Poblados Marítimos: El Cabanyal

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El Poblado Marítimo del Cabanyal fue, junto al Canyamelar y el Cap de França, un municipio independiente, en el periodo comprendido desde 1837 a 1897. Siendo en este año cuando se produce su incorporación a Valencia.

Cambio del nombre de calles y plazas en la ciudad de Valencia

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Su formación es debida a las barracas y cabañas ─de ahí proviene su etimología─ de pescadores, que se situaban entre las acequias de Gas y dels Àngels o Pixavaques. Percadores que varaban las barcas en la playa y que se dedicaban, mayoritariamente, a la pesca del bou.

Las barracas fueron consideradas como casas de venganza, debido a la facilidad con que se incendiaban. No se pudo comprobar si, por accidente o por venganza, en 1797 un pavoroso incendio destruyó 87 de ellas, junto a la mayoría de las cabañas. Había que tomar medidas para evitar la fácil propagación de estos incendios, razón por la que a partir de entonces se alinearon en calles, se ensancharon las mismas y se intercalaron edificios de una o dos plantas, entre ellas.

A mediados del siglo XIX se edificó, sobre el solar ocupado por una antigua ermita, la que será su iglesia parroquial, la Verge dels Ángels, también nominada como Nostra Senyora dels Ángels. La torre del campanario fue aprovechada como faro hasta el año 1926. Existiendo, por tanto, dos parroquias: la de la Verge dels Ángels y la de la Verge del Rosari en cuyas inmediaciones se realizaban los entierros hasta la construcción de un nuevo cementerio, concluido en 1880; junto a cuatro escuelas y un colegio de párvulos. La comunicación con la capital estaba presente con el Camino del Grao y el tranvía; además de la llegada del ferrocarril.

Durante ese siglo XIX, hay constancia de que el Cabanyal, acogía a unas tres mil familias, y se encontraba junto a la playa a cuatro kilómetros de Valencia. Las acequias o aguas estancadas fueron utilizadas, durante años, para el lavado de la ropa, lo que era un caldo de cultivo para la propagación de enfermedades y epidemias, como la de cólera que padeció Valencia en 1885, que se cebó con los habitantes de El Marítim.

Como sabemos la historia del Cabanyal, va unida a la del Canyamelar, y al Pueblo Nuevo del Mar. Llega el siglo XX, y nada más comenzar, la ciudad de Valencia decide declarar a los maestros Sorolla y Benlliure, hijos predilectos de la ciudad, por cuyo motivo se rotulan con sus nombres algunas calles y plazas: como es el caso de la mitad de la calle de las Barcas y la totalidad de la Plaza de la Pelota. Se reapertura el Teatro de la Marina, y se sustituye, el 23 de marzo de 1900, el antiguo tranvía de vapor, por un nuevo tranvía eléctrico.

En 1909, el gobierno tiene que declarar el Estado de Guerra, ante los hechos que se vienen produciendo durante la Semana Trágica. Es necesario acoger a los heridos, y en el Pueblo Nuevo del Mar se habilita, como hospital, un edificio que se está construyendo por iniciativa de la Sociedad Marina Auxiliante, en la Playa de Levante. Me refiero a la Lonja del pescado.

Llega el fatídico 1957, y con el la desastrosa riada del Turia, una catástrofe que afecta, considerablemente a los poblados marítimos, llegando el agua a cubrir las plantas bajas de las casas.

No quiero salir de El Cabanyal, sin hacer mención a la celebración de la Semana Santa Marinera, que tiene sus orígenes en el siglo XV, al crearse la Concordia de los disciplinados (Concòrdia dels Disciplinats). Aunque se carece de archivos referidos a ella, ya que fueron destruidos durante la Guerra Civil. Se han podido reconstruir algunos hechos con fragmentos dispersos de la historia de la Semana Santa Marinera.

Al llegar el siglo XX, había en las parroquias corporaciones de Sajos que rendían culto a Jesús Nazareno, portando la cruz al hombro; corporaciones de Granaderos dedicados al culto de la Santísima Virgen; y las cofradías de Penitentes. En 1924, un grupo de devotos crea la Hermandad de la Santa Faz (Germandat de la Santa Faç) en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario (Mare de Déu del Roser), creando nueve hermandades nuevas que transformaran las procesiones.

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Ramón Martín Pérez
Aficionado y amante de la Historia, sin aditivos políticos o partidistas. Mi pasión es dar a conocer y divulgar, de forma sencilla, algunos aspectos de esa Historia que a todos nos gusta recordar. Autor del blog Cosas de Historia y Arte.

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