Algo sobre lo permanente

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El ser humano es proclive a trabajar para hacer méritos intentando alcanzar las diferentes metas que se propone.

Cuando eso ocurre, surge la pretensión de posesión permanente de lo que adquiere, lo cual significa algo así como: “esto me lo he ganado, por tanto me pertenece para siempre”.

Nos ocurre, por ejemplo, cuando se adquiere una propiedad, incluso en el terreno de lo personal al formar pareja con alguien que se ama, siempre las aspiraciones van en dirección de relaciones o posesiones duraderas, permanentes.

Porque eso nos otorga seguridad, una especie de “techo” que nos protege de la intemperie.

Hasta hace una década también había gente que buscaba una estabilidad diaria aspirando a trabajos para siempre, o dicho de otra manera, trabajos que tengan toda la duración mientras que podamos tener actividad laboral.

A día de hoy ocurre que el cambiante ritmo que lleva el mundo, debido al sistema impuesto en muchos países, no garantiza esa permanencia en el trabajo, ni siquiera en esa vivienda que alguna vez adquirimos con ilusión, tampoco se puede echar raíces en la misma ciudad o país.

Las crisis nos han convertido en seres itinerantes, que van migrando obligados por las circunstancias personales o laborales. Si nos referimos a relaciones humanas, sabido es que la gente cambia, aparecen amores seguidos de desamores, nada es para siempre.

“La vida es como una rueda”, dicen, hoy puedes estar arriba y quizás mañana te encuentres debajo de la rueda, porque los destinos de las personas ya no dependen exclusivamente de ellas mismas, sino del sistema donde se encuentran inmersos.

La gran pregunta es si en realidad el ser humano está preparado mentalmente para sobrellevar las condiciones actuales, las mismas que ocasionan algunos trastornos debido a que provocan inseguridades.

Hoy día asistimos a problemáticas de ansiedad, estrés y quizás también algo de infelicidad provocada, en parte, por las preocupaciones y alguna que otra frustración.

La escritora española María Zambrano decía:

“La vida humana es el territorio de la posibilidad, una lucha entre el desengaño y la esperanza, entre realidades posibles y sueños imposibles”. 

Palabras que demuestran realmente lo que nos ocurre, lo cual no es desfavorable, ya que siempre, hasta de las circunstancias más adversas, se extrae un aspecto positivo.

En estas épocas de cambios nos estamos demostrando que, a pesar del caos en el que está sumido gran parte del mundo actual, a pesar de que aún se sigue matando, oprimiendo y destruyendo, los seres humanos abrigamos esperanzas, ¡benditas esperanzas!, las mismas que nos permiten disfrutar de la vida, a pesar de todo.

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Silvia Alasino
Escribo para la gente que valora la vida. Solo si se tiene sensibilidad, se habrá encontrado el verdadero sentido de nuestra existencia. Mis primeros libros: “El círculo” y “Emigrando”.

Referencias: Obra de María Zambrano.

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