El Alcázar musulmán de la ciudad de Valencia

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En un privilegio del 10 de abril de 1255, Nicolau Primitiu, sitúa el alcázar donde, en la actualidad, se encuentra el edificio del Almudín, de acuerdo a la donación que, el rey Jaime I (1), hizo del mismo a Teresa Gil de Vidaure, para que se instalara allí el almacén de grano.

Atendiendo a diversas referencias documentales, queda probada la existencia del alcázar, al menos desde el siglo XI, en una zona situada entre la Catedral (2), el Almudín, el Palacio Arzobispal y la iglesia de San Esteban, y que dentro del mismo se situaba el cementerio nobiliario o rauda.

Según las diferentes actuaciones arqueológicas realizadas en el solar de la Almoina, así como en el conjunto de la Cárcel de San Vicente, en el edificio del Almudín y en la plaza de San Luis Beltrán, se han encontrado evidencias materiales y constructivas de varios edificios que formarían parte del conjunto palatino, y que pasamos a repasar.

Los baños de la Cárcel de San Vicente

La Cárcel de San Vicente era una capilla funeraria anexa a la catedral visigoda, que formaba parte del conjunto episcopal. Tiene planta de cruz, cubierta con bóvedas de cañón, con sillería y mampostería.

Los baños de la Cárcel de San Vicente

Cada nave está delimitada por un muro testero y comunicadas, entre sí, por arcos de medio punto, en la intersección o tramo central, donde se elevaría el cimborrio. El ábside al este, mientras que al oeste se sitúa la nave de mayor tamaño.

Este singular edificio ha perdurado, hasta la actualidad, con más o menos cambios. En el siglo X esta capilla pasó a ser un hamman o baño árabe.

Las casas nobiliarias de la Almoina

En el solar de la Almoina, se han hallado restos de cinco casas diferentes, situadas en torno a la rauda. Se construyeron en los inicios del siglo XI, sobre el zoco que abastecía el primitivo alcázar.

El edificio estaba delimitado por muros de encofrado de hormigón, rellenados con piedras provenientes del expolio de construcciones romanas.

La gran alberca

A inicios del siglo XII, se diseñó un gran espacio ajardinado, en el que destaca una alberca rectangular, situada en la parte oriental. Sus paredes, de encofrado de mortero, tenían una anchura de 1,30 m, y estaban pintadas en rojo. Por el exterior de la alberca, en los lados norte y sur, se adosaban dos piletas.

Las casas nobiliarias de la Almoina

El empleo de albercas en ambientes domésticos, en especial palatinos, cuenta con una larga tradición en la arquitectura islámica. Su origen lo encontramos en los palacios fortificados omeyas del desierto sirio. De aquí pasó a las residencias palatinas del norte de África y al-Andalus.

La rauda

La estructura defensiva de la Almoina

Este complejo palaciego estaba cerrado al sur por dos gruesos muros trabados en ángulo, el primero, corriendo en sentido este-oeste, mide 8,20 m de longitud (conservado), con un espesor de 1,20 m; el que sigue el eje norte-sur, tiene un ancho de 1,44 m y 6,16 m de largo. Ambos en encofrado de mortero con piedras irregulares.

La estructura defensiva de la Almoina

Esta construcción, de época almohade, se adosa por el sur, al baptisterio visigodo formando, posiblemente, ambos edificios parte de la fortificación del alcázar.

Las transformaciones del baptisterio de la Almoina

En los inicios de la fase islámica, el baptisterio visigótico, sufrió cambios radicales. En el brazo norte se elevó el nivel del suelo, rellenando con restos de materiales de construcción, romanos y visigodos.

Posteriormente, el interior de este edificio religioso, se dividió, en el siglo X, en tres espacios independientes, dos de ellos comunicados por un vano.

Las transformaciones del baptisterio de la Almoina

En los siglos XII y XIII, hay referencias a una porta de Ferrisa en los alrededores de la Catedral (2). Cabe suponer que este baptisterio fuera integrado en el recinto fortificado del alcázar.

La excavación del edificio del Almudín

En las, ya mencionadas, intervenciones arqueológicas realizadas en 1991-1993, se pudo ver la fachada norte del edificio medieval, que se asentaba sobre un grueso muro anterior, que se identificó como parte de la muralla del alcázar.

La gran alberca

Con un ancho de 2 m, estaba construido con tapial de hormigón. Este muro continuaba hacia la actual calle del Salvador y hacia la plaza de San Luis Beltrán.

Otra estructura encontrada, era una gran alberca situada en el ángulo suroeste del edificio, construida en muros de encofrado de mortero de 1,40 m de ancho, cuyos límites oriental y occidental, continuaban por debajo de las calles del Salvador y del Almudín.

La excavación de la plaza de San Luis Beltrán

En la reurbanización de la plaza de 1995, se encontraron dos gruesos muros perpendiculares y una torre, que formaban parte del recinto defensivo del alcázar.

La torre, de planta rectangular, medía 3,34 X 4,58 m de lado. Debió ser coetánea a los edificios del alcázar del siglo XI, hallados en la Almoina.

Se destruyó a finales del siglo XIV, por lo que el edificio islámico, perduró mas de un siglo, después de la conquista de la ciudad por Jaime I (1).

La excavación del edificio del Almudín

La rauda

Habitualmente las necrópolis se situaban extramuros de la ciudad, cerca de las puertas, pero cuando se localizan en el interior de la ciudad, es porque se trata de un panteón nobiliario, es decir, una rauda.

La rauda se halló en la zona meridional de la Almoina, dentro del recinto del alcázar. El límite occidental estaba formado por un muro encofrado de hormigón, que cerraba un espacio que se extendía al sur, por debajo de la actual plaza de la Almoina.

La excavación de la plaza de San Luis Beltrán

Perpendicularmente a este, había otros dos muros, este-oeste, que marcaban la disposición de los enterramientos, distribuyéndolos en franjas paralelas.

En la rauda se hallaron unas noventa tumbas. La casi totalidad ausencia de ajuares, ha impedido datar con precisión estas tumbas.

La mayoría de las inhumaciones eran individuales, aunque hay varias fosas dobles. Los cuerpos en decúbito supino o decúbito lateral derecho, orientadas norte-sur, con la cabeza vuelta hacia el oeste, hacia la qibla.

Las tumbas estarían señaladas con estelas o lápidas, que contenían un pequeño texto religioso, junto con el nombre del difunto y su fecha de nacimiento.

Hay una lápida fechada en 1181 perteneciente a un personaje de la corte almohade, tal vez relacionado con el linaje de los Banu Mardanis.

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Ramón Martín Pérez
Ramón Martín Pérez
Aficionado y amante de la Historia, sin aditivos políticos o partidistas. Mi pasión es dar a conocer y divulgar, de forma sencilla, algunos aspectos de esa Historia que a todos nos gusta recordar. Autor del blog Cosas de Historia y Arte.

Referencias: (1) Jaime I ; (2) La Catedral de Valencia

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