó sus escritos a un amigo suyo –Max Brod- al que pidió que los quemara. De haber cumplido con aquel deseo nos habríamos perdido joyas literarias como “El castillo” o “El proceso”.

La petición de Kafka fue la misma que le encomendó Publio Ovidio, el poeta más grande de Roma, a su amigo, el emperador Octavio Augusto en el año 19 a. de C. En aquellos momentos el autor de “La Eneida” se encontraba gravemente enfermo y le pidió que lo destruyera. Sin embargo el César de Roma no cumplió su promesa y gracias a él los versos hexámetros siguen vivos entre nosotros.

La casa de atrás

Otro de los libros póstumos más famosos de todos los tiempos es el “Diario de Ana Frank”, la bitácora personal en la que aquella niña judía dejó constancia de los casi dos años y medio que pasó ocultándose con su familia y cuatro personas más de los nazis. El único superviviente de los ocho fue Otto Frank, el padre, que publicó inicialmente aquel diario bajo el título “La casa de atrás”.

“La conjura de los necios” es, sin duda, la obra más conocida del escritor estadounidense John Kennedy Toole (1937-1969). Fue precisamente el rechazo por parte de la editorial para publicar su libro lo que acabó hundiéndole en la melancolía que, a la postre, terminaría en suicidio.

Más cercano a nosotros es “2666”, una novela publicada en el año 2004 y que surgió de la pluma del escritor chileno Roberto Bolaño (1953-2003). Es un libro voluminoso, consta de cinco partes, que el escritor tenía pensando publicar de forma independiente para asegurar, en caso de fallecimiento, un sustento económico para sus hijos. Sin embargo, tras la muerte, y valorando el valor literario del conjunto, los herederos decidieron publicarlo de forma conjunta.

Otro escritor chileno –Pablo Neruda (1904-1973)- tampoco pudo ver la luz de su último trabajo, un volumen de memorias al que tituló “Confieso que he vivido”. El manuscrito se imprimió apenas un año después de la muerte del Premio Nobel. Una desaparición a la que, por cierto, envuelve un halo de misterio, después de que un juez decidiera practicar unos nuevos análisis ante la posibilidad de que la causa del exitus no fuera, tal y como señala la versión oficial, un cáncer.

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