El ruido disminuye el promedio y la calidad de vida

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El ruido ambiental es mucho más dañino para nuestros cerebros de lo que se puede sospechar. Varios estudios han analizado sus efectos negativos en la salud cognitiva y han dado con la clave para revertirlos…

Durante mucho tiempo se ha hablado del ruido como parte de la contaminación acústica, pero las implicaciones de este en el cerebro humano se han podido determinar hace poco, gracias a unos estudios recientes.

Dichos estudios han descubierto que el ruido ambiental excesivo disminuye la función cognitiva y la calidad de vida. De hecho, también puede reducir el promedio de vida humana.

Sin embargo, se ha encontrado una cura muy positiva para revertir los efectos dañinos del ruido: el silencio.

El ruido reduce la vida

Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) analizó los efectos negativos del ruido en la salud de 340 millones de personas de Europa occidental. Los hallazgos indican que estas personas estaban perdiendo, en conjunto, un millón de años de sus vidas, a causa del ruido.

En promedio, esto es como si uno de cada tres individuos perdiera un año de su vida como consecuencia del ruido.

Otra investigación de Psychological Science, publicado en el 2011, estudió los efectos del ruido en el aeropuerto de Múnich, Alemania, sobre la salud general de los niños.

Se encontró que los niños que estaban constantemente expuestos a este ruido, desarrollaron una respuesta de estrés ante el mismo.

Lo más sorprendente es que estos niños, al desarrollar una respuesta de estrés que les hizo ignorar el ruido, también desarrollaron una capacidad para pasar por alto los estímulos regulares para prestar atención a una conversación.

Se concluyó que estos niños terminarían teniendo problemas de déficit de atención.

Otros efectos negativos del ruido que se han podido comprobar en diferentes investigaciones incluyen enfermedades cardíacas, hipertensión arterial y la pérdida del sueño.

El silencio es el mejor antídoto

Otro estudio publicado por la revista Heart buscó determinar los efectos del silencio, la música y el ruido en el cerebro.

Entre los resultados, se encontró que las pausas aleatorias de dos minutos en una lista de reproducción de “música relajante”, tuvo efectos más tranquilizantes para el cerebro que la música en sí.

A medida que se incrementó la cantidad de minutos de silencio en las pausas, los participantes lograron relajarse mucho más.

Otros estudios realizados en habitaciones anecoicas han valorado los efectos del silencio absoluto, evidenciando que los extremos, en exceso, no suelen ser beneficiosos.

¿Cómo incorporar el silencio en la vida cotidiana?

Partiendo de los estudios anteriores, se ha podido determinar que el cerebro humano tiene la capacidad para recuperarse del ruido rápidamente.

Según la teoría de la restauración de la atención, publicada en la Revista de Psicología Ambiental, el silencio crea un efecto de “bajar la guardia” en la información sensorial, restaurando los recursos cognitivos finitos del cerebro dañados por el ruido.

Ahora surge otra pregunta: ¿cómo incorporar el silencio en las actividades diarias? Se recomienda buscar un momento en el día en el que se pueda estar completamente a solas, para desconectar del bullicio y las distracciones.

Esta práctica del silencio, implica pasar al menos 30 minutos al día sin música, películas, series, teléfono, ni conversaciones.

Los efectos de realizar esta práctica se verán con el tiempo, obteniendo no solo los beneficios descritos anteriormente, sino también una sensación de calma.

Referencias:

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