El cuadro maldito del niño llorón

Un virulento incendio arrasa con toda la planta baja de una vivienda, salvo por un único objeto, que aparece completamente intacto en mitad de la devastadora escena: un cuadro de un niño llorando, un cuadro premonitorio, un cuadro "maldito".

LA FECHA

2 de septiembre de 1985

EL LUGAR

Vivienda municipal adosada de la familia Hall en Swallownest, área de Rotherham, South Yorkshire (la dirección exacta no se hizo pública). Ver mapa

EL HECHO

Swallownest, lunes 2 de septiembre de 1985. Una vivienda municipal adosada de este pueblo minero de South Yorkshire acababa de quedar muy dañada por un incendio doméstico, de esos que en un periódico local normalmente ocupan unas pocas líneas. Pero entre el hollín y los muebles quemados apareció un detalle que cambió el destino de la historia: en el salón seguía colgado, totalmente intacto, un retrato barato de un niño con lágrimas en la cara, firmado como G. Bragolin. La familia Hall, Ronald y May Hall, no lo vio como una simple rareza material. Lo interpretó como una señal.

La noticia apareció ese día en la edición de Rotherham de The Star, el periódico regional de Sheffield. El redactor John Murphy contó que el fuego había empezado cuando David Hall, hijo de la pareja y trabajador de la mina de Kiveton Park, preparaba patatas fritas en una sartén con aceite. El incendio se extendió con rapidez. Las estancias de la planta baja quedaron seriamente afectadas, pero el cuadro, una reproducción corriente de las muchas que se vendían en grandes almacenes británicos desde los años sesenta y setenta, no presentaba daños visibles.

Lo inquietante no era solo que el retrato hubiese sobrevivido. Según la propia crónica, Ron y May estaban arrepentidos de no haber hecho caso a una advertencia previa. Peter Hall, hermano de Ron y bombero en Rotherham, les había aconsejado quitarlo de la casa. Decía haber visto el mismo tipo de impresión en otros incendios: paredes ennegrecidas, habitaciones destruidas y, en medio de todo, el rostro de un niño llorando que parecía resistirse al fuego. La frase exacta de la “maldición” no nació de un ritual ni de un testimonio paranormal cerrado, sino del ángulo periodístico que Murphy encontró en una jornada floja de noticias.

Dos días más tarde, The Sun llevó el caso a escala nacional con un titular difícil de olvidar: “Blazing Curse of the Crying Boy” (La maldición ardiente del niño llorón). El periódico convirtió un incendio por una sartén de aceite en una historia de objeto maldito. El tabloide citó a May Hall diciendo que aquel cuadro no volvería a cruzar su puerta y añadió una fotografía del retrato con una leyenda que sugería que los bomberos lo consideraban maldito.

A partir de ahí, la historia creció con la lógica de las leyendas urbanas: testimonios de lectores, supuestos nuevos incendios, casas en Surrey, Nottingham o Rotherham donde el “niño” parecía haber vuelto a sobrevivir, y personas que empezaron a llamar al periódico para preguntar si debían deshacerse de sus copias. Algunos relatos rozaban lo absurdo; otros eran más humanos y comprensibles. No hacía falta creer literalmente en la maldición para sentir incomodidad ante un retrato infantil colgado en una sala calcinada. La imagen era demasiado potente: un niño llorando rodeado de ruinas, como si hubiera visto pasar el fuego sin parpadear.

Los propios bomberos ofrecieron versiones más prudentes. Alan Wilkinson, oficial de la estación de Rotherham, dijo haber registrado decenas de casos similares desde 1973, pero descartó una causa sobrenatural y señaló que la mayoría de los incendios investigados tenían explicaciones normales: cigarrillos mal apagados, sartenes con aceite sobrecalentado o estufas eléctricas colocadas demasiado cerca de materiales inflamables. Más tarde, el servicio de bomberos de South Yorkshire intentó enfriar el pánico con una explicación técnica: muchas de esas reproducciones estaban impresas sobre tablero de alta densidad, un soporte difícil de prender. Pero esa aclaración era bastante menos vendible que una maldición.

También hubo otra posible clave física. Investigaciones posteriores, incluida una prueba divulgada en el programa Punt P.I. de BBC Radio 4, apuntaron a que algunas láminas podían estar tratadas con barnices retardantes del fuego; si el cordel que las sujetaba cedía primero, el cuadro podía caer boca abajo al suelo y quedar parcialmente protegido.

The Sun, sin embargo, siguió alimentando la hoguera. En octubre pidió a sus lectores que enviaran sus “niños llorando” a la redacción para destruirlos. Según los estudios posteriores sobre la cobertura, el periódico acumuló unas 2.500 copias y acabó quemándolas cerca de Reading, publicando la escena en Halloween como una especie de exorcismo periodístico. La campaña funcionó porque tocaba varias teclas a la vez: miedo al fuego en casas obreras, desconfianza hacia los objetos baratos de producción masiva, fascinación por los retratos que parecen mirarnos y el gusto de la prensa popular por una historia demasiado buena para comprobarla del todo.

La noticia del 2 de septiembre de 1985 simplemente documentó el momento en que un accidente doméstico, una reproducción kitsch y una redacción hambrienta de una buena historia se unieron para crear una de las leyendas urbanas británicas más resistentes del siglo XX.

LAS PRUEBAS

POR QUÉ FUE IMPORTANTE

El caso fue importante porque muestra, casi en miniatura, cómo nace una leyenda urbana moderna. Había un hecho real — un incendio doméstico en Swallownest—, un objeto reconocible — la reproducción de un niño llorando—, un testimonio con apariencia de autoridad — bomberos hablando de otros casos— y un medio nacional dispuesto a convertir la rareza en amenaza. La historia no se expandió a pesar de la prensa: se expandió por la prensa.

También fue relevante para la cultura popular británica porque convirtió un objeto decorativo masivo, barato y bastante común en un símbolo de mala suerte. Las reproducciones de Bragolin y de otros artistas similares colgaban en salones de familias trabajadoras, no en museos. Precisamente por eso el miedo se volvió doméstico: no hablaba de una reliquia exótica, sino de algo que podía estar encima del sofá de cualquier vecino.

A nivel local, la noticia puso a Rotherham y a South Yorkshire en el centro de una oleada de llamadas, rumores y consultas a los servicios de bomberos. Las autoridades tuvieron que recordar que los incendios no los causaban los cuadros, sino descuidos, estufas mal colocadas, cigarrillos y sartenes con aceite. La explicación racional existía, pero llegó con menos fuerza emocional que la imagen del retrato intacto.

A escala global, el episodio sobrevivió porque se adaptó muy bien a internet. Con el tiempo se añadieron historias no verificadas sobre un supuesto niño llamado Don Bonillo, incendios en España y artistas arruinados. Esa capa posterior no está documentada como hecho, pero hizo que el “niño llorando” pasara de noticia sensacionalista a objeto maldito de catálogo: una leyenda perfecta para foros, vídeos, podcasts y listas de objetos embrujados.

CONTENIDO EXTRA

FUENTES

  1. Clarke, D. (2011). The Curse of the Crying Boy. Dr David Clarke. https://drdavidclarke.co.uk/urban-legendary/the-curse-of-the-crying-boy/
  2. Clarke, D. (2026). Tears for Fears: the curse of the crying boy. Revenant, 13, 137-158. https://www.revenantjournal.com/contents/tears-for-fears-the-curse-of-the-crying-boy/
  3. Polidoro, M. (noviembre/diciembre de 2012). Curse That Painting!. Skeptical Inquirer, 36(6). https://skepticalinquirer.org/2012/11/curse-that-painting/
  4. Zarrelli, N. (21 de abril de 2017). A Painting of a Crying Boy Was Blamed for a Series of Fires in the ’80s. Atlas Obscura. https://www.atlasobscura.com/articles/crying-boy-painting-fires

Fichas relacionadas

Tarjeta coleccionable Cinconoticias "El diamante de Hope, la joya que convirtió la desgracia en espectáculo"

El diamante Hope: la joya que convirtió la desgracia en espectáculo

Tarjeta coleccionable Cinconoticias "El Porsche maldito de James Dean"

Little Bastard, el Porsche maldito de James Dean

Tarjeta coleccionable Cinconoticias "La amatista maldita de Heron-Allen"

La amatista maldita de Heron-Allen

Tarjeta coleccionable Cinconoticias "Los barcos malditos de la bahía de Nueva York"

Los barcos malditos de la bahía de Nueva York

Tarjeta coleccionable Cinconoticias "EL SS Oronsay, una jaula de oro para la fiebre tifoidea"

El SS Oronsay, una jaula de oro para la fiebre tifoidea

Tarjeta coleccionable Cinconoticias "El viaje de los condenados. La maldición del St. Louis", 1939.

El viaje de los condenados: la maldición del St. Louis

Tarjeta coleccionable Cinconoticias "El Glen Huntly y la bandera amarilla que amenazó a Melbourne" en 1840

El Glen Huntly y la ‘bandera amarilla’ que amenazó a Melbourne

Tarjeta coleccionable Cinco Noticias "Una cárcel de lujo en Yokohama. El Diamond princess en cuarentena"

Una cárcel de lujo en Yokohama: el Diamond Princess en cuarentena

Tarjeta coleccionable Cinco Noticias "El vampiro de Sozopol y la estaca de hierro que evitó su retorno a la vida"

El vampiro de Sozopol y la estaca de hierro que evitó su retorno a la vida

Tarjeta coleccionable Cinco Noticias "El Cementerio de los Rechazados" sobre el caso del niño enterrado boca abajo con un candado

El cementerio de los rechazados y el niño enterrado boca abajo

Tarjeta coleccionable Cinco Noticias “El corazón de Mercy Brown. El remedio infalible contra la tisis"

El corazón de Mercy Brown: el remedio infalible contra la tisis

Tarjeta coleccionable de Cinco Noticias sobre el vampyri Plogojowitz, con ataúd abierto, testigos y fecha 21.07.1725.

El ‘vampyri’ Plogojowitz, de campesino a protagonista de la histeria de todo un continente