Datos, chips y PFAS: la huella tóxica que crece detrás de la IA

La carrera por enfriar servidores y fabricar chips de IA está empujando a varios productores químicos hacia una expansión incómoda: más compuestos persistentes justo cuando los reguladores intentan acotarlos.

El crecimiento de la inteligencia artificial ha dejado de medirse solo en chips, energía y centros de datos. Una alerta difundida este 14 de septiembre de 2026 por ChemSec, organización sueca dedicada al control de sustancias peligrosas, apunta a un efecto menos visible de la carrera tecnológica: los grandes fabricantes de PFAS estarían preparando un aumento de producción para atender la demanda asociada a semiconductores, refrigeración avanzada y equipos críticos para centros de datos.

Los PFAS —sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas— se conocen como “químicos eternos” porque resisten muy bien la degradación. Esa misma estabilidad química los ha hecho útiles durante décadas en aplicaciones industriales y de consumo: recubrimientos, espumas contra incendios, componentes electrónicos, fluidos especializados y refrigerantes. El problema, ya conocido por reguladores y comunidades contaminadas, es que su persistencia también favorece que se acumulen en agua, suelo, aire, alimentos y organismos vivos.

ChemSec sostiene que la industria está en pleno giro expansivo. Según la investigación citada por The Guardian, casi todos los diez mayores fabricantes de PFAS analizados tenían planes para aumentar producción en instalaciones de Europa, Asia y Norteamérica. Entre las compañías mencionadas aparecen Daikin, Arkema, Chemours, AGC, Dongyue, Gujarat Fluorochemicals, HaloPolymer, Orbia Fluor & Energy Materials, Solstice y Syensqo. Las excepciones claras señaladas en la información disponible serían Archroma, orientada a alternativas sin PFAS, y BASF, que ha comunicado su salida de la producción de PFAS en 2028.

La expansión de la inteligencia artificial no solo está presionando la red eléctrica: también está reactivando una cadena química que muchos reguladores intentaban contener.

El vínculo con la IA no es anecdótico. Los centros de datos que entrenan y ejecutan modelos cada vez más grandes concentran miles de servidores funcionando de manera continua. Ese hardware genera mucho calor y obliga a buscar sistemas de refrigeración más eficaces que el aire tradicional. En la refrigeración por inmersión bifásica, una de las tecnologías observadas por organizaciones ambientales, los servidores pueden sumergirse en fluidos de bajo punto de ebullición; al calentarse, el fluido se evapora, absorbe calor y vuelve a condensarse en un circuito cerrado. Sobre el papel, puede ahorrar agua y energía. La inquietud es qué ocurre si esos compuestos se fabrican, se fugan, se degradan en otros productos persistentes o acaban gestionados como residuo.

También hay una segunda puerta de entrada: los semiconductores. La fabricación de chips exige procesos de limpieza, grabado, deposición y control de materiales a escala extremadamente pequeña. En varios de esos pasos se emplean sustancias fluoradas por su resistencia térmica, química y eléctrica. Sin chips avanzados no hay aceleradores de IA; sin aceleradores, el despliegue masivo de modelos queda limitado. Por eso, la misma fiebre que está levantando nuevas naves de servidores está tirando de una cadena industrial que empieza bastante antes de que un usuario escriba una consulta en una pantalla.

Los propios fabricantes han empezado a presentar esa oportunidad en términos de crecimiento. Daikin recogió en documentación corporativa de 2026 sus planes para lanzar un “data center hub” y ampliar soluciones de refrigeración para el sector. Arkema anunció en Kentucky una unidad de producción de Forane 1233zd con más de 60 millones de dólares de inversión y 15 kilotoneladas anuales de capacidad, con aplicaciones que incluyen refrigeración por inmersión para centros de datos de IA. Chemours, por su parte, comercializa soluciones Opteon para centros de datos, refrigeración líquida y fabricación de semiconductores, y defiende que ciertos fluoropolímeros son parte del suministro necesario para industrias estratégicas.

El riesgo no está solo en el centro de datos: comienza en la fábrica, sigue durante el uso y reaparece cuando llega la hora de gestionar residuos y fugas.

La advertencia llega en un momento delicado. Europa mantiene abierta la evaluación de una restricción amplia de PFAS bajo REACH, con posibles exenciones para usos considerados esenciales. En Estados Unidos, los litigios por contaminación siguen pesando sobre el sector químico: Chemours, DuPont y Corteva alcanzaron en septiembre de 2026 un acuerdo de 455 millones de dólares con Carolina del Norte y entidades locales por reclamaciones vinculadas a PFAS. Ese contexto explica por qué las organizaciones ambientales ven la nueva demanda de la IA como algo más que un problema técnico.

Nada de esto significa que todos los centros de datos usen los mismos PFAS, ni que cualquier tecnología de refrigeración líquida dependa necesariamente de ellos. Existen alternativas como sistemas directos al chip basados en mezclas de agua y glicol, además de esfuerzos para sustituir compuestos persistentes en usos concretos. Pero el aviso de ChemSec coloca una pregunta incómoda en el centro de la conversación tecnológica: si la inteligencia artificial promete acelerar ciencia, productividad y servicios digitales, ¿quién contabiliza las sustancias que hacen posible su infraestructura?

La respuesta aún no está cerrada. La industria química insiste en que algunos materiales fluorados son difíciles de sustituir en aplicaciones críticas y que ciertos sistemas funcionan en circuitos controlados. Los grupos ambientales replican que la historia de los PFAS muestra justo lo contrario: cuando una sustancia persiste durante décadas, las fugas pequeñas, la falta de transparencia y los residuos mal gestionados pueden convertirse en un problema enorme. La nueva ola de centros de datos no ha creado los químicos eternos, pero puede estar dándoles una segunda vida industrial justo cuando los reguladores empezaban a acotar su uso.

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Cinco Noticias, Redacción. (2026, 14 septiembre). Datos, chips y PFAS: la huella tóxica que crece detrás de la IA. Cinco Noticias https://www.cinconoticias.com/datos-chips-pfas-huella-toxica-ia/

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