La eterna juventud

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¿Porque aferrarse a la eterna juventud? ¿Qué hay de cierto en que las apariencias engañan?

La vida es mucho más que lo que ven nuestros ojos, pese a que la frase «si no lo veo, no lo creo» esté en boca de la mayoría. La vida ha de centrarse no en lo que aparentemente se ve, sino en lo que no se ve.

La vida se aprovecha mejor cuando se tiene un alma eternamente joven, sin importar la edad cronológica y solo es joven aquel que tiene la capacidad para vivir en el momento presente, plenamente y sin pensar en estar en otra parte.

De hecho, se debe empezar cada día con lo que se tiene, que siempre es mucho cuando se está vivo. No hay que olvidar que el tiempo de cada ser humano es limitado y que la vida es un tesoro que hay que saber agradecer y valorar. Qué triste es darse cuenta que se ha desperdiciado la vida.

La clave de la eterna juventud es prestar atención plena a cualquier cosa que suceda en el momento presente y, sobre todo, cuidar de uno mismo con una alimentación balanceada, ejercicio físico regular, un sueño reparador y un trabajo satisfactorio.

No está de más llenarse siempre de respetuoso asombro y mostrar gratitud con enfoque en lo que se tiene y no en lo que falta, para evitar el envejecimiento físico, el cual, por lo demás, es menos espinoso que el declive del alma.

Hay quienes, con edad cronológica avanzada, son plenamente felices y se consideran jóvenes de por vida. La clave es empezar a verse como un alma con un cuerpo, en lugar de observarse como un cuerpo con un alma, interpretando las señales que la edad como condecoraciones al valor a las que hay que honrar y trascender. El alma es esa parte de uno mismo que nunca envejecerá.

Pocas cosas en la vida son lo que aparentan ser y muchas de ellas resultan ser lo contrario.

No hay que darle importancia a la inagotable propaganda actual que glorifica la eterna juventud. La única juventud que debe exhibirse siempre es la del alma, que no es más que el nivel de consciencia, el cual nunca envejece. Solo debemos contemplarlo todo desde el interior, sin juzgar a los demás por las apariencias.

Cuando conozca a otras personas, examine ante todo sus rasgos de bondad y amabilidad, aunque a primera vista no pueda detectarlos. Resista la tentación de hablar de los rasgos externos en los que se le ha enseñado a fijarse. Limítese a hablar de otros en base a su belleza interior y niéguese a participar en conversaciones que pongan el acento en sus aspectos físicos.

Hablemos del alma inmortal en lugar de hacerlo del cuerpo que la contiene. Esto nos permitirá prestar atención plena al momento presente y alimentar nuestra alma, incrementando los niveles de consciencia.

No juzguemos a los demás y, cuando estemos tentado a hacerlo, recordemos que todos los seres humanos actúan desde sus propios niveles de consciencia.

No cabe duda que la calidad de cada nivel de consciencia la determina el grado de nuestra presencia (en el eterno ahora). En efecto, la lozanía del alma se mantendrá en la medida en que una persona evite las críticas, quejas o lamentos.

Por ello, lo recomendable es rodearse de aquellos seres que impulsen a crecer y a ser mejor, que posean las virtudes que queremos ver manifestadas en nuestra vida.

El mejor alimento para el alma es vivir con el pensamiento en el presente, esto es, aquí y ahora. Para vivir en el presente resulta ineludible cultivar cinco virtudes: el amor, la serenidad, el silencio, la alegría y la verdad.

Todo el mundo sufre contratiempos en la vida. Cuanto más numerosos son, más aprende y madura cada persona. No hay ningún problema del que no podamos obtener algún aprendizaje.

Vivamos de tal forma que, al mirar hacia atrás, no nos lamentemos de haber desperdiciado nuestra existencia. Vivamos de tal forma que no lamentemos las cosas que hemos hecho, ni deseemos haber obrado de otra manera. Vivamos como nos corresponde.

Buda dijo que el mejor uso de la vida es amar. La mejor expresión de amor es el tiempo. El mejor momento para amar es ahora.

En definitiva, la clave para ser eternamente joven –sobre todo a nivel de alma– es actuar con integridad, esto es, que haya coherencia entre lo que se dice, lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace. Esto es lo que significa ser auténtico, que no es más que ser íntegro.

Alguna vez alguien dijo que ser íntegro es hacer lo correcto aún cuando nadie nos esté viendo. Esta es una verdad existencial.

Cuanto antes se haga íntegra una persona, más posibilidades tiene de desarrollarse para estar sana física, emocional y espiritualmente. Osho dice que cuando eres íntegro te llenas de amor. De esto depende el futuro de la humanidad.

“El tiempo tiene más valor que el dinero. Puedes conseguir más dinero, pero no puedes conseguir más tiempo”. Jim Rohn

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Adaysa Guerrero
Abogada licenciada por la Universidad Santa María de Venezuela. Escritora aficionada al coaching y al yoga. El amor es mi lema de vida.

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