Libros que originalmente tenían otro título

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Alguien dijo una vez que elegir un buen título a veces es más complicado que escribir un buen libro. Y no se equivocaba...

La geografía de nuestras librerías está poblada de libros que en algún momento tuvieron nombres diferentes al que ahora conocemos, siendo muy distintos los pábulos que llevaron a los autores a rebautizar sus creaciones. ¿Acierto o error? Júzguelo usted mismo.

¿Sabe en qué se transmutó el litigado “Cuatro años y medio de lucha contra las mentiras, estupidez y cobardía”? Se cuenta que el editor apuntó al autor que era demasiado prolijo y que tantease encontrar algo más corto, más velado y con más gancho. Adolf Hitler se puso manos a la obra y lo rebautizó como “Mi lucha”.

Priman los títulos cortos

Muchas veces sucede que la ficción esconde bajo el tapete una historia real. Así, por ejemplo, el escritor norteamericano Edgar Allan Poe se enamoró perdidamente de su prima Virgina Clemm, una historia con final feliz que terminó en matrimonio. Sin embargo, tuvieron que falsear el acta de nacimiento de la novia, ya que Poe contaba veintisiete años y ella tan sólo con trece primaveras.

La unión se prolongó durante once dichosos años, pero terminó de forma abrupta tras el fallecimiento de Virginia a consecuencia de una infección por el bacilo de la tuberculosis, un desenlace desgraciadamente bastante frecuente en aquella época. Poe entró entonces en una terrible depresión que le llevó a escribir varias obras dedicadas a su finada esposa, entre ellas el poema “Annabel Lee”.

Pues bien, esta elegía influyó sobremanera en el escritor ruso Vlamidir Nabokov hasta el punto que decidió cambiar el título de “Un reino al lado del mar” por “Lolita”, la nínfula de Humbert Humbert.

También optó por un título más corto el escritor inglés George Orwell para una de sus novelas. Winston, el protagonista del relato, es invadido por una terrible soledad física, seguramente muy pareja a la que sintió el autor cuando lo escribía aislado en la isla escocesa de Jura. Por ese motivo, la tituló inicialmente “El último hombre libre de Europa”.

Sin embargo, las musas –que no cesan de influir en los escritores– alumbraron para la distopía un título más simple y con clave numérica: “1984”.

También hay premios Pulitzer

Los editores recomendaron a William Golding que cambiase el título inicial de la novela “Extraños desde dentro” por una de las traducciones del hebreo para Belcebú –príncipe del infierno–: «El señor de las moscas«. Así lo hizo.

En el título se vislumbra una de las vivencias personales del autor, ya que no hay olvidar que Golding participó activamente –dirigiendo una unidad de desembarco– en el “día D” de la Segunda Guerra Mundial.

Esa novela fue prohibida durante algún tiempo debido a los dilemas morales que plantea, una censura que tiene actualmente atrapada en Estados Unidos a “Matar a un ruiseñor”, por sus tintes xenófobos. Uno de sus personajes más destacados de esta última es Atticus, precisamente el nombre inicial de la novela.

Seguramente el cambio de título no influyó para que la escritora se alzase con el codiciado premio Pulitzer ni para que, con el paso del tiempo, se haya convertido en uno de los clásicos de referencia de la literatura norteamericana.

Una modificación que también sufrió “Mañana será otro día” de Margaret Mitchel. El primer título coincidía con la última línea de la novela pero, posteriormente, la autora decidió mudarlo y quedarse con la primera línea de la tercera estrofa de un poema de Ernest Dowson, es decir, “Lo que el viento se llevó”.

Borrones hasta en el título

Tolstoi utilizó el título “Bien está lo que bien acaba” para una novela con referencias a la guerra de Crimea y a la invasión napoleónica de Rusia. ¿El título final? La archiconocida “Guerra y paz”, un trabajo literario que le llevó siete años de su vida.

Tolstoi no solo cambió el título, se cuenta que escribió siete versiones diferentes del libro y que llegó a rehacer hasta en quince ocasiones el comienzo de la obra. En fin, un océano de incertidumbres que acabó convirtiéndose en una obra maestra.

En algunos casos, en el último momento, y antes de la impresión, el autor decidió cambiar su título. Así por ejemplo “Cien años de soledad” –de Gabriel García Márquez– iba a titularse “La casa”; “El Señor de los anillos” pudo haber aparecido en las librerías como “La guerra del anillo” y para “Drácula” el escritor Bram Stoker sopesaba “El muerto no muerto”. Cómo sondeábamos al principio, ¿acierto o error?

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Pedro Gargantilla
Médico, escritor y divulgador. Jefe de Medicina Interna del Hospital de El Escorial de Madrid. Profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.

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