El Vaticano anunció el 30 de junio de 2026 un nombramiento que, sin necesidad de grandes discursos, mueve una pieza importante en la Curia romana: el papa León XIV designó a la religiosa italiana Alessandra Smerilli, F.M.A., como prefecta del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. La decisión no será efectiva de inmediato, porque la propia comunicación oficial fija la toma de posesión para el 1 de septiembre de 2026. Hasta ahora, Smerilli era secretaria del mismo organismo, es decir, su número dos en la práctica cotidiana.
La noticia llegó en el boletín ordinario de la Sala Stampa della Santa Sede, junto a otras renuncias y nombramientos. En esa misma nota se informó de que el cardenal Fabio Baggio, C.S., pasará a ser pro-prefecto del dicasterio, con responsabilidad especial sobre el Centro de Alta Formación Laudato si’, y de que monseñor Jozef Barlaš será el nuevo secretario. Los tres asumirán sus funciones el 1 de septiembre. La fotografía institucional es llamativa: una monja economista al frente, un cardenal como pro-prefecto y un sacerdote canonista en la secretaría.
El nombramiento no coloca a Smerilli en un despacho menor: el dicasterio concentra migración, justicia y paz, trabajo, salud, emergencias humanitarias y cuidado de la creación.
Smerilli, nacida en Vasto, en la provincia italiana de Chieti, el 14 de noviembre de 1974, pertenece a las Hijas de María Auxiliadora, la rama femenina de la familia salesiana. Su perfil no es el de una administradora improvisada. Es economista, doctora en Economía Política por La Sapienza de Roma y doctora en Economía por la Universidad de East Anglia, en Reino Unido. También es profesora de Economía Política en la Pontificia Facultad de Ciencias de la Educación Auxilium y ha trabajado durante años en temas de cooperación, ética económica y organizaciones basadas en valores.
Su entrada en esta zona de la Curia se produjo antes del cargo que ahora recibe. En marzo de 2021 fue nombrada subsecretaria del dicasterio; en agosto de ese año pasó a secretaria interina y delegada de la Comisión Vaticana Covid-19; en abril de 2022 Francisco la confirmó como secretaria. En otras palabras: León XIV no ha escogido a una figura externa para un gesto simbólico, sino a alguien que ya llevaba años dentro de la maquinaria del organismo y que conocía sus prioridades, sus inercias y, seguramente, también sus cuellos de botella.
El dicasterio que dirigirá fue creado por Francisco mediante el motu proprio Humanam progressionem, fechado el 17 de agosto de 2016, y comenzó a operar el 1 de enero de 2017. Nació de la fusión de cuatro antiguos consejos pontificios: Justicia y Paz, Cor Unum, la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes y la Pastoral de los Agentes Sanitarios. Aquella reforma buscaba juntar en una sola mesa asuntos que suelen tratarse por separado, pero que en la realidad se mezclan: pobreza, guerra, desplazamientos, salud, explotación laboral, desastres naturales y degradación ambiental.
La Constitución Apostólica Praedicate Evangelium, promulgada en 2022, reforzó además un cambio jurídico y simbólico: cualquier fiel puede presidir un dicasterio u organismo de la Curia, según la potestad de gobierno y la competencia concreta de esa institución. Esa frase abrió una puerta que antes, en la práctica, parecía casi siempre reservada a clérigos. El nombramiento de Smerilli se entiende dentro de ese nuevo marco, aunque con una cautela muy vaticana: la presencia de Baggio como pro-prefecto recuerda que algunas funciones siguen pasando por equilibrios canónicos y sacramentales delicados.
Smerilli sucede al cardenal Michael Czerny, jesuita canadiense, que había sido prefecto del dicasterio desde 2022 y cuya biografía institucional del propio organismo ya marcaba el final de su mandato el 1 de septiembre de 2026. Czerny no era un prefecto cualquiera: venía de la sección de Migrantes y Refugiados, una de las áreas que Francisco quiso tener especialmente cerca en los primeros años de vida del dicasterio. La transición, por tanto, no solo cambia el nombre de la persona al mando; también puede matizar el enfoque de una oficina que ha mezclado pastoral, diplomacia social y presencia en foros internacionales.
La promoción de Smerilli convierte una tendencia en algo más difícil de presentar como excepción: las mujeres ya no solo asesoran, también empiezan a firmar decisiones al máximo nivel curial.
El contexto inmediato refuerza esa lectura. En enero de 2025, Francisco nombró a la religiosa Simona Brambilla prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. El 2 de junio de 2026, León XIV nombró a la laica Maria Montserrat Alvarado prefecta del Dicasterio para la Comunicación, con toma de posesión prevista para el 1 de noviembre. Con Smerilli, anunciada el 30 de junio, el Vaticano suma una tercera mujer nombrada prefecta de un dicasterio. La secuencia es breve, pero el mensaje institucional es difícil de ignorar.
Aun así, conviene no vender la decisión como una revolución completa. La Iglesia católica sigue sin ordenar mujeres sacerdotes y la arquitectura de poder de la Santa Sede continúa siendo mayoritariamente clerical. Lo nuevo, y ahí está la noticia, es que el margen abierto por las reformas de Francisco parece continuar bajo León XIV. No hay ruptura visible. Más bien parece una normalización gradual, con pasos medidos, de mujeres en puestos de gobierno que hace pocos años habrían sido impensables para casi cualquier observador de la Curia.
















