Un boletín científico sin fotos, de 50 centavos y portada castaña, que nació para “aumentar y difundir el conocimiento geográfico” y acabó cambiando la forma en que miramos el mundo.
La revista alemana Stern presenta una colección de supuestos diarios personales de Adolf Hitler como una exclusiva mundial. Durante unas horas pareció un hallazgo capaz de reescribir la historia del nazismo, pero el entusiasmo se desmoronó en cuanto los laboratorios y los archivos empezaron a mirar los cuadernos con calma.
Un número extra de The Sun anunció que un globo llamado Victoria había sobrevolado el Atlántico en 75 horas. Los ejemplares se agotaron y dos días después llegó la confesión: todo había salido de la pluma de Edgar Allan Poe.
Una serie de artículos en un diario neoyorquino describió selvas lunares, unicornios y hombres-murciélago, todo respaldado por supuestas novedades científicas. Detrás se encontraba una obsesión contraria a la ética periodística…