El cuento del buscador infatigable

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Hubo una vez un buscador, en un tiempo ya olvidado, que caminó desolado por un desierto infinito. Agotado por años interminables de búsqueda infructuosa, en pos del corazón perdido del ser humano, cayó de rodillas entre las dunas y lloró desconsoladamente.

Dios le llevaba observando desde el principio, no sin cierta curiosidad, por ver si lograba su propósito, intrigado de que no pudiera encontrar lo que siempre tuvo tan cerca…

Padre, el corazón del hombre -se lamentaba el buscador- se ha perdido y solo indiferencia, injusticia, violencia y odio he encontrado por todos lados, entre los seres humanos…, el polvo del camino me ahoga por mi fracaso…

Dios entonces decidió ayudarle, pues al buscador le guiaba el amor por los demás…, además, aunque este lo desconociera: todo acto, fuese el que fuese, hecho con amor y por amor nunca fracasa. Hacer las cosas de esta manera es una de las más valiosas lecciones que se pueden aprender en esta vida. Ya sea un abrazo, construir una casa, amasar para hacer pan, cocinar un plato, o vender fruta. Hacerlo todo con amor es la lección a aprender.

De pronto, del lugar de donde cayeron las lágrimas del buscador surgió una fuente de agua fresca. Sorprendido, bebió hasta saciar su sed…, entonces comprendió que no debía perder la esperanza.

Se puso en pie, llenó su odre de piel de cabra hasta rebosar y continuó caminando, renovado en su esperanza y seguro de hallar antes o después aquello que anhelaba encontrar…, con la fuerza necesaria en su ánimo de levantarse tras cada caída y continuar…

El buscador aún debía aprender por sí mismo otra valiosa lección, por eso Dios le dejó caminar un poco más. Solo hay un camino por el que buscar…, el que va en dirección a nosotros mismos…, pero para llegar a saber esto, muchos deben antes, al igual que hizo nuestro buscador, abandonar sus casas y, solos, recorrer mil sendas distintas por mil mundos distintos…, para que un día puedan darse cuenta de que aquello que buscaban ya lo tenían dentro de su propio corazón.

No hay otra manera de aprender más que, a través de la propia experiencia personal. No debemos olvidar esta pequeña enseñanza de este pequeño cuento…

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