Las respuestas contradictorias a la muerte de Fidel Castro

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Fidel Castro, líder de la Revolución Cubana que gobernara ese país caribeño desde 1959, murió a los 90 años de edad el pasado 25 de noviembre de 2016.

Su hermano, Raúl Castro, presidente actual del país por designación del propio Fidel, lo comunicó al mundo a través de un mensaje televisivo: “Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy, 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche falleció el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz”.

Los restos de Fidel Castro fueron cremados al día siguiente, conforme a sus peticiones en vida, y se han dispuesto nueve días de luto nacional, que incluirán un acto de masas en la Plaza de la Revolución en La Habana. Los funerales visitarán los diversos rincones de la isla para que el pueblo pueda rendir sus honores al difunto dictador.

Un líder amado y odiado

El deceso de Fidel Castro da fin a un período histórico iniciado a mediados del siglo XX, cuando desembarcó en la Cuba dictatorial de 1956, bajo el régimen de Fulgencio Batista, para con un conjunto militar de rebeldes provenientes de México impulsar la guerrilla comunista que derrocó la dictadura e instauró otra, de corte socialista, lo que significó un hito político en América Latina y en el mundo.

O al menos lo fue, hasta que su gobierno inició la persecución de escritores desafectos al régimen, de homosexuales o el fusilamiento de quienes intentaran escapar de la isla, sumergida desde inicios de la década del 90 en la más intensa miseria. Entonces las contradicciones en torno al modelo cubano se hicieron comunes.

Lo que significa su muerte

Tras gobernar 47 años ininterrumpidos, Castro abandonó la presidencia cubana hace diez años, debido a problemas de salud y dejando a Raúl Castro, su hermano cinco años menor, al mando del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros.

La última vez que se pudo ver a Fidel Castro con vida fue el pasado 15 de noviembre, cuando recibió en su residencia al presidente de Vietnam, Tran Dai Quang. Luego recibiría al Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, pero la cita tuvo que cancelarse.

Su presencia en la Isla se fue espaciando gradualmente desde su retiro de la Presidencia, pero se mantuvo presente en la prensa escrita, sobre todo en marzo de 2016, cuando días después de la histórica visita del presidente norteamericano Barack Obama a la isla, hizo públicas sus reticencias ante la visita del presidente de su histórico país rival. “No necesitamos que el imperio nos regale nada”, fue la frase más significativa de quien conoció la dureza del embargo económico prolongado con que los Estados Unidos castigaron la isla cubana durante más de medio siglo y que parece ya empezar a resquebrajarse.

La muerte de Castro supondrá una enorme sacudida emocional en Cuba y en la izquierda latinoamericana. Políticamente, en cambio, es más un símbolo del fin de una era, que un verdadero cambio en la política regional. Eso, claro, no signifique que quepa esperar pronto cambios sustanciales en el sistema cubano.

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