Cuando el verano se convierte en protagonista

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Los meses de estío han sido la inspiración literaria para escritores de todas las épocas y lugares...

En el verano nuestras ciudades se vacían, solo unos pocos se atreven a soportar el calor y resistir sobre el asfalto el sopor del estío. Uno de esos veranos madrileños un periodista encuentra un manojo de llaves que le abrirán las puertas de las casas de sus vecinos ausentes. En torno al allanamiento de morada, poco a poco, se irá tejiendo una misteriosa historia de amor. Esta es la trama de “El año sin verano” del polifacético Carlos del Amor.

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Nueve personas coinciden durante diez días en un lujoso y aparentemente tranquilo balneario de lujo –Tranquillum House–. La curiosidad por conocer la verdadera historia de cada uno de los huéspedes y, en especial, de la obsequiosa directora atraparán al lector desde la primera página de “Nueve perfectos desconocidos”, de Liane Moriarty.

Buen momento para redescubrir a los clásicos

En 1977 Fernando Fernán Gómez fue galardonado con el Premio Lope de Vega por su novela “Las bicicletas son para el verano”. En ella se cuenta la historia de una familia española que asiste con incredulidad al inicio de la Guerra Civil española, en el verano de 1936. Luisito, el hijo de don Luis y doña Dolores, ajeno a lo que sucede a su alrededor insiste una y otra vez en que le compren una bicicleta.

El escritor francés Sylvain Tesson se instaló cierto verano a orillas del mar Egeo, concretamente en Tinos, una de las islas Cícladas. Allí, al abrigo del sonido de las olas y bajo el destello de los últimos rayos de sol antes del ocaso revisitó los espacios de la Guerra de Troya, siguió los pasos de Ulises y disfrutó de la relectura de las obras del bardo heleno. Mientras todo esto sucedía escribió un ensayo, una novela… un viaje al centro del alma: “Verano con Homero”.

Dos jóvenes –Hermia y Lysander– huyen de Atenas para casarse en secreto. Esta es una de las historias de amor más conocidas de la literatura: “El sueño de una noche de verano” de William Shakespeare. La trama se recrea en las profundidades de un bosque, donde hadas y duendes acampan a sus anchas.

En la orilla de un río

 “Muerte en Venecia” de Thomas Mann también transcurre durante los meses estivales. El escritor Gustav von Aschenbach, sumido en una profunda depresión, huye de Múnich y se instala en el Hotel de Baños de la playa de Lido, en Venecia. Allí conoce a un adolescente polaco –Tadzio– que le remueve lo más íntimo de su ser.

La novela tan sólo abarca las dieciséis horas de un caloroso domingo de verano. Un grupo de jóvenes madrileños deciden escapar del aburrimiento y de las altas temperaturas, y pasar la jornada en una arbolada junto al río Jarama. Esta es la trama de “El Jarama”, de Rafael Sánchez Ferlosio, un libro que marcó un punto de inflexión en la literatura española de la posguerra.

Una historia que, al menos de lejos, recuerda a las adorables “Aventuras de Huckleberry Finn” de Mark Twain, en donde el atrezo era otro río, el inolvidable Mississippi. ¿Qué mejor manera de idealizar un verano sin preocupaciones?

Por último, otro clásico del verano “El Gran Gatsby”. En esta ocasión el escritor norteamericano F Scoot Fitzgerald sitúa las coordenadas temporales en el verano de 1922, y las espaciales en una zona acaudalada de Long Island, donde viven una pasión desbocada Jay Gatsby y Daisy Buchanan.

En fin, pues eso, que los libros, como las bicicletas, son para el verano.

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Pedro Gargantilla
Médico, escritor y divulgador. Jefe de Medicina Interna del Hospital de El Escorial de Madrid. Profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.

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