4 formas de usar la generosidad para reducir el estrés y ser más feliz

El altruismo tiene su propia recompensa. Actuar con generosidad libera casi un 50% más de oxitocina, la hormona de la felicidad. Esto aumenta la creatividad y la capacidad de resolver problemas. En un estudio de la Universidad de Yale, realizado en 2015, se comprobó que ayudar a quienes lo necesitan reduce el estrés.

Los investigadores estudiaron a un grupo de 77 adultos durante dos semanas. Cada día debían informar sobre el estrés que habían sentido en el trabajo, en casa o en el centro de estudios. También tenían que tomar nota cuando efectuaban algún acto altruista. Además, tuvieron en cuenta su estado mental. Los resultados indicaron que, durante los días en que realizaban una buena acción, se producía un significativo descenso en el estrés.

Formas simples de ser altruista

La generosidad no implica grandes actos. Los detalles pequeños pueden ser muy importantes: una simple sonrisa, escuchar al otro o mantener una conversación, por ejemplo. Estos simples actos influirán en el estado de ánimo de uno mismo y también en el de los demás.

  • Responder con amabilidad: La primera persona con la que te cruces puede ser una oportunidad de que ambos sean más felices. Solo es necesario un poco de atención, tratar de comprender al otro y averiguar qué necesita.
  • Difundir la positividad: La forma de ver las cosas puede transferirse a los demás. Un comportamiento positivo por parte de una persona es muy probable que influya en la otra. El positivismo se replica.
  • Dar en lugar de recibir: Un auténtico altruista no piensa en qué obtendrá a cambio, pues lo importante es el resultado. Sin embargo, el universo recompensa la generosidad de un corazón generoso. Solo hay que dar un paso para servir a un bien mayor y el mundo con el que soñamos puede convertirse en una realidad. Solo depende de nosotros pensar en dar antes que en recibir, en cooperar antes que en competir.
  • Practicar la bondad propia: Ser generoso con uno mismo no resulta tan fácil. El crecimiento interior y aprender a valorarse en su justa medida requiere persistencia, paciencia y autocompasión, lo que deberíamos recordar todos los días. Ser amable con uno mismo no consiste en sentirse bien (no siempre hacer lo que nos gusta es lo mejor). Hay que encontrar un momento para felicitarse y abrazarse a uno mismo.

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