A comernos el mundo

La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es beatitud, saboréala.
La vida es un sueño, hazlo realidad.

La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es un misterio, descúbrelo.

La vida es promesa, cúmplela.
La vida es amor, gózalo.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es un himno, cántalo.
La vida es una tragedia, domínala.

La vida es aventura, vívela.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es es vida, defiéndela.

–Madre Teresa de Calcuta.

No nos dejemos engañar, el mundo no es ni de los más poderosos, ni de los bonitos, ni de los sabios. El mundo es de los que actúan, de los que se arriesgan y del que se atreven a hacer las cosas. De aquellos que no aceptan un “no”, de aquellos que se aman lo suficiente como para poner sus sueños por encima de su ego. Vamos a decirlo de una vez: El mundo es de los que se atreven.

La experiencia está llena de muertos en vida, llena de talentos envidiables que por no arriesgarse dejan morir sus ilusiones. Personas que teniendo todo el talento consiguen poco y personas que con muy poco logran todo. Hemos visto a muchos seres brillantes caer a los más bajo y a personas que aun no saben lo grande que es su potencial dejar a un lado sus miedos y conseguir lo que se proponen. Por todo esto, la vida todos los días nos enseña: que el mundo no es de quien más sueña, sino de aquel que es capaz de hacer realidad sus sueños, apartando lo que importa poco y luchando así duela, hasta el final para conseguir lo que quieren.

La razón cierta por la cual no logramos conseguir lo que queremos con los recursos con los que contamos, es porque nos da miedo salir de nuestra zona de confort, nos da miedo a ser diferentes, nos da miedo a explorar nuevas posibilidades. Somos un mar de incertidumbres, observamos la vida desde una óptica poca veces cierta: En vez de verla por el lado positivo de las cosas, miramos desde el lado negativo, buscándole siempre las cinco patas al gato, llenos de quejas, lamentos y pocas ganas de ver lo positivo. Nos da miedo arriesgarnos a conocer nuevos territorios, a escalar nuevas montañas, a coronar nuevas cimas.

“Hay hombres que no suben después de caer”. –Arthur Miller.

De una vez vamos a entenderlo, somos dueños del mundo.  Cada vez que queramos abandonar, recordemos que si otro pudo, por qué nosotros no. Funciona. Pero hagámoslo desde el fondo del alma. Nada es más valioso que materializar nuestros sueños.

Protegerse no es evitar una caída, una mala opinión o cualquier estrategia que nos mantenga invictos en la vida. Protegerse es tener el valor de no parar hasta que no consigamos las cosas, hasta que nuestros sueños no se hagan realidad.

La vida nos enseña que se aprende perdiendo y se puede disfrutar ganando. La diferencia está en el esfuerzo que le ponemos. Si no lo conseguimos, pero luchamos y damos todo, dentro de las posibilidades de la vida,  tengamos por seguro que la victoria es inevitable.

No se trata de vivir en contra al brillo del sol y negar que las malas circunstancias llegaran, sino de saber manejar cada evento por separado: hay resultados negativos donde no conseguimos materialmente los objetivos propuestos y hay resultados que por dentro podría acabarnos. Los primeros son el día a día, marcan el corazón y duelen en el alma, pero son los segundos los que hacen nuestra vida pequeña, llenan nuestra alma de miedo y hace que nos de miedo volver a empezar.

En la medida que demos todo, jamás podremos arrepentirnos. El arrepentimiento solo es posible, cuando no damos todo, cuando en las circunstancias fuimos cobardes, cuando ante la realidad no fuimos capaces de mirarla a los ojos y decirle acá estamos no podrás con nosotros.

Lo peor que nos puede pasar es que en algún momento la vida nos reclame por no haber luchado por nuestros sueños, por eso pasemos a la acción, jamás permitamos que las opiniones de cualquiera nos derroten, que nos inculquen un temor ante la verdad.

Vamos a arriesgarnos y si no se da, recordemos, si otro pudo ¿por qué yo no? Vamos a comernos el mundo.

“El hombre puede ser destruido, pero no derrotado”. –Ernest Hemingway.

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