El síndrome de Ulises y cómo afecta a los inmigrantes

“Y Ulises pasaba los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando incansablemente…” -La Odisea, Canto V

El Síndrome de Ulises deviene del semidiós de la mitología griega que Homero plasma en la Odisea. El semidiós que debe luchar contra todos lejos de los suyos, y que, pese a ir triunfando, sufre fuertemente.

En pleno siglo XXI, el Síndrome de Ulises es conocido como el Síndrome de estrés crónico y múltiple, entendido como un fuerte malestar emocional que sufren las personas que por determinadas circunstancias han tenido que dejar la vida que conocen forzadamente por condiciones extremas, un cuadro que al día de hoy padecen millones de personas en el mundo.

La dificultad de los procesos que deben afrontar los inmigrantes los vuelve vulnerables a este síndrome. Estudios psiquiátricos han detectado entre los inmigrantes, especialmente entre los que no han logrado sus metas, un aumento de una serie de trastornos que han definido como el síndrome de Ulises.

El síndrome de Ulises, descrito por el equipo de psiquiatras del Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados (SAPPIR) de Barcelona, determina que “los inmigrantes afectados por este síndrome sufren un estado depresivo y un estrés crónico que puede derivar en enfermedad mental” y que sus orígenes vienen de la mano de la lucha que implica la migración:

Un viaje nada fácil, la lejanía del entorno y de la familia, las dificultades para encontrar trabajo y obtener papeles, o el rechazo racista y, sobre todo, la descalificación profesional que muchos inmigrantes sufren en el sitio de destino.

La Odisea, Canto V

El síndrome de Ulises, es una breve comparación entre el arriesgado y difícil viaje de cualquier inmigrante en busca de calidad de vida y la odisea de Ulises, también llena de retos y sentimientos encontrados, en su largo viaje por el Mediterráneo.

No todos los inmigrantes son lo suficientemente fuertes como para saber afrontar los retos y penurias del proceso, y es ahí cuando aparecen los primeros síntomas, como lo son la ansiedad, la depresión, la tristeza, los temores, la irritabilidad, los trastornos disociativos y psicosomáticos (cefaleas y dolores abdominales o fatiga intensa) y, en el peor de los casos, trastornos de tipo psicótico.

Luchar contra el Síndrome de Ulises implica una reacción pronta para evitar que los cuadros se vuelvan crónicos y deriven en consecuencias mas graves graves, como infartos o suicidios.

Bautizar el síndrome con el nombre del héroe griego se debe al hecho de que éste, pese a ser un semidiós, a duras penas sobrevivió a las pruebas y retos a los que se enfrentó estando lejos de sus querencias, mientras que muchos de los inmigrantes del siglo XXI, esos de de carne y hueso, son sometidos a condiciones y retos más fuertes que las narradas en la Odisea.

Los duelos son reacciones a los cambios forzados y se producen en casi todos los procesos migratorio y muchas veces se complican motivado al cúmulo de situaciones que debe enfrentar al mismo tiempo, estas personas tienen que convivir con la separación lejana y en algunos casos indefinida de su familia.

La importancia de conocer esta problemática radica en la necesidad de crear medios y redes de apoyo multidisciplinarias que permitan actuaciones contundentes dentro de la legalidad para hacer más humanos los ya tan difíciles procesos migratorios, porque en la mayoría de las veces, el asunto no es ni siquiera económico, el asunto es de la forma como las personas se van apagando poco a poco.

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