El primer desnudo femenino de la historia: mucho más que una revolución social

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En el siglo IV a.C. el griego Praxíteles socavó los pilares de la escultura clásica con una obra que marcaría un punto de inflexión en la Historia del Arte.

Al igual que Francisco de Goya nos legó una Maja desnuda y otra vestida, el escultor griego Praxíteles esculpió una Afrodita con ropa –para la ciudad de Cos– y otra desnuda –para Cnido–.

Praxíteles, después de Fidias, es el más famoso de los escultores griegos, siendo el primero en representar un desnudo femenino. Corría el año 360 a.C. y su obra supuso un cambio en la mentalidad griega, una verdadera revolución intelectual.

La transgresora la Afrodita de Cnido

Las fuentes antiguas refieren que los cnidios acudieron al taller que el escultor tenía en Atenas para solicitarle una Afrodita que pudieran colocar en su ciudad. Esta deidad, dentro de la mitología griega, es la diosa del amor y la belleza, y encarna tanto la atracción sexual como el amor romántico.

Praxíteles utilizó mármol de Paros y la representó desnuda, con una belleza inigualable, sorprendida mientras se bañaba y en un ademán de recoger sus ropas y cubrirse el pubis con su mano derecha.

La diosa se nos muestra humanizada, recatada, en un ingenuo erotismo. En el fondo era una forma de justificación, por parte del artista, para romper el convencionalismo social.

El escultor utilizó como modelos a dos famosas hetairas –nombre con el que se conocía en aquella época a las cortesanas–, para el cuerpo optó por la bella Friné, y para el rostro por Crátina.

Copia de la Afrodita de Cnido
Copia de la Afrodita de Cnido llamada de Altemps o Ludovisi (Museo del Palacio Altemps, Roma).

La curva praxiteliana

Este hecho no es anecdótico puesto que en la escultura griega arcaica había varios ejemplos de desnudos masculinos que encarnaban al atleta y a los valores de la polis, pero ninguno femenino. Siempre se había representado a la mujer cubierta de ropa.

Praxíteles, además, fue el creador de un contrapposto escultórico capaz de dotar a la figura de un movimiento ondulante y sensual que recorre todo el cuerpo, y que siglos después sería denominado curva praxiteliana.

Esta curva serpenteante aparece en la Afrodita de Cnido, y para evitar que la figura perdiese la verticalidad, el escultor la apoyó en el manto y en el ánfora, una forma ingeniosa de disimular su verdadera función de soporte.

Como casi todas las estatuas de Praxíteles fue concebida para ser vista de frente, la única forma en la que se contempla la totalidad de su figura y se aprecia la curva praxiteliana en toda su magnitud.

El primer desnudo de la Historia

La escultura alcanzó en poco tiempo fama universal, un elevado número de epigramas se dedicaron a exaltar la belleza de la obra, al tiempo que fue la creación artística más reproducida del mundo clásico.

Desgraciadamente, la original se ha perdido. En época romana, el emperador Teodosio la trasladó a Teodosia y allí se destruyó en un incendio ocurrido durante la revolución de Niká (532).

Actualmente disponemos de más de trescientas copias romanas repartidas por diferentes museos. La que más se aproxima a la original es la Venus Belvedere, que se encuentra en los Museos Vaticanos.

En definitiva, la Afrodita de Cnido fue tan transgresora e irreverente, al tiempo que fascinante, como siglos después lo sería “La fuente” de Marcel Duchamp.

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Pedro Gargantilla
Pedro Gargantilla
Médico, escritor y divulgador. Jefe de Medicina Interna del Hospital de El Escorial de Madrid. Profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.

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