Construcción consciente en zonas de terremotos

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Vivir en la costa del Pacífico: cuando la ubicación geográfica y el tipo de construcciones se convierten en un cóctel para la vulnerabilidad.

Realmente, la idea de este artículo era situarlo en la zona norte del Pacífico Sudamericano donde, en el período comprendido entre el 31 de enero 1906 y el 16 de abril de 2016, se han producido siete terremotos, prácticamente uno cada veinte años, pero aplica realmente en todas las costas del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico.

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Los terremotos ahí producidos son el resultado del desplazamiento entre dos placas tectónicas: la placa de Nazca (placa oceánica) que se sumerge bajo la Sudamericana (placa continental), proceso conocido como subducción.

Las ciudades y poblaciones costeras de la zona presentan ciertas similitudes al estar asentadas sobre suelos aluviales con alto nivel freático y permanente filtración de aguas del alcantarillado, y por la vulnerabilidad de sus estructuras, especialmente las edificaciones de mayor altura  con patologías como columnas cortas, pesos en las terrazas e irregularidades en planta y elevación.

En el caso más reciente, la costa norte de Ecuador fue afectada por un sismo el 16 de abril del 2016 y el registro de daños en las edificaciones evidenció la prácticamente nula capacidad de las estructuras para soportar eventos de tal magnitud, en unos casos debido a que fueron diseñadas hace más de 40 años con normas y reglamentos que no consideraban la sismo-resistencia.

Hasta hace cuatro décadas se privilegiaban vigas fuertes sobre columnas débiles, se desconocía la importancia del confinamiento y a los estribos se los ubicaban a una distancia mayor y en diámetros menores a lo que actualmente se establece.

También era normal la construcción por etapas, la adición de pisos no planificados en el cálculo original, con el inadecuado empalme de los aceros para la continuación de las columnas de los pisos agregados, fallos que se pudieron apreciar en muchas de las edificaciones colapsadas producto de ese terremoto.

En resumen, los asentamientos en amplias zonas de subducción a lo largo de las costas del océano Pacífico, con edificios de hormigón armado diseñados con normas antiguas, calculados si acaso para cargas verticales, a los que incluso en varios casos les agregan pisos adicionales, tienen una predisposición intrínseca a sufrir daño ante la ocurrencia de un movimiento sísmico.

Con la periodicidad de los terremotos y el análisis de unas de las varias causas que llevan al colapso de una estructura, es momento de repensar en una nueva forma de construcción en los países con alta peligrosidad sísmica para que en los procesos de autoconstrucción se respeten normas mínimas que incorporen conceptos de sismo-resistencia.

Además, crear mecanismos de difusión para explicar en lenguaje claro conceptos de patologías en construcción tales como: pisos blandos, columnas esbeltas, columnas cortas, pesos en las terrazas, golpeteo, irregularidades en planta y elevación, nudos débiles y otros problemas recurrentes y que han provocado daños en otros eventos en diferentes sismos.

En conclusión, no basta con que se promulguen nuevas regulaciones municipales o un mayor control tanto en la aprobación de los planos como en la construcción misma y que las edificaciones mayores a cuatro pisos sean diseñadas considerando muros de corte, disipadores de energía y/o aisladores sísmicos, si la población en sí no tiene un conocimiento real del problema que se avecina.

Es momento de la construcción consciente.

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Carlos Velasco
Padre, hincha del fútbol e ingeniero civil, dispuesto a difundir los principios básicos de construcción en zonas sísmicas como la que habito.

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