La interesante vida de Miguel de Cervantes antes de convertirse en célebre escritor

La vida de Miguel de Cervantes fue de todo menos aburrida, según la documentación que existe al respecto. Fue espía, prisionero, recaudador de impuestos, comisario de abastos, soldado, fue excomulgado y se batió en varios duelos. Todo esto, aparte de insigne literato, faceta por la que ha pasado a la historia.

Un tipo de vida nada rara en aquellos años del siglo XVI, pero sorprendente a los ojos de nuestro siglo XXI. Una vida que podría estar sacada de cualquiera de sus novelas.

Aquí nos centraremos en su faceta militar porque, de no haberse cruzado la literatura y un cautiverio en su vida, posiblemente estuviéramos hablando de un personaje de leyenda en aquellos tercios que dominaron el Viejo y el Nuevo Continente.

«Sin las letras no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes».

Así lo manifestaba el propio autor en la primera parte de su Quijote (cap. XXVIII).

Estancia en Roma

Es sabido que, en 1569, Cervantes parte hacia Roma. Y, según una provisión real encontrada en el siglo XIX en el Archivo de Simancas, tuvo que salir de forma precipitada por un duelo en el que resultó herido Antonio de Sigura.

Ilustración del duelo entre Cervantes y Sigura
Ilustración del duelo entre Cervantes y Sigura (Centro Virtual Cervantes / Instituto Cervantes)

Según este documento, un tal Miguel de Cervantes habría sido condenado en rebeldía a que le cortaran públicamente la mano derecha y a ser desterrado del reino por diez años.

Con independencia de si era él ese personaje relatado y si fuese ese el motivo de su marcha, fue acreditada su estancia en Roma al servicio del cardenal Acquaviva, como así aparecía en la dedicatoria a Ascanio Colonna en La Galatea.

Alistamiento en los tercios y batalla de Lepanto

Al año siguiente, mediados de 1570, se alistó en los tercios, concretamente en la compañía de Diego de Urbina, donde ya estaba su hermano Rodrigo.

Se vivían las vísperas de los preparativos para la guerra contra el turco. Lepanto se vislumbraba en el horizonte y nuestro protagonista vio una oportunidad de hacer carrera en la milicia, en la Armada de la Santa Liga, que capitanearía don Juan de Austria.

Se embarcó en la Galera Marquesa y participó de dicha batalla en calidad de soldado bisoño. Supuso su bautismo de fuego sin tener un puesto privilegiado en el combate, propio de los soldados veteranos.

Su función fue arrojar piñas incendiarias a las galeras enemigas desde el esquife en la cubierta de popa de su navío, con el objetivo de proteger a los arcabuceros en su tarea.

En el fragor de la batalla recibió dos disparos de arcabuz en el pecho y un tercero que le hizo perder el uso de la mano izquierda, motivo por el cual pasó a la historia con el sobrenombre de “el manco de Lepanto”.

Ilustración de Miguel de Cervantes tras la batalla de Lepanto
Ilustración de Miguel de Cervantes con el brazo izquierdo inmovilizado tras la batalla de Lepanto (Centro Virtual Cervantes / Instituto Cervantes)

Cervantes en Lepanto, imaginado por Augusto Ferrer-Dalmau en 2016.

A esta batalla, datada el 7 de octubre de 1571, se referirá en el prólogo de la segunda parte del Quijote como:

«La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes ni esperan ver los venideros»…« si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas, a lo menos, en la estimación de los que saben dónde se cobraron; que el soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga; y es esto en mí de manera, que si ahora me propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa que sano ahora de mis heridas sin haberme hallado en ella».

Cervantes llegó a Messina, como el resto de heridos de la cruenta batalla, para completar el proceso de recuperación de sus heridas, donde recibió de don Juan de Austria “tres escudos de ventaja”, lo que le convirtió en un “soldado aventajado”.

Pero ahí no terminó su periplo militar, continuando su carrera, entre 1572 y 1573, a las órdenes de nuevo de don Juan de Austria en las acciones de Navarino, Corfú y Túnez.

Es conocida, gracias a las distintas entradas de pagos que se han conservado, la evolución de Cervantes en el escalafón militar en aquellos años de milicia.

Cuando llegó a soldado aventajado, tras Lepanto, cobraba diez escudos, llegando a cobrar treinta en 1575, lo que hace pensar que alcanzó un rango superior.

Cautiverio en Argel

En septiembre de ese año decidió embarcarse en Nápoles en la galera El Sol con destino a España para recoger los frutos de estos servicios y posiblemente solicitar una “patente de capitán” y poder alcanzar el máximo rango militar al que podía aspirar.

Pero el 26 de septiembre de 1575 cayó en manos del corsario Arnaut Mamí, cerca de la costa española de Cadaqués.

Ilustración de Miguel de Cervantes planeando una de sus fugas
Ilustración de Miguel de Cervantes planeando una de sus fugas (Centro Virtual Cervantes / Instituto Cervantes)

Aquí comenzaría su periodo de esclavitud, cuando fue llevado a Argel donde su vida daría un vuelco para alegría de las letras españolas y enriquecimiento del Siglo de Oro español.

Su cautiverio duró cinco años, en los que intentaría en cuatro ocasiones la fuga, dos por tierra y otras dos por mar. Todas ellas, frustradas por distintos motivos.

A la par, su familia realizaba distintos intentos para conseguir su libertad, surtiendo efecto un 19 de septiembre de 1580 por un precio de 500 ducados.

Así fue la historia de la vida militar de don Miguel de Cervantes Saavedra.

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