8 verdades sobre el mercado de las bragas usadas

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La compraventa de bragas usadas es un fetiche común. Según explica la sexóloga Verónica Vivero, este fetiche se denomina burusera y es una práctica que está muy extendida en Japón desde los años 80. Los nipones incluso disponen de máquinas expendedoras que ofrecen este servicio.

En la actualidad, la práctica se está extendiendo en Europa y España. Son muchas las mujeres que se deciden a vender sus bragas usadas en páginas web especialmente habilitadas para ello. Algunas lo hacen por curiosidad, otras como una forma de explorar su sexualidad y, al mismo tiempo, se sacan un sobresueldo.

Para muchos puede resultar impactante o incluso bizarro, pero la realidad es que es un mercado que cada vez tiene mayor aceptación:

1. Es un fetiche sexual y no es raro

Los fetiches enriquecen la vida sexual de las personas y de las parejas y es algo completamente normal. Si entre la pareja existe una buena comunicación y complicidad en el aspecto sexual, el fetiche se puede plantear como un juego.

En cuanto al fetiche específico de las bragas usadas, no es nada nuevo que a una mujer le «desaparezcan» unas bragas del tendedero o de la cesta de la ropa sucia.

Este fetiche es tan antiguo como la misma humanidad debido a la química sexual: el olor influye directamente en la atracción sexual. Diversas investigaciones han señalado que la atracción olfativa puede ser determinante cuando elegimos pareja.

2. Aparición de plataformas online especializadas

En los últimos tiempos, han aparecido plataformas online donde las mujeres pueden vender sus bragas usadas.

Además de las bragas, en páginas como Panty.com también existe la opción de vender zapatos, medias, leggins y camisetas usadas, entre otros artículos, estableciéndose como un lugar común que une a los interesados por este fetiche.

3. La práctica es muy común en Japón

Como comentábamos al principio, esta práctica comenzó a popularizarse en Japón en los años 80 y de ahí proviene el término burusera, que es como se denominan las tiendas en las que las japonesas venden las bragas usadas. La práctica ha encontrado finalmente su sitio en el mundo Occidental gracias a la globalización y a Internet.

De hecho, la tecnología digital ha permitido que desde algunas de estas plataformas sea posible vender la ropa interior en varios mercados. Por ejemplo, desde Panty.com se puede acceder a los mercados de España, Francia, Italia y del Reino Unido.

4. Las mujeres también se excitan

La mayoría de mujeres que suelen realizar esta práctica lo hacen por curiosidad y porque les excita el proceso, desde el momento de poner las bragas a la venta, hasta imaginar a la persona que la recibirá y qué hará con ellas.

Para los hombres es excitante imaginar a la mujer que llevaba las bragas, pero ellas se excitan imaginando qué hará con ellas el comprador.

5. El negocio de las bragas usadas

Esta práctica genera ganancias. Si una prenda nueva cuesta unos 6€ y, tras usarla, se vende a 30€, 50€ o incluso más…, la ganancia no es nada desdeñable.

Por ejemplo, si las bragas se usan durante 3 días, se pueden vender 10 unidades al mes. Si se venden por unos 50€, se pueden ganar hasta 500 euros.

En este sector se obtienen unos ingresos mensuales de media que van de los 200€ a los 500€.

6. Privacidad garantizada

Se trata de un mercado seguro y que no está relacionado con servicios sexuales. Cada mujer puede establecer los límites que desea, pero lo más habitual es que mantenga su privacidad y anonimato.

El cliente interesado contacta a través de la web. Una vez que el comprador ha hecho la transferencia, hay que envolver la prenda con papel film e introducirla dentro de un sobre de burbujas. Además, se puede añadir una nota o algún detalle para que el desconocido quede más satisfecho.

7. Mujeres 100% reales

Las mujeres que llevan a cabo esta práctica tienen una vida normal y corriente y las hay de todas las edades: desde estudiantes hasta mujeres casadas y con hijos, amas de casa, maestras o médicos…

Un dato curioso es que la mayoría de hombres suele preferir la ropa interior básica, de algodón y mucho mejor si está desgastada por el uso, pues les atrae pensar en esas prendas que no se suelen mostrar.

8. Explorando la sexualidad

Son muchas las mujeres que toman la decisión personal de realizar esta práctica y la comparten con su pareja, como una forma de explorar juntos su sexualidad. Incluso en el caso de que la pareja no participe en el juego, sí puede tener conocimiento de él.

Por otra parte, el hecho de que la prenda interior femenina usada haya estado en contacto con otro hombre puede hacer subir el precio del comprador.

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