El arte de saber esperar el momento adecuado

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La sociedad moderna no sabe vivir la vida basando las decisiones en lo que las personas sienten en cada momento y, en lugar de eso, éstas basan sus decisiones en listas de cosas que aún no han sucedido y que desea acelerar: terminar la universidad, casarse, viajar a un lugar concreto, formar una familia…

Saber esperar permite tomar conciencia del momento presente y disfrutarlo sin condicionar la felicidad a planes futuros.

Pero no cualquier tipo de espera es recomendable. La espera como excusa para evitar tomar decisiones trascendentales, bien sea por miedo o ansiedad, es incompatible con la felicidad y debemos evitarla.

Un antiguo proverbio chino del texto I Ching dice que “esperar no es mera esperanza vacía, sino que contiene la certeza de que se va a alcanzar la meta”. Si ya estás haciendo lo necesario para llegar a tu objetivo, la espera paciente y optimista es la clave para cumplir tus metas.

La espera no debe desesperar

La coach Amaya Pryce asegura que la espera puede ser una “poderosa herramienta para crear la vida que queremos”. No obstante, a pocos les gusta relajarse y disfrutar del camino mientras se llega al destino.

Esto ocurre en parte, según explica la autora de varios libros como “5 prácticas simples para una vida de alegría y “Cómo cultivar tu alma”, porque la mente no tolera la incertidumbre. Preferimos lanzarnos a una situación sin estar verdaderamente seguros de lo que estamos haciendo, antes que seguir en un estado de “no saber”.

Decisiones apresuradas

Forzamos una decisión sin haber analizado bien los pros, contras y cualquier situación que pueda derivarse de ella, por la premura de saber qué ocurrirá.

La autora recomienda recordar aquellas decisiones de nuestra vida que forzamos y pensar en cómo terminaron, y también rememorar aquellas que tomamos sin dudar porque sencillamente sabíamos qué hacer.

Cuando no estamos seguros de algo no hay que apresurarse, es mejor esperar a que el tiempo revele lo que verdaderamente deseamos, y el camino esté tan claro que no quede ninguna duda.

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