Manías y Covid-19

4.3
(6)

Esta iniciando el mes de octubre y el clima otoñal empieza a hacer una alfombra café por las hojas secas que caen en casi todas las banquetas de la Ciudad de México. Algunos árboles dejan correr un viento fresco entre sus ramas sin hojas y los chubascos enfrían las tardes provocando en los transeúntes cierta melancolía por el pasado, no tan lejano, donde el clima otoñal invitaba a tomar un buen café en compañía de una persona o varias y fumar un cigarrillo en una cafetería o restaurante donde permitieran echar humo.

Y uno se da cuenta de la melancolía de las personas. Sus ojos los delatan. La tristeza aparece veladamente, se nota más en estos días de rostros cubiertos de boca y nariz para evitar la propagación del coronavirus.

Tal vez la tristeza provocada por el encierro y el clima otoñal, esta provocando manías en todos nosotros. Últimamente he visto a vecinos utilizando gorras que les cubren hasta las orejas, según ellos, también así se evita el virus, otros traen dos pares de zapatos: unos para pisar la calle y otros para la casa.

Pero hay una manía que realmente me llamó la atención, la de una vecina: se para derechita en la puerta de su casa, se pone sus lentes y mira a cada instante el reloj, usa guantes de plástico, le llegan hasta los codos, también se pone cubre bocas y unas botas de plástico. Espera a un indigente para darle de desayunar, de comer y de cenar. Y no lo deja ir hasta que se come todo.

No te pierdas…

No pasa un día que no lo alimente. Primero pensé que lo hacía por ayudar a un ser humano, después que estaba loca. Una tarde él no apareció. Ella salió precipitadamente a buscarlo, estuvo a punto de caer cuando tropezó con la raíz de un árbol que ha dejado de dar sombra a la calle, y regresó sin la comida.

No sé por qué desde entonces él no ha faltado un solo día a la puerta de la vecina. Deduje que tal vez era el buen sabor de la comida. Un domingo por la tarde pude darme cuenta, mientras comía el indigente, la vecina miraba con atención las manos que se llevaban el alimento a la boca.

Un día encontré a la vecina en el mercado comprando comida y le pregunté, por curiosidad, al ver que pedía las sobras a la cocinera, si era para el indigente. Ella contestó afirmativamente con un movimiento de cabeza. Y después, dijo: “He visto que mira al indigente comer, seguro se sorprende que no le dé coronavirus. Se lleva siempre el alimento a la boca sin lavarse las manos.”

Miró a mis ojos en busca de una respuesta que eludí al bajar la vista. No sabía la respuesta al comentario. Me sorprendió el saber el por qué ella no podía dejar de ver las manos del indigente. Siguió pidiendo lo que iba a darle ese día.

Este clima de otoño y un encierro forzoso me ha creado la manía del voyerismo. No dejo de observar a los vecinos. Tal vez adopten una manía nueva. Y la vecina sigue obsesivamente mirando aquellas manos sin lavarse, mientras ha adoptado una nueva manía: se unta una y otra vez un gel en los guantes que le llegan hasta los codos para evitar el contagio del Covid-19, mientras alimenta a su invitado.  

Puntúa este contenido

Puntuación: 4.3 / 5. Votos: 6

Jaime Luis Albores Téllez
Jaime Luis Albores Téllez
Escritor y periodista. Publicó durante varios años en el suplemento cultural Sábado del diario Unomásuno, y en el suplemento cultural La Cultura en México, de la revista Siempre! Ha escrito cuento, crónica y reseña literaria para diversas publicaciones nacionales y electrónicas.

Dejar respuesta

Deja tu comentario
Escribe tu nombre