Carta de amor a una dama desconocida

Casi nadie te podrá querer como yo…
En este mundo que nos agobia, plagado de noticias negativas, también es conveniente hablar alguna vez de amor. Por qué no, una carta de amor a una dama desconocida…, a esa mujer maravillosa que un día nos rompió el corazón.

En primer lugar dejadme decir algo: Los antiguos griegos usaban cuatro palabras para hablar de amor.

En primer lugar, storge: amor a la familia, a los hermanos, a los  padres. Pese a ser importante, este tipo de amor es instintivo, generalmente uno quiere a su familia, pese a lo bueno y a lo malo, simplemente porque es su familia, en este tipo de amor no existe la verdadera voluntad de amar.

En segundo lugar esta eros: también es un amor instintivo, una reacción química, perpetuación de la especie. Aquí tampoco existe verdadera voluntad de amar, es más un intercambio de necesidades satisfechas. Si dejas de satisfacer las necesidades del otro, eros, con probabilidad se extinguirá.

Un poco más elevado que los anteriores tipos de amor es fileo: amor a los amigos, aunque también es instintivo, el ser humano se asocia y busca a los que son como él, por motivos grupales, tribales, de asociación, desde tiempos inmemoriales, por protección, etc.

El cuarto y último grupo es ágape: una especie de amor sobre todas las cosas, donde existe verdadera voluntad de amar…

Carta de amor

«Dama desconocida quería decirte que ágape es como yo te he amado siempre. He amado a tu persona, exactamente como eres, sin pedir nada a cambio, sin esperar nada a cambio, como un puro sentimiento de amor que se recrea en sí mismo y que solo procura tu felicidad, al margen incluso de sí mismo.

Me duele tener que alejarme, pero no me queda más remedio por las circunstancias que tu y yo conocemos. Has de seguir tu vida y yo  la mía, aunque ten por seguro que siempre vivirás en mi corazón.

De todo corazón te deseo que te quieran como mínimo de la misma forma que yo siempre te querré.

Dama desconocida permíteme escribirte esta última carta de amor:
Reconozco que he perdido la capacidad de acercarme a ti. Como un río que vaga perdido entre montañas, incapaz de reencontrar su curso hacia el  mar…

Tampoco quiero molestarte, pues no sé si lo hago o no, cuando te hablo, escribo o mando canciones. Incluso dudo si hago bien en mandarte esta carta… Discúlpame si es el caso y dímelo con total libertad y no te enviaré nada más.

Lo que ocurre es que vives en mi corazón y eres una persona a la que siempre voy a querer. No te sientas mal por ello, pues al igual que tú no puedes evitar no quererme, yo no puedo evitar justo lo contrario (en esto nos parecemos los dos, no podemos evitar algo respecto al otro).

Tu libertad es sagrada. Además, si eres feliz, qué te puedo aportar yo que no tengas ya. Tampoco tengo nada que ofrecerte, pues apenas poseo nada. No tengo casa, no tengo un buen trabajo, estoy separado, soy mucho mayor que tú…, en fin una larga lista de circunstancias que parecen alejarme inevitablemente de tu persona.

Solo tengo mis sentimientos hacia ti… Todo lo demás es un desastre… Aparte, claro, de que no me quieres, es tu libertad y tu elección, por supuesto.

Que cierto es que no podemos mandar en nuestro propio corazón. Él sabe a quién querer y a quién no. Solo podemos asistir como espectadores a sus actos, a sus dictados…

No sé qué pensaste la primera vez que me acerqué a ti. Siempre busqué una relación seria contigo, una compañera de viaje…, una maravillosa chica con la que compartir mi vida. No fue posible pero me alegro de haberlo intentado.

Mi corazón me arrastraba hacia tu persona de manera irresistible. Últimamente estamos algo enfadados él y yo, pues me hace sentir o, mejor dicho, me conecta a ti de manera continua, pese a que le repito que no nos quieres, que tienes derecho a no querernos y que es tu elección y libertad no hacerlo…

Perdóname, no pretendo ser un pesado ni nada parecido, solo que hoy mi corazón me ha ganado la batalla y me hace sentir por ti con toda su fuerza.

Como siempre, te deseo lo mejor. Sé muy feliz y libre…, mi inalcanzable dama desconocida…

Prefiero que no contestes a estas pobres palabras, léelas cuando tengas un rato para hacerlo. Que queden como un pensamiento en voz alta, una expresión silenciosa del amor que mi corazón siente por ti…»

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