Lamentamos mucho su pérdida, Feliz Navidad

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Me parece bastante seguro decir que la mayoría de las personas no son fanáticas de los funerales ¿A quién podrían gustarle? Se trata de nada más y nada menos que un tétrico ritual que es, no solo un sombrío recordatorio de lo efímera y frágil que es nuestra existencia, sino que también significa el final definitivo de la vida de alguien a quien conocemos.

Hay quien opina que la muerte es la peor cosa que le puede suceder a un ser humano. Creo que es cierto, pero no cuando se trata de la muerte propia, sino cuando es la de un ser querido. Los muertos ya no sufren más, pero los que nos quedamos atrás somos otro cantar. Y es que, independientemente de la religión a la que se pertenezca o del consuelo al que se acuda, el sentimiento de pérdida no dejará de ser como una inesperada patada en el estomago; asfixiante y dolorosa hasta las entrañas.

Obviamente, mientras se pasa por una experiencia como esta, lo último que se quiere es ser partícipe de las actividades cotidianas habituales. Desde el trabajo y los estudios hasta hobbies y reuniones con amigos, todo se convierte en una faena casi imposible con la que el individuo se ve obligado a seguir cumpliendo. El mundo, de una manera que podría considerarse hasta cruel, sigue girando, el tiempo sigue transcurriendo y se debe hacer frente a la terrible realidad sin casi poder mirar atrás.

La cereza en el pastel sería que, en medio de esta experiencia tormentosa, de esta adaptación forzada a la vida sin una persona cercana, encima nos toque celebrar las fiestas decembrinas.

No sabría decir si alguien que pueda cantar villancicos tras enterrar a alguien se merece una medalla o un examen psicológico.

Todas las luces, decoraciones y ambiente festivo que en algún momento pudieron haber sido fuente de alegría, se convierten en recordatorio melancólico de tiempos más felices pero lejanos. Puede que incluso provoque rabia y todo parezca más bien una broma pesada de la vida ¿Por qué tiene que haber tantos colores por todas partes? ¿Y luces? ¿Quién se cree todo el mundo para estar tan feliz mientras yo sufro? Pero quizás lo peor que se puede sentir es culpa ¿Debería decorar o no? ¿Quién soy yo para celebrar sin esa persona? ¿Merezco yo vivir más que mi ser querido?

Todo el asunto de la Navidad y Año Nuevo parece estar en conflicto directo con el luto. En mundos distintos, incompatibles.

Pero no necesariamente tiene que ser así.

Volviendo al tema de los funerales, a pesar de lo deprimentes que puedan resultar, no creo que su existencia sea negativa en sí misma. Aunque actualmente esté muy de moda el optimismo y se insista en mantener una actitud positiva y alegre a todas horas, esto no debería ser a costa de nuestros propios sentimientos. La muerte es dolorosa y como tal, tenemos derecho a sentir tristeza y a llorar tanto como haga falta. Un funeral, por muy terrible que sea, es una oportunidad para despedir al ser querido con otras personas que también le tenían afecto. Una necesidad, más que para el fallecido, para los que quedan atrás. No todas la reuniones tienen que ser alegres. A veces reunirse para llorar juntos es lo que se necesita para seguir adelante.

Esto mismo podría aplicarse para las fiestas de fin de año. En lugar de forzarnos a estar extáticos o, por el contrario, a aislarnos en nuestra tristeza, tal vez lo mejor sería plantearse otro tipo de celebración. Más tranquila, más sosegada, en la que no sea necesario cantar y bailar si no se quiere. Una reunión en la que las personas se junten para recordar tiempos pasados, metidas de pata, momentos felices y otros no tanto. Una celebración en la que se pueda llorar si se quiere y brindar por los que no están. La Navidad es una excusa para ser felices, sí, pero quizás la felicidad en los momentos de pérdida radique más bien en disfrutar con las personas que tenemos todavía y agradecer por las que tuvimos la oportunidad de conocer.

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Luigina Lamanna C.
Licenciada en Periodismo y especializada en Producción de Medios. En un triángulo amoroso con la escritura y el dibujo. Vivo a base de libros, películas, música y videojuegos. Se aceptan pagos con helado. Autora de la novela Juggernaut → Disponible en Amazon

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