El asalto al tren de Glasgow

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1963 trajo consigo la explosión de la beatlemanía en el Reino Unido, cuando el mítico grupo de Liverpool empezó a popularizarse a marchas forzadas. También fue el año del escándalo político conocido como el caso Profumo, y cuando se iniciaron los primeros intentos de entrar en la Comunidad Económica Europea. Pero otro acontecimiento acaparó los focos de la prensa y del público en general…

El 8 de agosto de 1963, en pleno verano, se produjo un robo en el tren postal que une Glasgow con Londres. El tren fue asaltado de forma espectacular haciéndose los ladrones con un botín de 2,6 millones de libras esterlinas de la época, lo que ahora serían unos 40 millones de libras y casi 50 millones de euros.

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Una meticulosa e impresionante planificación casi consiguió otorgarle el atributo del robo perfecto, a no ser por una serie de decisiones posteriores que hicieron acabar en la cárcel a la mayoría de los implicados.

Bruce Reynolds y Ronnie Biggs fueron los cabecillas, dos ladronzuelos de poca monta. Ellos se encargaron no solo de la planificación, sino de reclutar al resto del equipo. Hasta 15 personas participaron en el “robo del siglo”, como pasaría a la historia.

Tal y como conocemos su realización hace pensar que todo fue muy sencillo por la habilidad, rapidez y audacia con la que ejecutaron la acción. Quince personas y una furgoneta fueron suficientes para hacer desaparecer 2,6 millones de libras.

A las 3:15 de la madrugada de aquel 8 de agosto de 1963 el tren se detiene ante un semáforo en rojo, cuestión que sorprende a los maquinistas porque nunca antes había pasado. Fue el momento en el que los asaltantes subieron al tren. Uno de los maquinistas ofreció resistencia y fue golpeado en la cabeza siendo este el único acto violento del asalto.

Desengancharon el vagón de Correos donde iba el botín y obligaron al otro maquinista a continuar hasta un puente cercano donde esperaba una furgoneta y resultaría más fácil transportar los paquetes. Para sacarlos del tren hicieron una cadena humana entre los 15 para trasportar las sacas desde el vagón a un vehículo que allí les estaba esperando.

El asalto al tren de Glasgow - Puente Bridego
Puente Bridego, Buckinghamshire, Inglaterra, donde tuvo lugar el gran robo del tren en 1963 (Sealman, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons)

La policía llegó cuarenta y cinco minutos más tarde. Habían amenazado a uno de los empleados de Correos para que no se movieran hasta 30 minutos después de haberse ido ellos. Eso también dio una pista a la policía del radio donde se podrían haber escondido los atracadores.

Los paquetes, en realidad, eran envíos certificados que contenían dinero en efectivo. Un día normal, la cuantía solía ser de unas 300.000 libras, pero aquel día fue distinto, ascendía a 2,6 millones. Y, evidentemente no fue casualidad, Reynolds y Biggs sabían lo que estaban haciendo. Había sido un fin de semana festivo en Escocia y por eso el tren transportaba más dinero de lo normal. Un soplo les había dado la fecha para hacerlo.

Ahora se ponía en marcha la operación huida y el operativo de la policía de búsqueda y captura. El superintendente Malcom Fewtrell, jefe de policía de Buckinghamshire, fue el encargado del rescate del dinero y de la detención de los atracadores.

La idea de los ladrones era esperar quince días a que todo se enfriara antes de salir de su escondite, una granja a media hora del lugar del robo. Pero los nervios y el ansia de disfrutar de aquel botín hicieron que no aguantaran mucho tiempo, se repartieron el dinero y cada cual cogió su camino. Un vecino les había delatado pero la policía llegó tarde y solo vio los restos de comida y las sacas vacías.

El siguiente paso fue tomar huellas, y Reynolds, Biggins y el resto no habían sido muy cuidadosos que se diga. Había huellas por todos lados, pero especialmente en un tablero del famoso juego Monopoly donde habían pasado muchas horas matando el tiempo. Eso fue de gran ayuda para la policía, que pudo detener a buena parte del grupo en poco tiempo.

El 15 de agosto se produjeron las primeras detenciones, cuando dos de los atracadores se corrieron una juerga de consideración levantando todo tipo de sospechas al gastar ingentes cantidades de dinero sin preocupación. Al resto les entró pánico porque los dos detenidos seguramente hablarían y les delatarían.

Reynolds consiguió escapar del acoso policial huyendo al extranjero, pero volvió en 1968, cuando se había gastado todo el dinero, y fue detenido, cumpliendo condena hasta 1978.

El 20 de enero de 1964, poco más de seis meses desde el atraco, los asaltantes detenidos se sentaban en el banquillo de los acusados y escuchaban sus condenas de al menos 30 años de prisión.

Ronnie Biggs, junto a otro compañero, se fugaron de la cárcel al poco tiempo de ingresar. Las peripecias de la huida de Biggs son dignas de un best seller. Estuvo en Brasil huido 31 años, disfrutando de su riqueza. Allí vivió a todo lujo, dio entrevistas y siempre aparecía bronceado. Era el fugado más famoso del Reino Unido.

Volvió voluntariamente a su país en 2001, a los 71 años de edad y fue detenido nada más aterrizar. Tal era su repercusión mediática que el diario sensacionalista The Sun fue quien fletó el avión de vuelta. Encarcelado de nuevo fue liberado por su avanzada edad, falleciendo el 18 de diciembre de 2013.

Otros conocidos miembros de la banda fueron Douglas Gordon Goody, Charlie Wilson. Ambos vivieron y murieron en España. La vida de Ronald “Buster” Edwards fue llevada a la gran pantalla: Buster, protagonizada por Phil Collins.

«A pesar de toda su destreza al planear y organizar el golpe, la banda cometió graves errores. Para preparar el terreno tan cuidadosamente necesitaron más hombres de los que normalmente son empleados en esta clase de operaciones y, además, para algunas tareas especiales, tuvieron que recurrir a individuos tan emocionalmente inestables que se comportaron de forma peligrosa tan pronto como se repartió el botín» –Malcom Fewtrell.

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Antonio Taboada
Licenciado en Derecho (UCM) y Grado de Geografía e Historia (UNED).Autor de un blog, Historia Sin Pretensiones, siempre con ganas de aprender. La lectura y la historia dos de mis pasiones que compagino con un poco de deporte.

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