Combates navales. El cabo Santa María

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En las proximidades del cabo Santa María, al sur de Portugal, durante el mes de enero de 1780, tuvo lugar un combate entre una escuadra española, al mando del general don Juan de Lángara, y otra británica, al mando del almirante George Rodney…

El cabo de Santa María se encuentra localizado en aguas del océano Atlántico. Es el punto más meridional del Portugal continental, en la ría Formosa, municipio de Faro.

Antecedentes

Tras algunos éxitos obtenidos, como en la fracasada tentativa francesa de saltar el Canal de la Mancha, la moral española estaba muy reforzada.

Mientras tanto, la escuadra inglesa, que se encontraba a la defensiva, permanecía en sus aguas. La Winchcomb, de 26 cañones, había sido apresada por don Juan de Lángara, pasando a prestar servicio en la Armada. Otras divisiones también consiguieron apresar varios buques enemigos, en los que destacó don Federico Gravina.

Retrato de Juan de Lángara
Retrato anónimo de Juan de Lángara (Museo Naval de Madrid).

Toda la atención se centró en Gibraltar, aunque el gobierno español consideró que la plaza era inexpugnable con los medios disponibles y desistió del asedio. A pesar de ello, en el Campo de Gibraltar colocaron a un ejército de 13.000 hombres, al mando de don Martín Álvarez de Sotomayory se encomendó el bloqueo por mar a don Antonio Barceló, jefe de la escuadra.

Gobernaba la plaza el general Elliot, con unos 5.000 hombres, y la división del almirante Duff. El bloqueo de Barceló era bastante eficaz, e Inglaterra preparó una flota, con Rodney al mando, con el objetivo de llevar provisiones y refuerzos a Gibraltar.

Enterados los españoles, unieron los navíos que habían quedado en Brest a otros franceses para abortar la salida de Rodney. En Cádiz estaba don Luis de Córdova, por si el plan fracasaba. Pero todo se vendría al traste de manera sorprendente…

Inicio de la campaña

El 27 de diciembre de 1779, zarpó Rodney con 22 navíos y 19 fragatas escoltando a un convoy de 200 mercantes. En Brest tenían conocimiento de la salida, pero, una vez más, los franceses no cumplieron con su parte y, una vez se hicieron a la mar, ya era demasiado tarde.

Córdova estaba esperando a Lángara en el Estrecho, pero surgió un contratiempo que provocó su retirada a Cádiz: un fuerte temporal, que estuvo a punto de hundir al Santísima Trinidad.  

Navío Santísima Trinidad
Oleo del Navío Santísima Trinidad.

Rodney, tras apresar 15 mercantes españoles, dobló el cabo San Vicente el 12 de enero y, a la altura del cabo Santa María, divisaron la escuadra de Lángara, que ordenó formar en línea de combate, más al comprobar que las fuerzas de Rodney eran superiores, consultó con sus comandantes, decidiendo retirarse a todo trapo hacia Cádiz.

Rodney, aprovechando la velocidad que le aportaban sus forros de cobre, ordenó caza general. El Santo Domingo, planto cara valientemente a pesar de estar rodeado por enemigos, pero muy pronto fue volado y hundido.

Aquello amedrentó a los españoles, que fueron apresados uno a uno. El insignia Fénix fue atacado por dos enemigos, a los que se unieron tres más, perdiendo el palo de mesana y el mastelero mayor.  Lángara fue herido, entre otros muchos, lo que propició su rendición.

Balance final

Se habían perdido siete navíos y la tempestad creaba dificultades a las tripulaciones de presa inglesas en los capturados San Julián y San Eugenio, por lo que pidieron ayuda a los españoles, los cuales les comunicaron que estaban dispuestos a ayudar, siempre y cuando se dirigieran a Cádiz.

Los ingleses cedieron, por lo que las perdidas fueron el Santo Domingo, volado, y los Fénix, Princesa, Diligente y Monarca, apresados.

Retrato de Lord George Rodney
Retrato del almirante Lord George Rodney (Jean Laurent Mosnier, 1791)

La escuadra de Rodney y los barcos españoles apresados entraron en Gibraltar, zarpando el 13 de febrero, mientras las escuadras de Córdova y Gastón hacían reparaciones en Cádiz, dirigiéndose a América.

Lo más polémico fue que Carlos III, al enterarse del resultado del combate, ascendió a teniente general a Lángara. Una cosa era no castigar al desgraciado jefe y otra muy distinta ascenderlo pese al desastre. Sin embargo, los ingleses quitaron el mando a dos de los comandantes que menos se habían esforzado en la lucha.

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Ramón Martín Pérez
Ramón Martín Pérez
Aficionado y amante de la Historia, sin aditivos políticos o partidistas. Mi pasión es dar a conocer y divulgar, de forma sencilla, algunos aspectos de esa Historia que a todos nos gusta recordar. Autor del blog Cosas de Historia y Arte.

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