El niño que escribirá un libro sobre la Paz

Aguardaba sentado en un banco de madera la llegada de mi hijo. Incapaz de concentrarme en las palabras de Dostoyevski, por hallarme sumido en inquietudes personales persistentes que desasosegaban mi ánimo.

De pronto, me vi rodeado de un buen número de niñas y niños que salían de una clase de natación. Unos comían galletas, otros chucherías, incluso otros se ajustaban la cremallera de alguna prenda.

Uno con una nube entre los dientes se sentó, con total naturalidad, pegadito a mí hasta que llegó su abuela y se lo llevó de la mano, para ser sustituido enseguida por una niña rubita que me saludó, entre bocado y bocado de su chocolatina.

Unos centímetros más allá otro niño le decía tímido a su madre que iba a escribir un libro sobre la Paz. Sin cambiar mi gesto, aparentemente distante, mi corazón se enterneció al escucharle.

Rodeado de niños sentado en aquel banco de madera, el mundo, por unos instantes, se transformó en un lugar mucho mejor en el que vivir.

Esas pequeñas personas son el futuro de todos nosotros y nos necesitan, necesitan que los mayores les respetemos y hagamos todo lo posible por que tengan su oportunidad de vivir y desarrollarse en un mundo donde se establezca, por defecto, la justicia y la libertad.

Los niños deben ser especialmente protegidos. Su protección debe ser un objetivo prioritario para todos. Pero no siempre es así…, hay niños a los que se les esclaviza, abusa sexualmente, juguetes de productoras, o víctimas de otras atrocidades que cuesta pronunciar, por el dolor tan intenso que te produce el hacerlo.

La cifras a nivel mundial de niños desaparecidos son escalofriantes, irreproducibles, hasta el punto de dañarte el alma, de hacerte caer en el oscuro abismo de la desesperanza.

¿Dónde están estos niños?
Esto no puede seguir así, esto debe terminar… Por eso pido justicia, una justicia fría e inevitable como una gigantesca ola irresistible, para cualquiera que se atreva a tocar el cabello de un solo niño.

Debemos crear las condiciones idóneas para que aquel maravilloso niño pueda escribir, por fin, el libro que sueña escribir un día… Ese libro que hablará de la paz.

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