Cultivar en el desierto ya es posible con invernaderos que utilizan energía solar y agua del mar

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Así es como el innovador Sahara Forest Project utiliza los recursos naturales a su alcance para cultivar en el desierto árido de Jordania. Su objetivo es producir 130.000 kilos de verduras al año.

Cultivar en el desierto ha dejado de ser una paradoja para convertirse en una realidad.

En la actualidad, la producción de alimentos requiere aproximadamente el 70% del agua dulce que se consume a nivel global, además de ser responsable del 25% de los gases de efecto invernadero que se emiten.

Sin embargo, debido al constante aumento de la población mundial, la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que la producción de alimentos deberá aumentar en un 50% hacia el año 2050. Esto supondrá enfrentar grandes desafíos: el cambio climático, los graves problemas ambientales, la falta de agua y la cantidad limitada de tierra cultivable, entre otros.

Ante este panorama surgió la ambiciosa iniciativa Sahara Forest Project (Proyecto Bosque del Sahara), que se puso en marcha en setiembre del año 2017 en Aqaba, en una de las zonas más áridas de Jordania, a 15 kilómetros del mar Rojo y a un kilómetro de la frontera israelí. Su objetivo es transformar el desierto en un lugar verde y sostenible.

“El cambio climático está directamente relacionado con la producción de alimentos y el uso del agua. Es necesario encontrar otros métodos viables sin dañar el medio ambiente”, explica Joakim Hauge, presidente de la Fundación Sahara Forest Project.

Escasez de agua dulce y mucho sol

tomates que crecen cerca de la pared del invernadero
Blaise Jowett, cultivador jefe, muestra los tomates que crecen cerca de la pared del invernadero (Foto: Amanda Ruggeri)

Con 150 metros cúbicos por persona al año, Jordania es la segunda nación con menos agua dulce en el mundo. Tres cuartas partes del país pertenecen al desierto y la agricultura absorbe la mitad del agua disponible (aunque solo contribuye con un 3% en el PIB).

Afortunadamente, lo que no falta en Jordania es el sol. La nación tiene un promedio de 330 días de sol al año, con una producción entre 5 y 7 KW por metro cuadrado cada hora. Y también tiene agua salada, 26 kilómetros bordeando el mar Rojo.

El proyecto Sahara Forest utiliza los recursos disponibles, agua salada y energía solar, para cultivar en el desierto de una forma completamente sostenible.

Una vez que el método sea ampliado y utilizado en otras granjas, el país podría llegar a exportar alimentos, cuando actualmente está importando el 98% de ellos.

La tecnología para cultivar en el desierto

Interior del invernadero
Interior del invernadero que forma parte de este proyecto que está actualmente en fase de prueba (Foto: Amanda Ruggeri)

Las instalaciones cuentan hoy en día con dos invernaderos de unos 1.350 metros cuadrados, además de 3.200 metros cuadrados de tierras de cultivo en el exterior.

El objetivo es llegar a crear un oasis de 20 hectáreas, en las que sea posible cultivar en el desierto unos 130.000 kilos de verduras al año.

La unidad de desalación del agua marina tiene una capacidad de 10.000 litros por día y los paneles fotovoltaicos aportan toda la energía necesaria para que maquinaria funcione de forma autónoma.

Los ingenieros tuvieron que resolver el problema de la temperatura, que en verano llega a alcanzar los 45° C. Para ello idearon un sistema en el que el agua salada baja por una pared orientada hacia el viento y, cuando este sopla sobre ella, el aire se enfría. Con este sistema es posible bajar la temperatura unos 15° C en el interior de los invernaderos.

“No hay nada nuevo en las tecnologías que utilizamos, lo realmente excepcional es cómo las hemos combinado”, aseguran Blaise Jowett y Frank Utsola, el cultivador principal y el gerente de las instalaciones.

Canalizar el agua desde el mar Rojo

Sala de enfriamiento
Sala de enfriamiento, donde la red de la pared extrae agua salada a medida que el agua se evapora y enfría el aire (Foto: Amanda Ruggeri)

Cultivar en el desierto ya es una realidad, sin embargo, en el camino hacia la meta de 20 hectáreas cultivables y la expansión a otros países, aún queda por superar un obstáculo importante: el transporte del agua del mar hasta los invernaderos.

En la actualidad, el transporte se realiza mediante camiones cisterna cada dos días, pero este método no resultará sostenible cuando el proyecto crezca.

La Fundación Sahara Forest Project está estudiando cómo canalizar el agua desde el mar Rojo, lo que también podría beneficiar al resto de la comunidad, creando nuevas oportunidades comerciales y de trabajo.

Toda la labor que realizan se basa en tres premisas: que sea bueno para el medio ambiente, para las personas y para los negocios.

Cultivar en el desierto es bueno para todos, pero necesitaremos otras medidas como la reducción del consumo de carne y el control de la superpoblación para frenar la acelerada destrucción del planeta que nos amenaza de cerca.

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Referencias: BBC; Renewable Energy Magazine; USAID.

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