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Tecnología emocional: ¿Qué es?

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La tecnología y la inteligencia emocional yendo de la mano

La tecnología emocional (o ET, Emotional Technology) es la nueva etapa en nuestra búsqueda de inteligencia artificial. La ET se encarga de medir datos biométricos para definir emociones y luego usarlos como entrada para varias aplicaciones digitales, así pues, la ET promete descifrar emociones tanto si estamos al volante, como si estamos relajados en casa jugando en algún online casino.

Y este avance tecnológico tiene una gran importancia. Los sensores en ciertos dispositivos portátiles pueden detectar el nivel de emoción en el conductor de un automóvil, por ejemplo. Cuando un conductor se excita demasiado en el tráfico, existe el riesgo de ira al volante, exceso de velocidad o incluso accidentes. Cuando el sensor que llevamos encima detecta un aumento de la excitación, la lista de reproducción del coche se adaptará de forma que una canción más tranquila ayudará al conductor a relajarse, sin que esto sea evidente.

De hecho, la tecnología digital nos enseñará un cierto nivel de empatía para que las aplicaciones puedan entendernos mejor y actuar en consecuencia.

Pero…, ¿cuáles son los pilares para la eficiencia de la ET?

Los sistemas de detección y conversión ampliamente reconocidos se han desarrollado hasta tal punto en los últimos años que ahora es posible combinarlos con la Tecnología Emocional. En este sentido, operan de la siguiente forma:

Detección

La extracción de datos biométricos se ha convertido en un auténtico boom en los últimos años. Se ha vuelto posible para nosotros, los consumidores, controlar nuestro propio cuerpo y, en este caso, nuestras emociones, ahora más que nunca y con la ayuda de diversos dispositivos portátiles. Esto asegura que una cantidad gigantesca de datos esté disponible para nuevas aplicaciones.

Los científicos han sido capaces desde hace bastante tiempo de medir bioseñales que están relacionadas con las emociones. El habla, la transpiración, la tensión muscular, la temperatura corporal y los latidos del corazón han demostrado ser indicadores muy fuertes de nuestro estado de ánimo. Hasta la revolución digital, medirlos solo era posible en laboratorios específicamente equipados. Pero hoy la realidad ha cambiado: constantemente llevamos sensores de movimiento de alta tecnología en nuestros bolsillos, siempre tenemos una cámara a nuestra disposición y somos capaces de operar nuestros dispositivos con tecnología de voz avanzada.

Conversión

Conectar entre sí productos que hasta hace poco eran asociales se ha visto facilitado por la llegada del Internet de las Cosas. Piensa en la radio del ejemplo; gracias a la hiperconectividad de nuestro mundo digital, la música no solo está influenciada por los botones del dispositivo, la entrada también puede provenir de otras fuentes (por ejemplo, un sensor de excitación). Así es como los datos sin procesar se pueden traducir en acciones concretamente observables.

Sin embargo, la mera detección de datos biométricos y, por lo tanto, también de la emoción de los usuarios no es suficiente; la parte importante comienza cuando estos datos se utilizan como entrada para otras aplicaciones (digitales). Esto lo aplicamos de nuevo al ejemplo ya utilizado: saber cuándo una persona se emociona al conducir no supondrá una mejor conducta de conducción en ella. Solo cuando usamos los datos medidos como entrada para la lista de reproducción del automóvil, realmente creamos un valor adicional para el consumidor.

En este momento, sin embargo, la tecnología está mostrando un cierto nivel de empatía (adquirida) que nuevamente nos acerca un paso más a la inteligencia artificial. Una buena implementación de la tecnología emocional se traduce en un mundo digital que se adapta a su usuario, ¡y no al revés! Tal simbiosis ya no asegura que la tecnología nos aleje unos de otros; al contrario, nos estimula a involucrarnos cada vez más en conexiones emocionales.

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