Algo sobre el triunfo

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Todas las personas sabemos que en la vida a veces se gana y otra veces se pierde, quizás algunos hayan nacido con más suerte que otros, por eso la vigencia del refrán aquel que dice:

«Unos nacen con estrellas y otros nacen estrellados»

Nos bastará con ser buenos observadores para comprobar que algunas personas han llegado a triunfar en lo que se han propuesto, aunque cabe señalar que quizás también hayan tenido de su parte esa porción del factor «suerte» tan necesaria.

Generalmente, muchos de los triunfos que se alcanzan están estrechamente ligados a las competencias, ya que habitamos un mundo donde hay que escalar para lograr las metas, y no vamos solos en la escalada, sino que rivalizamos con otros que se empeñan en la misma labor de alcanzar la ansiada cima.

Pero «competir» significa también arrebatar lugares, para poder posicionarse, y es precisamente ahí, en ese punto, donde empiezan los inconvenientes de la llegada triunfal, la misma que podría suscitar las envidias de quienes se convierten en adversarios, esos que se han quedado en el camino y se han sentido frustrados en sus intentos por alcanzar la meta.

Hay responsabilidad en el adoctrinamiento que se recibe, nos han mentalizado en aquello de que: «solo gana el mejor», lo que convierte en perdedores a los demás competidores, incluso en algunos casos se les otorga una especie de «premio de consuelo» que acentúa más aún esa sensación de fracaso.

Aunque viéndolo desde otra perspectiva, llegar a saborear las bondades del triunfo también podría ser complicado y agotador, ya que no todas las personas están preparadas psíquicamente para la fama. A propósito de ello, en una declaración a la prensa, la ya desaparecida cantante británica de soul, Amy Winehouse, decía que «la fama le provocaba un miedo inmenso».

Cierto es, se podría llegar a tener éxitos en diferentes disciplinas, pero podría ocurrir que en lo personal la cuestión sea diferente, incluso ese triunfo profesional podría convertirse en una interferencia perjudicial, porque quien destaca no estará exceptuado de tener que rodearse de un mundo mentiroso e interesado.

La gente que ha triunfado en disciplinas como deporte, política, arte o negocios, se han visto, de pronto, invadida por cantidades de «amigos», prensa, ofrecimientos tentadores, incluso «amores»… Es que todo tiene su riesgo, la fama y el poder, también.

¿Pero por qué no echar la mirada hacia el lado opuesto? Observaremos que, además de los rostros de famosos que nos ofrecen a diario los medios de comunicación, caminan por la vida otros seres, los que son (somos) mayoría: incluso muchos de ellos pertenecen al grupo d personas a quienes el destino les ha jugado malas pasadas, y quizás sea allí donde deberíamos detener nuestra marcha, sobre todo para escuchar y arropar a los que sí necesitan de nosotros.

En realidad todo tiene riesgos, porque vivir es todo un riesgo, y se podría demostrar que también los triunfos lo son.

La vida se celebra siempre, con o sin triunfos, demostrado está que no existen placeres más reconfortantes que los pequeños logros, quizás porque la verdadera felicidad se encuentre en lo cotidiano, sin presiones ni ostentaciones.

El éxito no garantiza nada, incluso puede ocurrir que la fama prive a quienes la poseen de poder disfrutar de la libertad en el sentido literal de esa palabra.

¿Será que la libertad es propiedad de los seres anónimos? Es posible, por eso hoy he de realizar una invitación: si perteneces al grupo de los no-famosos, disfruta de tu vida libre y recuerda que si el destino no te ha sonreído siempre, quizás debas considerar esta frase de Jorge Luis Borges:

«Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria»

En la vida vale más conservar la dignidad que tener que exponer el alma o estar obligados a prestar el tiempo -que suele ser escaso- a los compromisos que trae consigo la fama.

Has llegado a este mundo desprovisto, así partirás, así partiremos todos, también los que han conocido las ventajas y los sin-sabores del éxito.

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Silvia Alasino
Escribo para la gente que valora la vida. Solo si se tiene sensibilidad, se habrá encontrado el verdadero sentido de nuestra existencia. Mis primeros libros: «El círculo» y «Emigrando».

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