Algo sobre el espacio

Si se menciona la palabra “espacio” quizás la mente vuele hacia otras galaxias. Sabido es que el universo es el espacio infinito por excelencia. Ahora bien, si se menciona el “espacio terrenal”, quizás llevados por lo que nos dice el diccionario, pensaremos en una extensión que contiene la materia existente, cada objeto sensible ocupa una parte de eso que llamamos “espacio”.

Tienes un espacio para tus cosméticos, otro para tus libros, otros para tu vajilla…, esto es así. También en tu mente tienes espacio para tus recuerdos, incluso para tus secretos.

Los arquitectos suelen considerar demasiado al espacio en su afán de planificar viviendas confortables donde se aprovechen al máximo todos los metros de los que se disponga, y si por allí quedan unos centímetros nada más, se utilizan, por ejemplo, para colocar un zapatero o una biblioteca.

Todo pasa por exprimir los espacios aprovechándolos realmente. El mundo es enorme, en todas partes hay espacios que sobran, y donde no ocurre eso, intentamos hacernos hueco como podemos.

Nos pasa en los espacios públicos, esos que suelen resultar pequeños cuando el gentío los acapara: las incómodas aglomeraciones de gente en espectáculos, los pasillos del Metro en horas punta, las zonas turísticas abarrotadas de gente, todos son sitios donde nos agobiamos al notar que ese espacio que nos falta para movernos libremente nos quita aire.  

Las personas necesitamos un espacio, nuestras pertenencias también, será por eso la necesidad de la gente de poseer su propia vivienda, la cual es un espacio privado donde las personas se desenvuelven a su aire.

Aire, aire…, es lo que se necesita siempre, tanto en el sentido literal como desde un sentido figurativo, ese “espacio”, esos lapsos de tiempo para permitirnos el reencuentro con nosotros mismos, para dejar de sentirnos avasallados por todo lo que llega desde el exterior, sea de boca de otras personas como también desde la información.

En estos tiempos convulsos, la gente necesita más que nunca rescatar sus momentos de impás, de relax, para lograr armonizarse, para evaluar su realidad y para alcanzar una serenidad que muchas veces el stress de los tiempos han interrumpido. Borges, escritor argentino del siglo XX, decía:

“Buscar la serenidad le parecía más razonable que buscar la felicidad, porque quizás sea la serenidad una forma de felicidad”.

Considera esa frase, ya que sería acertado tratar de tenerla en cuenta, sobre todo considerando que quizás sin tranquilidad no han de existir momentos plenamente agradables, ha de ser la tranquilidad uno de los pilares de la felicidad.

Cuando se alcanza el estado de armonía, cuando se logra acceder al maravilloso estado de bienestar, el mismo que provoca esa saludable serenidad a la que algunos le llaman “traquilidad de conciencia”, otros simplemente sienten que han podido derrotar algo tan nocivo como la ansiedad.

Tú puedes llamarlo como quieras, es lo de menos, solo trata de lograr alcanzar ese estado con frecuencia, ya que será esa serenidad la que te permitirá cargarte de una positiva energía vital, la que luego te ayudará a seguir avanzando, incluso a pesar de los avatares de la vida.

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