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Las letras son capaces de frenar las balas y aquí está la prueba

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La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense fue el escenario de uno de los episodios más trágicos y onerosos de la Guerra Civil.

El rey Alfonso XIII concibió un proyecto faraónico: dotar a Madrid de una moderna Ciudad Universitaria, inspirada en los campus norteamericanos. Para tal efecto, en 1927 se constituyó la Junta Constructora de la Ciudad Universitaria, la actual Universidad Complutense de Madrid.

El gobierno de la Segunda República impulsó las obras y corrían los idus de marzo de 1933 cuando se procedió a la inauguración de la Facultad de Filosofía y Letras, la única que estaba totalmente terminada. Al evento asistieron el alcalde de Madrid, cuatro ministros y el presidente de gobierno.

Maqueta del proyecto de la Ciudad Universitaria tal de 1943
Maqueta del proyecto de la Ciudad Universitaria tal de 1943 (Exposición “Paisajes de una guerra”, UCM)

Se cuidó en extremo su biblioteca, que llegó a cobijar unos 150.000 libros, con toda la bibliografía científica del siglo XIX y del primer tercio del XX.

Además albergaba en sus anaqueles unos 45.000 libros de los siglos XV al XVIII procedentes del Colegio Imperial, fundado por los jesuitas, y que en época del rey Carlos III se había convertido en los Reales Estudios de San Isidro.

Por si este patrimonio bibliográfico no fuera suficiente, las paredes de la Facultad salvaguardaban los códices más antiguos que había adquirido el cardenal Cisneros para la biblioteca renacentista de Alcalá de Henares. Todo ello en su conjunto era un verdadero tesoro bibliográfico.

La facultad se convierte en un escenario bélico

Desgraciadamente, la recién creada Universidad fue el escenario improvisado de la Guerra Civil.

La toma de Madrid se convirtió en un símbolo para los dos bandos que establecieron su línea de fuego en los aledaños de la Facultad de Filosofía y Letras.

Milicianos del frente de Ciudad Universitaria apostados en la trinchera
Milicianos del frente de Ciudad Universitaria apostados en la trinchera

Las tropas golpistas, compuestas por regulares y legionarios, dirigidas por el general Varela, se hicieron fuertes en algunos edificios universitarios cercanos.

En el lado contrario, la Brigada Internacional XI, al mando del general Kébler, fue la encargada de defender la zona. Tan solo cincuenta metros separaban a los dos bandos.

El cuartel general republicano se improvisó en la recién estrenada facultad.Allí los ocupantes levantaron barricadas y tapiaron ventanas y puertas con lo que tenían más a mano: mesas, sillas, escritorios…, y por qué no, algunos de los libros que se amontonaban en la biblioteca del sótano.

Las metralletas, granadas de mano, bombas, etc., maridaron de forma inesperada con ampulosos versos, sublimes prosas y fastuosas iconografías medievales. Una vez más las letras fueron capaces de salvar muchas vidas humanas.

rente de Filosofía y Letras de la Ciudad Universitaria
El frente de Filosofía y Letras de la Ciudad Universitaria se resguarda tras parapetos de sacos y libros de la Biblioteca, 7 de noviembre de 1937.

Libros mutilados, deformados por derrumbes, con sus lomos agujereados, manuscritos borrados, hojas rasgadas…, hicieron las veces de improvisadas alfombras de unos suelos ávidos de curiosos estudiantes.

Uno de los protagonistas, John Sommerfield, miembro del batallón Dumont de la XI Brigada, escribiría años después:

“Construimos barricadas con volúmenes de metafísica hindú y filosofía alemana de principio del siglo XIX, que eran totalmente a prueba de balas”.

Algo se pudo recuperar…

Por iniciativa de Julián Besteiro (1870-1940), por entonces decano de la Facultad de Filosofía y Letras, se inició una acción para salvar parte de los libros más valiosos, una tarea que en más de una ocasión tuvo que ser interrumpida por la proximidad de los combates.

Partieron al menos catorce camiones cargados con aquellos tesoros bibliográficos con destino a la Biblioteca Nacional, en donde les esperaban equipos de afanosos bibliotecarios para proceder a su catalogación.

Libro de Agustín Santo, Obispo de Hipona atravesado por una bala
Libro de Agustín Santo, Obispo de Hipona (1570) atravesado por una bala

Todavía hoy los visitantes curiosos pueden encontrar ejemplares del Fondo Antiguo que muestran los signos de la barbarie, con sus lomos taladrados y sus hojas hendidas, algunos incluso conteniendo todavía balas alojadas entre sus páginas.

Estos libros son testigos mudos de unos acontecimientos que nunca deberían repetirse.

Es difícil hacer un listado de los libros abatidos y destruidos, algunos estudiosos subrayan la pérdida de varios manuscritos de los siglos X al XV, entre los que destacan bellas biblias visigóticas. Tan solo nos queda para el recuerdo algunas fotografías, en blanco y negro, anteriores a la contienda.

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Gargantilla, Pedro. (2022, 26 abril). Las letras son capaces de frenar las balas y aquí está la prueba. Cinco Noticias https://www.cinconoticias.com/letras-capaces-frenar-balas/

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Pedro Gargantilla
Pedro Gargantilla
Médico, escritor y divulgador. Jefe de Medicina Interna del Hospital de El Escorial de Madrid. Profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.
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